Martes 25 de Julio de 2017 - 21:36hs. - República Argentina Edición # 1748

Revista #46 Mayo 2011 > Internacional

LA OTAN, LA ONU Y LIBIA: AUTARQUÍA GLOBAL

Los votos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas marcan el camino de los Estados Unidos y su papel de gendarme mundial.


Por Diego Otondo

La situación que se vive en Libia deja varias enseñanzas. Pensar hoy a Libia, es pensar en la configuración del poder estructural mundial y su funcionamiento. Ningún país del planeta puede desoír el grito represivo de la  Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ni el funcionamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como anexo político de la fuerza militar a través del Consejo de Seguridad.

El fin de la Guerra Fría permitió que el Consejo de Seguridad se desbloqueara, es decir, el veto de la Unión Soviética y el de EE.UU.. El paso siguiente fue el despliegue de tropas como el remedio ideal para la solución de conflictos. Lejos de iniciarse una etapa que precipitara el escenario internacional hacia un panorama de estabilidad, las intervenciones en asuntos internos en otros países desplegando guerras asimétricas comenzó a familiarizarnos con la era post bipolar.

Las causas o pretextos para intervenir en Afganistán, Irak, Somalia, Honduras o Libia, siempre contarán con un aval militar y, mucho mejor, si se obtiene el institucional. Estos dos aspectos son ahora revalorizados de manera especial con la Doctrina de Seguridad Nacional de EE.UU. (DSN) en su versión 2010.

El voto a favor en el Consejo que activa la cláusula militar de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Líbano, Colombia, Nigeria, Portugal, Bosnia y Herzegovina, Sudáfrica y Gabóncon el apoyo indirecto de Rusia y China que no ejercieron su derecho a veto, sino que se abstuvieron, es el nuevo rumbo del poder inteligente o suave para presentar las circunstancias con el velo del consenso internacional.

El objetivo de las nuevas guerras es evitar un campo de batalla prolongado y agotador. Pero los escenarios bélicos –y Libia no es la excepción-  tienen una característica común: el fin de la ocupación no está fijado, aunque sí la puesta en escena democrática y el salto hacia adelante neoliberal. La democracia, en este sentido, cobra un papel sustancial porque permite la complacencia de un nuevo gobierno “confiable” que asegure la paz mercantil y mantenga su obediencia en el punto justo sin desvaríos ideológicos.

En el mismo camino

El panorama global de guerra disfrazada desde la ONU para simular que el ataque anda flojo de papeles, adquiere una notable importancia y una lección para el resto del mundo si tomamos en cuenta el funcionamiento regional de los espacios políticos como la Liga Árabe o el Consejo de Cooperación del Golfo.

La parálisis o el apoyo implícito a la intervención militar de algunos de sus miembros (Arabia Saudita, Qatar, Jordania o los Emiratos Árabes Unidos), desnuda la dependencia cómplice y la fragmentación que sólo beneficia a las potencias centrales. Por otro lado, aquellos asuntos internos o regionales, son puestos sobre la mesa al servicio de los mismos de siempre sin propuestas locales que permitan una solución política, económica y social conforme a las complejidades del caso. La OTAN actúa como el FMI en cada escenario, no le preocupa las particularidades.

La otra pata de la estructura de poder global son los papeles que cumplen tanto Rusia como China. Ambos países sólo ejercen su condición de potencia en lo regional mientras comparten los preceptos de la economía mundial. Sus abstenciones marcan un camino. Por esta razón, no hay, por el momento, una confrontación ideológica que venga a llenar aquel vacío dejado por la Unión Soviética. Hay que recordar que Rusia antes de su abstención suspendió la venta de armas a Muamar el Gadafi.

En lo que respecta a China, su papel en África está relacionado con los negocios y nada debe desviarse de ese objetivo primigenio. Para el gobierno chino existen socios que no deben cerrar la canilla del petróleo. La política se separa de aquello que significa en sí mismo un mercado propicio para el desarrollo chino. La economía de mercado es el principal obstáculo que se impuso en la votación. Dejó en manos de EE.UU.,  Francia y Gran Bretaña el destino de Libia.

Por lo tanto, la ausencia de compromiso y complicidad tiene un resultado obvio: son siempre los mismos actores los que tienen en sus manos las soluciones. Ante problemas internos de índole diversa, la excursión militar con aire humanitario siempre es la respuesta.

La señal

       La necesidad de abrir el juego, no se hizo esperar. Libia fue la tentación irresistible. Pero EE.UU. no puede actuar solo porque se encuentra empantanado en frentes que no puede cerrar. Así, la puesta en práctica de la DSN dio sus primeros resultados. La necesidad norteamericana de implicar a sus aliados pertenece al campo de la “confrontación” para dejar de lado todo aquello relacionado con la lucha contra el terrorismo. El poder de policía de la superpotencia tiene en Libia su primera prueba de fuego.

       Quien tomó dicha apertura al pie de la letra, fue Francia, el primero en reconocer al Consejo Gobernante Interino de Libia (oposición) y en comenzar el ataque aéreo en suelo africano. Así, EE.UU. pudo estrenar su nueva máscara: queremos atacar aprovechando la coyuntura regional pero es necesario que muchos nos apoyen para que el fantasma unilateral no recobre su protagonismo.

        La prepotencia de George Bush hijo, también con varios aliados, fue reemplazada por el eufemismo “aliados”. La Comunidad Internacional, es decir, los cinco integrantes con poder de veto en el Consejo de Seguridad, conforma una autocracia comandada por EE.UU. que suprime las diferencias políticas y las negociaciones y las instala en el plano militar, en el cual, todo es lo mismo.

       Como sucedió en Libia, la DSN “propone la doble vía de mantener abierto el diálogo con esos gobiernos (gobiernos considerados pocos democráticos) mientras se promocionan los derechos y libertades individuales apoyando a los activistas locales e internacionales como instrumentos de acción”, explica el investigador Félix Arteaga.

El mensaje

       Cualquier acción militar posee un mensaje implícito. Y teniendo en cuenta los cambios acaecidos en región, más aún. Todos aquellos que precipiten reformas tienen que seguir un libreto que no tenga en su guión la palabra independencia.

       Aunque Gadafi siguió los preceptos occidentales e hizo negocios con las potencias centrales, tuvo un pasado que en cualquier momento se puede convertir en presente. La desconfianza es parte de la memoria histórica que hegemónicamente dirige al mundo.

       Tanto Egipto, como Túnez, y varios más, tienen en Libia un espejo para mirarse: el camino democrático debe ser completado con éxito si se siguen los parámetros occidentales de los cinco grandes. No hay otra salida porque la venganza punitiva acecha en cualquier lugar, sobre todo si de la zona en cuestión se provee del 45% del total del petróleo consumido en el mundo.

El objetivo político

       La cínicamente llamada Operación Odisea al Amanecer responde a objetivos políticos generales. Los objetivos locales, particulares, son dejados de lado. Libia cuenta con 140 tribus, de las cuales 22 son representadas en el gobierno nacional. ¿Cuáles son los objetivos y las opciones sobre la mesa para conformar una transición que contemple el deseo de semejante tablero socio-político?

No hay respuesta porque nunca se hacen estas preguntas. El objetivo primario es la conformación de un tablero regional que no impida que las grandes metas se cumplan. No importa la presencia de paramilitares y mercenarios sumados al ejército libio. Como dice el investigador Alain Joxe las guerras se preparan sin soldados, sin víctimas y sin enemigos.

En la región, la democracia fue postergada en nombre de la seguridad. Así, la pos Guerra Fría inauguró en el Magreb (Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania, Sáhara Occidental y Libia), Israel y Jordania una zona de seguridad que más tarde se extendió a los aspectos políticos, económicos y sociales: el mantenimiento de la estabilidad política, económica y militar; el libre flujo de energía (petróleo y gas natural); la proliferación de armas de destrucción masiva y sus medios de despliegue; la inestabilidad y debilidad crecientes de las instituciones democráticas en el norte de África; la existencia de movimientos extremistas.

Los acontecimientos en suelo libio dejan algunas conclusiones: de ahora en más EE.UU. intentará actuar bajo el biombo de la multilateralidad. A sus aliados incondicionales como Gran Bretaña, se les suman aquellos que como Colombia, simpatizan con la idea de policía global. Los bloques regionales que no intenten al menos un atisbo de autonomía, perecerán en la dependencia y en la alineación automática como la Liga Árabe, y esta es una lectura que América Latina debe hacer. Por último, Libia es un mensaje regional que debe ser interpretado correctamente por aquellos países aliados al bloque central y evitar así más modificaciones indeseables.  Por lo tanto, el camino está marcado por la búsqueda regional de mayor autonomía.

COMENTARIOS (4)

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mgEDrPAKINrWnq

El documento de Pablo es bueno en inrofmacif3n y en ideas. Mucha gente de organizaciones y partidos de izquierda hemos participado o nos hemos adherido, pero, este mi caso, desde el respeto a esta eclosif3n de futuro de tantos espere1bamos. Necesariamente este movimiento es en sus inicios anarquizante porque corresponde a gente que no se ha sentido representada, pero al mismo tiempo (democraciarealya) se quiere poledtico. Dejemos que florezca.

HuzwjfLGusCYh

I thank you humbly for sharing your wsiodm JJWY

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