Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 04:19hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #61 Junio 2014 > Internacional

POR LA VIDA O POR LA MUERTE


Por Stella Calloni

Las elecciones del domingo 25 de mayo y sus resultados ajustados que llevaron a una segunda vuelta a los candidatos Juan Manuel Santos, que va por su reelección y Oscar Iván Zuluaga, afil del ex presidente Álvaro Uribe, y recientemente elegido Senador, colocó a Colombia en una encrucijada, que se extiende a la región.

El más alto índice de abstención de las últimas décadas, en este caso, más de un 60 por ciento, muestra una considerable ausencia de la población. Aunque una serie de encuestas adelantaban que ninguno de los candidatos podía alcanzar el 50 por ciento requerido para triunfar en primera vuelta, el hecho de que Zuluaga ganara con el 29, 3 por ciento sobre el actual presidente Santos (25,7 por ciento), hizo que los resultados sorprendieran a todos.

De alguna manera, la guerra sucia que precedió a estos comicios (una de las más escandalosas de que se tenga memoria) y las complicidades militares y paramilitares con Uribe (quien también tiene un amplio manejo de lo que se ha dado en llamar “terrorismo mediático”), pesó en el sector más fundamentalista de derecha del electorado.

Considerando que alrededor de 20 millones, entre poco más de 33 millones de votantes, no participaron, a lo que se añade una suma muy alta de votos en blanco que esta vez sumaron el 6 por ciento cuando la cifra histórica estaba en el 1,5 por ciento, más una cantidad sorprendente de votos anulados y otros, evidencian una serie de elementos imposibles de no tener en cuenta.

El comunicado del Ejército de Liberación Nacional (ELN) que está ya en los bordes de la negociación en el proceso de paz, advierte que a pesar de esto en estas elecciones “no ganó la guerra”, lo cual puede ser una realidad.

Tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia(FARC)- que llevan adelante en Cuba, una negociación con el gobierno de Santos, apoyada internacionalmente con la esperanza de una paz verdadera en el país - como el ELN, hicieron ambos una tregua durante el proceso electoral, para demostrar la voluntad de pacificación.

Sin embargo, no se puede dejar de analizar la situación de las mayorías populares que no sólo están sometidas desde hace años al terror militar y paramilitar, sino que fueron víctimas en los últimos tiempos de una fuerte represión gubernamental, para detener las grandes movilizaciones realizadas por miles de campesinos, y por otras causas, toda en demanda de cambios profundos.

Además, muchas provocaciones se han sucedido en todo el país, destinadas a golpear el proceso de paz, que Uribe y sus seguidores como el propio Zuluaga han dicho estar dispuestos a terminar definitivamente .Los asesinatos a dirigentes populares, de Derechos Humanos y otros, continúan en todo el país.

Regiones enteras siguen bajo control militar o paramilitar gubernamental que es lo mismo.

Más de cuatro millones de desplazados internos dan cuenta de las dificultades para elegir gobierno en circunstancias como estas.

Nadie habla del factor más importante a tener en cuenta: El territorio colombiano está literalmente atrapado por el sur, el norte, el este y el oeste, por un collar de bases estadunidenses, que suman entre nueve y 11, Y decir esto supone, que en torno a ese “pequeño comando Sur estadunidense en América Latina” como algunos le llaman, está todo tipo de instalaciones y establecimientos de inteligencia y espionaje para “seguridad” de los militares o contratistas (mercenarios) norteamericanos e israelíes, en el país andino.

Un país con unos cuatro millones de desplazados internos, con un collar de bases militares de Estados Unidos, un ejército de la doctrina de Seguridad nacional, un paramilitarismo que nunca se fue difícilmente pueda mostrar al mundo unas elecciones verdaderamente democráticas.

¿Qué clase de soberanía efectiva tiene un país cualquier en esas condiciones? Y si a esto se agrega el Tratado de Libre Comercio (TLC colombo- norteamericano), cuyas reglas son el mayor obstáculo para que un gobierno se comprometa a salir del laberinto de la pobreza y la marginación, que afecta- a más del 60 por ciento de la población- se entiende que no sólo el terror, sino la desesperanza abundan en el país, de importantes recursos y bellos paisajes, pero también estratégicamente ubicado para los planes regionales de Estados Unidos.

La violencia que se aplicó sobre esta sociedad, prácticamente desde el asesinato por parte de la CIA y sus socios locales, del líder Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, ha dejado no menos de 800 mil muertos en el siglo XX y en lo que va del actual. “Colombia es una ancha tumba” ha dicho un dirigente de Derechos Humanos, al hablar sobre las miles y miles de fosas comunes que se extienden por todo el territorio.

La aplicación del más temible esquema contrainsurgente, con un ejército que sigue defendiendo la Doctrina de Seguridad nacional de Estados Unidos, en una eterna “guerra fría” ha desmantelado de derechos de los pueblos en ese país.

Por otra parte, evidenciando que las encuestas realizadas sobre un mínimo de población y en zonas afines a la ideología de los encuestadores de turno, lo que no podría representar jamás la opinión mayoritaria, las dos mujeres que disputaron en esta campaña alcanzaron cifras sorprendentes que las transforman en activas participantes de los próximos comicios, reuniendo cada una de ellas el 15 por ciento (dos millones de votos cada una).

La representante de la derecha, la conservadora Marta Lucía Ramírez, tiene ideas comunes con Zuluaga, como terminar con las conversaciones de paz.

Por el otro lado pesarán en los comicios del próximo 15 de junio las decisiones de la izquierdista Clara López y Enrique Peñalosa del Partido verde con un millón de votos. 

Frente a una decisión que en realidad navega entre una oferta en la que quedarían en el pasado todos los esfuerzos de paz, que hubieran sido, de concretarse, la única salida democrática para Colombia, y sólo quedaría por dar un nuevo paso hacia la subordinación absoluta a los planes de Estados Unidos para intervenir, vía colombiana, en Venezuela, habrá que ver la reacción de los no votantes, los indefinidos y otros.

Además el uribismo denigra la integración de su país en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y en Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (UNASUR y CELAC respectivamente) lo cual plantea no sólo un alejamiento para resquebrajar esta unidad a favor de los intereses de Estados Unidos, sino en reverdecer un intervencionismo ilimitado, y la reconfiguración activa del Plan Colombia, en un mayor avance contrainsurgente sobre toda la región.

La incertidumbre marca entonces estos próximos comicios, pero en ese posterior “nada será igual”, hay otros elementos claves que considerar: las enormes contradicciones que están debilitando las bases imperiales, y el fracaso que ha tenido el más importante esquema de golpe contra Venezuela, después del fracasado golpe de abril de 2002, contra el entonces presidente Hugo Chávez Frías.

El golpe encubierto en febrero pasado en una marcha sólo de algunos grupos estudiantiles, detrás de lo cual venían las verdaderas fuerzas golpistas de choque y mercenarios, no pudo lograr, el “estallido multitudinario” propuesto y en función de lo cual se instaló desde esos días un golpismo “permanente” autodefinido abiertamente como tal.

Las declaraciones del dirigente derechista Leopoldo López de “no salir de las calles hasta derrocar al presidente Nicolás Maduro”, ya fueron. Debieron irse de las calles, no sin hacer enorme daño a ese país, con sabotajes, de todo tipo y decenas de vidas perdidas.

A pesar del paramilitarismo colombiano, de las fuerzas especiales de Estados Unidos, actuando desde sus bases colombianas, de la guerra sucia, de los medios hegemónicos que contaron absolutamente la historia al revés, el golpe de febrero pasado ya fue, lo que enervó a Uribe, tan empeñado en destruir el proceso venezolano y ser la punta de lanza estadounidense en Venezuela y en toda la región.

Seguro que regresarán, pero hay que anotar todos y cada uno de los fracasos, porque no es poca cosa desarmar un golpe imperial, en tiempos de guerras coloniales. Mucho se juega en Colombia en estos momentos, pero también toda la región que vive un momento único en su historia, ha enfrentado y se prepara para seguir enfrentando todos los desafíos. “América Latina tiene con qué y donde pararse para resistir bien”, dijo alguna vez Hugo Chávez Frías como una profecía posible de ser cumplida.

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