Martes 22 de Agosto de 2017 - 11:53hs. - República Argentina Edición # 1775

Revista #22 Octubre 2008 > Medio Ambiente

El Sol Andino sigue asomando

Primer Pueblo Solar Andino, una experiencia revolucionaria en el nordeste argentino.


Por Luis Freitas

Tener electricidad para iluminar nuestros hogares, para escuchar la radio, ver televisión o conectarse a Internet es algo común para los que habitamos las grandes ciudades. Sin embargo, hay muchos lugares de nuestro vasto país en los que la energía eléctrica no es un bien común. Se estima que el 30 por ciento de la población rural -especialmente la que habita regiones áridas- carece de servicio eléctrico, por motivos económicos y geográficos.
Uno de estos lugares es Lagunillas del Farallón, en la puna jujeña, adonde se llega desde San Salvador de Jujuy transitando la Ruta 9 hacia el norte, pasando la Quebrada de Humahuaca y la ciudad de Abra Pampa. El último tramo de casi 150 kilómetros es un camino casi en línea recta, lindero con Bolivia, pero muy dificultoso, sinuoso  y en altura, unos 4.100 metros sobre el nivel del mar. Viven allí unas 800 personas, familias de origen kolla, mayormente ganaderas, crían llamas, ovejas y cabras para alimentarse, pero también muchas de las mujeres son artesanas, realizan prendas de lana y fibra. También realizan algunos cultivos y hacen lavado de oro artesanal. Cuentan con una Escuela, la Nº 131, con primaria  a la que asisten 84 chicos, y en el año 2007 inició también el ciclo secundario con 45 chicos. Los maestros y profesores, que son de otras ciudades, son traídos por un colectivo, se quedan toda la semana  y el viernes al mediodía parten hacia sus hogares a los que arriban recién el sábado al mediodía. Hay además un Centro Vecinal y una Sala de Primeros Auxilios.

Pero lo que diferencia a Lagunillas del Farallón de otros pueblos de la región es el uso que sus habitantes hacen de las abundantes e inagotables fuentes de energía solar y eólica. Allí EcoAndina, una fundación que lleva cerca de dos décadas investigando las fuentes alternativas de energía, ha desarrollado el primer Pueblo Solar Andino. El proyecto -iniciado en noviembre de 2007- tiene como meta desarrollar nuevos conocimientos y capacitación en tecnologías limpias para las comunidades que los necesiten. Porque no sólo la aridez es un problema en la Puna; también, lo es la falta de combustible. Hoy en día ciertos arbustos como la yareta -leñosa que forma cojines muy densos, con ramas fuertemente apretadas y copa compacta que es la única leña disponible- no pueden ser utilizados para este fin, ya que su empleo acarrea el lavado de los suelos y el desmejoramiento del ecosistema local.

El uso de las energías alternativas entonces es una prioridad ya que permite reducir el impacto de la desertificación que se produce en los pueblos andinos y puede representar nuevas oportunidades para sus habitantes además de replicarse en cualquier lugar con similares condiciones. El Pueblo Solar Andino fue posible, entre otras cosas, por la ayuda económica brindada por el Proyecto de Energías Renovables en Mercados Eléctricos Rurales (PERMER), financiado por el gobierno nacional; el Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Fondo para el Medio Ambiente Mundial Argentina (FMAM), administrado  por el Programa de las Naciones  Unidas para el Desarrollo (PNUD), y con el aporte de equipos con fondos del Ministerio para la Cooperación Económica de Alemania.

“La energía es una necesidad muy sentida en la puna en general” dice a 2010 Silvia Rojo, presidente de la Fundación EcoAndina. En 1989, la Fundación construyó “EcoHuasi”, una casa ecológica en la localidad jujeña de San Juan de Misa Rumi, e inició la aplicación de tecnologías para aprovechar las energías del sol y del viento. Allí se encendió, en 1994, el primer panel solar, colocado por los Amigos Alemanes de la Puna.  En los últimos años la fundación ha provisto a escuelas, comedores comunitarios y centros vecinales de hornos panaderos, cocinas y otros elementos con la misma tecnología.

Con el calor del sol

“De todos los pueblos de la zona, aclara Rojo, Lagunillas es particularmente necesitada, porque acá casi no llega el gas y la desertificación, por el uso de la leña, está muy acendrada. Por eso el proyecto fue recibido con enorme entusiasmo  por sus pobladores. Una pauta la da el hecho de que, con el proyecto, colocamos tres cocinas solares parabólicas familiares. A la semana, los pobladores se organizaron en un fondo rotatorio y compraron 18 más”. Es importante saber que una de estas cocinas -que se utiliza, incluso, hasta días parcialmente nublados- evita el empleo de la leña en lugares internos y, con esto, destierra las largas caminatas para conseguirla y los diversos problemas de salud (respiratorios, de fatiga, etc.) que éstas originan. Una cocina solar familiar tiene 1,20 metros de diámetro. La comunitaria es más grande, mide 8 metros cuadrados, del centro al borde tiene 4,30 y 4,50 (es oval).

El 11 de octubre pasado fue una fecha muy especial  para la gente de Lagunillas del Farallón. Ese día, durante la realización de su fiesta patronal, fueron inauguradas en la escuela 131 cinco aulas con calefacción, que permitirán la mejora en la salud de alumnos, maestros y en la capacidad de aprender.

En el comedor de la escuela además se puso en funciones una cocina solar parabólica comunitaria que permite, alternativamente, cocinar en una olla para 50 personas. Otra de las mejoras fue el baño que cubre las necesidades de higiene con 3 duchas alimentadas con agua caliente a través de un "calefón solar" y un inodoro. Su construcción  fue realizada bajo el sistema de arquitectura bioclimática y cuenta con el llamado efecto invernadero, ya que se atrapa y conserva el calor en el recinto, evitando la diferencia de temperatura que se sufre con el frío ambiente durante el baño.

“Los equipos solares reemplazan en un 60 a 70 por ciento la leña y el gas”, aclara Rojo. Además, no emiten gases de efecto invernadero (leña = dioxinas y gas = anhídrido carbónico) que aumentan los efectos nocivos del  cambio climático. “También, al extraer menor cantidad de leña, se protege la biodiversidad y las cuencas hídricas se ven menos afectadas”.

El bombeo de agua por medio de energía solar también permite realizar cultivos en una zona desértica como la Puna. Hasta ahora los pobladores de Lagunillas del Farallón llevan recuperadas 8 hectáreas, pero apuntan a aumentar el área durante 2009. “Hay cultivos que no utilizan el bombeo, sino que el agua es trasladada por gradiente” (es la relación entre la diferencia de altura entre dos puntos y la distancia horizontal que los separa), dice Rojo. ”Todo depende de la situación de cada pequeño terreno, porque las características geológicas no permiten mayores extensiones. En general la producción es de cultivos andinos: quinua, papas, diversos tipos de maíz, pero también ajo, cebolla, zanahoria y otras hortalizas con rendimientos que duplican los cultivos”.

Muchas de las áreas más abandonadas por la mano del hombre, como nuestra Puna, paradójicamente se superponen con las zonas más beneficiadas con la energía solar y/o eólica. Por eso la Fundación EcoAndina apuesta a la capacitación de la gente, para que desde el año próximo haya más “pueblos solares”. Su titular está convencida de que en unos diez años, “cuando las reservas de petróleo y gas se estén agotando y no estén disponibles para la población del mundo, los pueblos que hayan hecho un giro ecológico y económico en el uso de las energías serán pioneros eco-tecnológicos”.

En esa carrera el Pueblo Solar Andino de Lagunillas del Farallón lleva algo de ventaja. Porque tiene luz, agua, calor e Internet. Todo verdaderamente gratis.


Tecnología limpia

Cocinas solares parabólicas familiares:
Se usan para preparar comidas de todo tipo: guisos, sopas, estofados, frituras, con granos y cereales. También para hervir agua para la preparación infusiones calientes. Se calienta agua para higiene personal, para lavar los platos y otros fines.
 
Cocinas solares parabólicas comunitarias:
Se instalan en comedores escolares y centros comunitarios. Tienen el doble fin de cocción de alimentos para más de 50 personas y, con el complemento de un horno, para la panificación.
 
Hornos solares de caja:
Se usan para alimentos que requieren mayor tiempo de cocción, para potabilizar agua o para mantener caliente la comida por más tiempo.
 
Baños solares andinos comunitarios: Las casas de familia de los pueblos no disponen de baños bien equipados, y las enfermedades por enfriamiento se producen en el momento de la higiene personal. Estos baños comunitarios, cuentan con sanitarios completos y agua caliente generada mediante calefones solares. La buena climatización del baño garantiza el confort para los niños de corta edad.
 
Planta fitoterrestre:
Las aguas servidas del baño solar se tratan de manera ecológica con  el tratamiento biológico de los efluentes, mediante el filtrado con caña hueca y, como alternativa, la reutilización de los líquidos filtrados en riego por goteo de cultivos.
 
Calefones solares: En forma individual, se instalan calefones de 100, 200 o 300 litros en escuelas, centros vecinales y en casas particulares para permitir la higiene personal con agua caliente sin necesidad de usar leña.
 
Calefacciones solares: La altiplanicie andina se sitúa a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar donde las temperaturas del aire son muy bajas. En invierno, los niños soportan temperaturas de 0 grados en las aulas escolares, lo cual perjudica su salud y la posibilidad de asimilar la educación. Frecuentemente se observan enfermedades del aparato respiratorio (tos, pulmonía, resfríos). Con los sistemas de calefacción solar se logran  temperaturas en las aulas o ambientes mucho más agradables y saludables para alumnos y maestros.
 
Riego en cultivos andinos: En los pueblos se encuentran parcelas de tierra que no pueden ser trabajados por falta del agua para el riego. El empleo de tecnologías de riego por goteo, en combinación con el uso de pequeñas bombas de agua accionadas con paneles solares fotovoltaicos, permite la agricultura donde no se podía cultivar nada o se obtenían cosechas con poco rendimiento.
 
Agua potable por bombeo solar: En los pueblos con escasez de agua, colaborar en la provisión de un sistema de bombeo con paneles solares.

Jujuy precursora

Las primeras instalaciones de artefactos que funcionan por medio de energía solar (cocinas, calefones, hornos, calefactores) fueron colocados en los años ´90, en escuelas y comunidades de la Puna y la Quebrada de Jujuy. La Fundación EcoAndina estuvo -y sigue estando- atrás de cada uno de esas instalaciones, que ya suman más de 380 en diferentes lugares de la región. Los primeros fueron importados, luego se transfirió tecnología y diseñaron las adaptaciones más convenientes por las características ambientales.

“La propuesta desde entonces fue encontrar una alternativa energética al uso de las escasas plantas leñosas, lo que provoca desertificación, y al uso de garrafas de gas, por el costo y porque no siempre llegan a los pueblos más distantes", afirma Rojo. En esta trayectoria EcoAndina estuvo apoyada por el Consejo Federal de Inversiones (CFI), con el "Programa energía solar a comunidades rurales"; también recibieron varias donaciones del Proyecto de Energías Renovables en Mercados Eléctricos Rurales (PERMER), componente calórica de la Secretaría de Energía de la Nación. Este último abastece de paneles fotovoltaicos, que permiten generar electricidad en casas, parajes y pueblos distantes a la red eléctrica y está instrumentado por la Empresa Jujeña de Servicios Eléctricos Distribuidos (EJSEDSA).



 

COMENTARIOS (14)

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