Lunes 26 de Junio de 2017 - 00:36hs. - República Argentina Edición # 1718

Revista #9 Agosto 2007 > Medio Ambiente

Misiones, un futuro desierto verde

Monocultivo de pino


Por Luis Freitas

La Mesopotamia es una de las regiones que más atraen al capital extranjero, siempre en la búsqueda de tierras ricas en recursos naturales. Se calcula que el diez por ciento de la provincia de Misiones está en manos de empresas foráneas cuyo accionar (tala indiscriminada y reforestación con pinos) provocó que en los últimos quince años se perdieran más de 180 mil hectáreas de bosques nativos.

Un estudio realizado por la Fundación Vida Silvestre Argentina permitió -en base a imágenes satelitales- observar un alarmante incremento de la tasa promedio de deforestación. Al 2004, los bosques nativos de Misiones ocupaban el 51,4 por ciento del total del territorio, cifra que incluía todas las áreas naturales protegidas. O sea que de los 3 millones de hectáreas con que cuenta la provincia, 1,5 corresponden a bosques nativos, y de esta cifra la FVSA advierte que se están perdiendo unas 17.400 hectáreas. Las cifras coinciden con el registro de Inventario de Bosques Nativos realizado en 2001 por la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.
La intrusión, la pobreza, la explotación ilegal de la madera y las plantaciones extensivas de monocultivo -pino en su mayoría-, son las principales causantes la deforestación. Para Verónica Guerrero Borges, investigadora que trabajó en el estudio, “la idea es analizar todos los datos y obtener la proporción en que influyeron cada uno de los factores mencionados, dado que la situación varía mucho según los municipio, pero el período de estudio realizado sí nos permitió ver que Puerto Libertad tiene un gran porcentaje de conversión de bosques hacia la plantación de pino”.
Aunque desde el sector de la industria forestal se insiste en llamar “bosques” a los monocultivos de árboles intentando convencer de que están llevando una ”reforestación”, lo real es que dichas plantaciones no tienen nada en común con un bosque y menos aún con la enormemente diversa selva misionera.

Tierras al mejor postor

La más importante empresa extranjera dedicada a la industria forestal radicada en Misiones es Alto Paraná, que cuenta con aserradero y fábrica de pasta de celulosa propia. Aunque nació en 1983 como propiedad de doce empresas papeleras con promoción industrial que luego fueron compradas por Celulosa Argentina y el Grupo Masuh, en 1996 adquirida por el grupo chileno Arauco.

El principal triunfo del Grupo Angellini, dueño de Alto Paraná, fue lograr que la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, aprobara la compra de los activos forestales de PeCom Energía por 53 millones de dólares. Según un informe de diputados provinciales, la compañía de Don Anacleto Angellini acapararía en la actualidad unas 250.000 hectáreas equivalentes a un 10 por ciento del territorio provincial y al 33 por ciento de la superficie forestal de Misiones. Con la operación (que incluyó un aserradero con capacidad para procesar anualmente unos 94.000 metros cúbicos de madera) la economía de Puerto Libertad será englutida por el gigante. Esta localidad del noroeste misionero de 3 kilómetros de superficie y unos 6.000 habitantes, cuyas tierras pertenecieron a la familia Bemberg, estuvieron cubiertas por una selva de árboles nativos como el cedro, el incienso o el lapacho que fueron talados y comercializados. Ahora, yacen simétricos plantadios de pinos de navidad similares a los de Villa Gessel o Pinamar.

El titular del Ministerio de Ecología de la provincia de Misiones, Luis Jacobo dice que “pueden haber cosas que son discutibles, pero si están dentro de la ley, no podemos hacer nada (N. de la R.: el funcionario se refiere a la Ley 21.382 de Inversiones Extranjeras). Nosotros no defendemos ni somos detractores de estos procesos. La gran inversión privada a todos nos hace falta. Es cierto que las forestales influyen en la biodiversidad de la selva, pero tampoco hay que ponerse en extremistas”.

En 2002 Alto Paraná realizó la mayor compra de tierras en zona misonera: 62 mil hectáreas por 43 millones de dólares al Grupo Perez Companc. El resto de las hectáreas con las que hoy cuenta las consiguió aprovechando las dificultades económicas y productivas de los minifundistas (colonos y chacareros), sobre todo en la zona de Eldorado. Cuando corrió la noticia de que Alto Paraná estaba comprando tierras, hubo un gran número de colonos que decidieron vender sus chacras empujados por la desesperación. La situación de la mayoría no era la mejor: por la yerba, que fue hace unos años el oro verde, ahora estaban pagando apenas 18 centavos el kilo; y lo mismo pasa con el té y con los cítricos. En 1988 había en la zona de Alto Paraná unos 3.800 pequeños productores y para fines de 2002 solo quedaban 2.850.

Según opinan los especialistas, Alto Paraná está usando las mejores tierras para plantar pinos que consumen mucha agua lo que termina produciendo un desierto verde donde lo único que crece son los pinos y causa la desaparición de una selva de árboles nativos como el cedro o el lapacho y de diversas plantaciones como las de yerba, arroz y tabaco.
Quienes critican la expansión territorial de Alto Paraná argumentan que, además del corrimiento de la frontera agrícola y la desaparición de cultivos tradicionales, el monocultivo del pino trae serios problemas ambientales.
Ricardo Carrere miembro de la ONG Guayubira realizó una investigación sobre Alto Paraná, que usa una tecnología de blanqueo (parcialmente libre de cloro) similar a la que emplearán las fábricas de Fray Bentos. Empezó por advertir el “lamentable estado del río, donde los peces y las aves brillan por su ausencia y el aire huele a huevo podrido”. También alerta sobre los cambios causados por el reemplazo de la biodiversidad propia de la selva misionera por las uniformes plantaciones de pinos. Un ejemplo serían los efectos causados por el polen de los pinos. “Tratándose de grandes masas de árboles de una o dos especies, todos florecen en la misma época y desprenden enormes cantidades de polen, generando problemas respiratorios y alérgicos” Otro efecto ecológico es “la invasión de mosquitos, porque el alto consumo de agua de los pinos hace desaparecer a las ranas, que controlaban la población de mosquitos”, aclara Carrere.

Según testimonios de vecinos que viven cerca de la planta de Alto Paraná, recogidos por medios locales en los cítricos se forman pintitas negras, las mandarinas se secan, en los lugares del Paraná donde arrojan el desecho, el río cambia de color, toma un color amarillento y hay peces muertos.
La empresa, por su parte, se defiende sosteniendo que “desde junio de 2002, las operaciones forestales de esta empresa cuentan con la certificación ambiental ISO 14.001, lo que garantiza a nivel internacional que se realizan de acuerdo con la legislación vigente y compromete a la empresa a mantener un programa de mejoramiento ambiental continuo” (ISO 14000 es el nombre del conjunto de normas ambientales de la International Organization for Standarization). Según la firma, “muestra de nuestro compromiso hacia el cuidado del ambiente es la conservación de una reserva forestal de más de 16.000 hectáreas de selva paranaense y 11.000 hectáreas de bosques naturales”.

Carrere maneja cifras según las cuales en Misiones se talan 32,5 hectáreas de monte por día; o sea, que desaparecen 12.000 hectáreas por año. La provincia contaba, originariamente, con 2.700.000 hectáreas de selva tropical, pero en la actualidad se estima esta superficie en 1.200.000 hectáreas. Es decir, que sólo queda el 44 por ciento de la selva original. “Es fundamental proteger lo que resta, ya que ese porcentaje representa al ultimo remanente continuo de selva paranaense del mundo, conteniendo en la misma más de 2.000 especies de plantas vasculares, 1.000 especies de vertebrados, de los cuales 548 especies son aves 120 son mamíferos, 79 reptiles, 55 especies de anfibios y más de 200 especies de peces en los ríos y arroyos territoriales”.

Pese a dicho proceso de destrucción de la selva, Misiones es descrita en Argentina como la “principal provincia forestal del país”. Sin embargo, se trata de la provincia con mayor porcentaje de monocultivos de árboles. En el año 2000 el 80 por ciento de hectáreas plantadas eran de pinos elliottii y taeda de origen norteamericano. Es decir que plantaciones de árboles exóticos ocupan hoy el lugar donde antes se desarrollaba una exuberante selva.

Mientras el sector forestal misionero repite que genera miles de puestos de trabajo y se menciona “la gran cantidad de mano de obra que se genera por cada hectárea plantada”, los datos concretos brillan por su ausencia y lo que se percibe es un proceso de concentración urbana, vinculado al abandono de tierras agrícolas a cultivos forestales.

La extranjerización de tierras en Misiones es un proceso que, según afirma el obispo de Iguazú, Joaquín Piña, se da porque “los gobiernos nacionales le dieron la espalda al campo y entonces los medianos y pequeños productores se vieron muy desamparados. Esta selva está desapareciendo y al ritmo que va nos quedaremos sin nada, porque estas empresas han plantado pinos por todas partes. Antes esta era una zona yerbatera y de aserraderos, pero de madera de primera calidad. Yo no quiero ser obispo de los pinos, quiero ser obispo de la gente. Y donde crecen los pinos, no hay gente”.

Hace unos cincuenta años el agrónomo suizo Alberto Roth dijo que si el pino seguía expandiéndose en Misiones, la transformaría en un desierto verde. Por desgracia hoy esa predicción se está transformando en una cruel realidad.

Enemigo por naturaleza

Las raíces del pino son muy profundas, tan o más largas que el tamaño del árbol y para que sean rentables deben crecer rápido y tomar mucha agua de las napas profundas. Cada árbol adulto absorbe unos cuatrocientos litros diarios, que en gran parte devuelve luego al suelo como resina que desmejora la natural acidez de la tierra colorada.

Por su condición de zona subtropical, en Misiones siempre hubo lluvias intensas. La presencia de la selva regulaba entre otras cosas, la temperatura, el clima, la humedad, y el régimen de lluvias respondía a sus necesidades. El Monte "guardaba" parte de agua caída que las hojas de las plantas "largaban" luego en épocas de seca. Su ausencia actual hace que llueva menos, en promedio, y que una sequía de un mes tenga consecuencias desastrosas.

O las lluvias que se escurren hacia abajo sean causa de inundaciones, en Corrientes, Chaco, Entre Ríos y Santa Fe, por ejemplo.
Los que viven en Misiones saben que debajo de un bosque implantado de pinos no crece ni una lechuguita. Tampoco es el lugar que eligen los pájaros para anidar, ni ningún animal que ande por los montes normales. Como conclusión, no solo expulsa al ser humano, sino también al resto naturaleza.

El ecologista extremo

Otro de los nuevos propietarios de grandes extensiones de tierra argentina es Douglas Tompkins que, como Anacleto Angellini, es dueño de cientos de hectáreas en Chile. Este multimillonario norteamericano un día decidió dejar de contaminar el planeta con sus fábricas textiles y se hizo un fervoroso militante del ecologismo profundo. Este movimiento (al que algunos llaman ecologismo extremo) plantea que la solución de los problemas de contaminación depende de una reducción de la población mundial y del industrialismo.

A 32 kilómetros de Colonia Carlos Pellegrini, en los Esteros del Iberá se halla el casco de la estancia Rincón del Socorro, de 50 mil hectáreas. Tompkins le compró el campo a la familia Blaquier en 1998 y, a fines  de 2002, adquirió 105 mil hectáreas de la empresa Pecom Forestal. Según él lo hace con el solo fin de la conservación forestal, aunque no hay que olvidar un dato esencial: Esteros del Iberá es el lugar más cercano de entrada al Sistema Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo.

Tomkins compró gran cantidad de tierras y ahora intenta desalojar a los habitantes de la zona, que toda su vida vivieron de la producción arrocera. El argumento del norteamericano es que la presencia de los campesinos y las arroceras contaminan la belleza de su comarca. También hay rumores de que Tomkins realiza con su avioneta vuelos rasantes e intimidatorios sobre los que todavía se niegan a vender sus pequeñas parcelas.


 

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