Sábado 29 de Abril de 2017 - 04:27hs. - República Argentina Edición # 1660

Revista #17 Abril 2008 > Medio Ambiente

Zenitram o la batalla por el agua


Por Luis Freitas

Héroe, según la Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe, es un “hombre ilustre y famoso por sus hazañas y virtudes”. Superhéroe, según el director Luis Barone, “es un ser humano, especialmente dotado, que lucha por el bien común, gratis, sin esperar nada a cambio más que la recompensa del deber cumplido”. Ante la pregunta sobre por qué no hay superhéroes en nuestro cine, más que por una cuestión de falta de presupuesto, él apunta razones ideológicas. “Nuestro sistema dependiente hizo que durante muchos años viviéramos en una cultura de la resistencia: al modelo económico, a la proscripción política, a la represión. Y tuvimos, a lo largo de nuestra historia muchos héroes cotidianos que nos ayudaron a  sobrevivir,  superhéroes reales  que hacían que no necesitáramos a los de ficción. Hoy hay que hacerlos en el cine porque en  nuestra vida política cotidiana, no abundan precisamente”.

Así es como nació la idea de llevar a la pantalla grande a Zenitram, un cuento de Juan Sasturain, cuyo personaje principal es un tipo de barrio, un perdedor sin inmunidad ni compostura que, devenido en superhéroe, deberá luchar contra el desabastecimiento global general de agua.

Atento a la idea de que toda película de este género siempre está hablando de otra cosa (los X-Men, por caso, tratan de la aceptación de lo múltiple y la reacción a cierta tendencia conservadora de la realidad norteamericana) en su film Barone trastoca los códigos clásicos. Así como Zenitram es Martínez al revés, los malos no son iraquíes, rusos o cubanos, sino una multinacional,  nuestro paladín de la justicia se transforma en un baño de Constitución, siente vértigo al volar,  y la batalla más fuerte es consigo mismo. “Sufre por el poder que tiene, apunta Barone, y no lo asume porque le da miedo”.

Mundo Peronista

La historia transcurre en una Buenos Aires retro futurista –al estilo de Blade Runner de Riddley Scott o Brazil de Terry Gillian- de urbanismo postperonista, donde sólo permanecen los emblemas de un pasado esplendor y una arquitectura de espacios públicos desvencijados. “Vivimos entre ruinas y sobre ellas se construyen parques temáticos”, dice Barone. “No hay nada nuevo ni esplendoroso en cuanto a espacios públicos, no hay propuesta que refleje el deseo de una sociedad del futuro. Los mercaderes tomaron el templo y sobre él construyen sus chiringuitos. Vivimos una época de eterno presente, en la Argentina, al igual que en muchos otros lugares del mundo, no existe una idea de futuro y la conciencia de un pasado, que es a la vez paraíso perdido, es el peronismo. El presente de ese pasado son las ruinas, las construcciones actuales (en el más amplio sentido) no van a dejar ni ruinas. La Humanidad pasa por el período en que más basura ha producido en toda su historia, y esto no es una metáfora, es un hecho que sin duda algún significado y consecuencia ha de tener”. Zenitram, ni ninguna otra película que se filme puede escapar a este sino, pero como, para empezar a cambiar conviene saber reconocerse, el concepto estético del film intenta constituirse en este acto de reconocimiento.

En el mundo donde habita Zenitram el peronismo resulta un rastro permanente. Daniel Santoro, cuya obra plástica rompió el tabú de uso estético que durante décadas blindó a la iconografía peronista, está a cargo de la dirección de arte del film. Según él, el peronismo “fue el único evento político y cultural que puede relatar un mundo. Estamos hablando del peronismo fundacional, de esos diez años que generaron una estética”. Es por eso que la ciudad que sobrevuela Zenitram está toda contaminada con los símbolos del peronismo, pueden verse retratos de Perón y Evita, los autos -el modelo Justicialista- tienen una Evita alada sobre el capó. Los edificios que se ven son en general de la década del ’50, está el Monumento al Descamisado, viejo ya, como un símbolo de la ciudad.

Agua que has de beber…

“Las guerras del siglo XXI serán por el agua, quienes tengan ese recurso podrían ser blanco de saqueos forzados” dijo Ismael Serageldin, ex vicepresidente del Banco Mundial. Luego de investigar profundamente el negocio del agua, la esposa de Barone, la actriz y documentalista Mausi Martínez estrenó en 2005 Sed, Invasión gota a gota. Allí augura las peores versiones de privatización de lagos y reservas, en especial la del Acuífero Guaraní, que podría abastecer de agua dulce a todo el planeta por los próximos 200 años.

Con Zenitram, Barone retoma el tema desde la ficción lo que no garantiza que esta película resulte menos revulsiva y movilizadora. “Estamos dormidísimos respecto al tema, dice, una de cada cinco personas en el mundo no cuenta con agua potable y más del noventa y cinco por ciento del agua del planeta es salada. La realidad de la apropiación del agua en manos privadas supera cualquier ficción que nos podamos imaginar”.

Juan Sasturain, otro obsesionado con el tema del agua, escribió los esbozos de Zenitram hace unos veinticinco años atrás. El cuento definitivo vio la luz a mediados de los ’90 en una compilación de Editorial Colihue y luego fue uno de los relatos de La mujer ducha (otra vez el líquido elemento) publicado por Sudamericana y que leyó Barone. A partir de allí, en la transformación del relato en guión cinematográfico se sumaron algunos personajes sacados de una novela anterior de Sasturain, Los sentidos del agua (uno más y van…).

“El futuro que contamos no es un futuro de optimismo, apunta Santoro, donde todo ha mejorado, no es un futuro tecno, con desarrollos increíbles. Es un futuro desesperanzado, nostalgioso y lleno de amenazas. El agua, cuya escasez es alarmante, se ha transformado en un objeto casi de lujo, y la poca que queda está acá en el Sur pero es propiedad de la multinacional Waterway. Con ella se enfrentará Zenitram, a su manera. “Aunque se corrompe y le gusta la merca, aclara Santoro, Zenitram sigue siendo un ídolo, porque la gente sabe que él siempre será enemigo del poder, no su aliado y todo aquello que trasgreda los códigos morales del poder, es bien visto. Por eso el tema de cagarle el agua a Waterway es central y nadie le cuestionará a nuestro superhéroe los medios que emplee para lograrlo”.

Sci-Fi tercermundista

Para desarrollar el diseño arquitectónico del Buenos Aires de 2050, Santoro, trabajó junto a Martín Oesterheld (sobrino del autor de El Eternauta). En las desopilantes maquetas, las construcciones precarias de los cartoneros han avanzado y se apoyan en las columnas clásicas de la Facultad de Ingeniería, sede histórica de la Fundación Eva Perón. La idea, dice el pintor, era lograr "un gótico tardojusticialista, asumiendo que para esa época el urbanismo peronista ya ha conocido su apogeo y está en decadencia". Las escenas finales se realizarán   digitalmente en España (uno de los países que, junto a Brasil, participa de esta coproducción). Además de la cuestión arquitectónica, Santoro y Oesterheld también concibieron muchos de los originales aparatos que tienen fundamental importancia en la historia.”Por ejemplo, cita Santoro, unas canillas que son una mezcla de teléfono público con cajero automático y que le sirven a la gente para comprar el agua, o la clepsidra, un instrumento que puede detectar su presencia bajo tierra y logra invertir su sentido para que vuelva a fluir. Lo más destacable es que todo esto,  por supuesto, fue hecho con las obvias limitaciones de presupuesto de una película argentina, es decir con un poco de alambre y mucha imaginación”.

 


 

COMENTARIOS (2)

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Q2Q2uTQlm

Well put, sir, well put. I'll cenaritly make note of that.

hkUtQiomed

Slam dunkin like Shqauille O'Neal, if he wrote informative articles.

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