Martes 22 de Agosto de 2017 - 11:52hs. - República Argentina Edición # 1775

Revista #57 Septiembre 2013 > Medio Ambiente

CAMBIOS CLIMÁTICOS Y NUEVAS ESTRATEGIAS DE ADAPTACIÓN


Por Patricia La Nasa

Tenemos obsesión por lo normal y no vemos aquello que no esperamos ver. Nuestro cerebro descarta lo que no cree probable, atento a lo que ha ocurrido antes. Resulta que no estamos preparados para percibir los cambios cuando estos comienzan. Menos aún para detectar qué fenómenos nuevos vienen acelerados, o para prever sus consecuencias y anticipar nuestras reacciones.

Esta condición también se repite ante el cambio climático.  Dudar de su existencia y minimizar sus consecuencias es bastante frecuente y casi sin pensarlo nos podemos ver envueltos en discusiones de este tipo: ¿Hay un cambio climático o es sólo la variabilidad climática? Estas son situaciones excepcionales, con pocas probabilidades de repetirse. Estos debates pueden enredarnos, distraernos y por supuesto, alimentar las resistencias, sin tomar en cuenta la celeridad con que los cambios climáticos se están instalando.

Lo que sabemos hoy es que al menos dos cuestiones ya están ocurriendo. Se trata del aumento de la temperatura y de la variación en el régimen de lluvias. Sus impactos están cambiando dramáticamente lo que consideramos normal. Debemos adaptarnos a esta variabilidad climática actual y a sus impactos, revisando el modo en que gestionamos la vida de nuestras ciudades.

Veamos muy sintéticamente que está pasando.

AUMENTO DE LA TEMPERATURA

En líneas generales, convivimos con veranos más largos e inviernos más cortos. A nivel mundial, el aumento de temperatura está en el orden de los 0.8° más. Y, aunque hoy pudiésemos detener las emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs), la temperatura seguirá aumentando en los próximos 50 años. 

Esto provoca cambios en la naturaleza, pérdida de calidad de vida y alteraciones en la franja fértil del planeta que empleamos para producir alimentos y en la cual vivimos. En Argentina –región centro y norte- se viene dando un aumento de las temperaturas mínimas  (+ 1 ° en los últimos 50 años) y un descenso de la temperatura máxima (- 1° en los últimos 50 años).

VARIACIÓN DEL RÉGIMEN DE LLUVIAS

Estas variaciones se dan en más o en menos, dependiendo de las zonas. El promedio de lluvias no varía significativamente pero las precipitaciones se dan más concentradas. Por eso soportamos lluvias muy intensas en tiempos muy cortos. Esas lluvias pueden darse también en zonas que están soportando una sequía. En el último siglo, en nuestro país observamos que las lluvias han aumentado un 23% en las regiones centro y norte y se han reducido un 50%   en las regiones de Cuyo y Comahue. Por eso hay mayores caudales de agua en los ríos de la Cuenca del Plata.  También se da una mayor frecuencia de vientos del este y de sudestadas. La erosión de las costas es mayor y sufrimos más inundaciones.  En las regiones de Cuyo y Comahue la situación es la opuesta. Las escasas lluvias implican menos agua en los acuíferos, en los ríos y en las canillas, lo que los especialistas llaman un déficit hídrico: retroceso de los glaciares y una mayor cantidad de incendios.

Hay muchas dudas sobre cómo se comportará la humedad en el futuro pero las cuestiones que ya vimos se combinan provocandoepisodios extremos.Olas de calor, tormentas, fuertes vientos, sequías, e inundaciones, afectan a todos los seres vivos, en todo el planeta. Aumentan la vulnerabilidad de ciudades, costas y laderas. Presionan sobre los sistemas de salud por más provisión de agua, energía y asistencia.  En nuestro país, el 69% de los desastres ocurridos entre 1970 y 2007 han sido detonados por eventos de origen hidrometeorológico. Entre ellos, los predominantes por su recurrencia son (en orden decreciente): las inundaciones, las tempestades, las nevadas y las sequías.

Ahora volvamos a nuestro cerebro. Inconscientemente tendemos a tomar decisiones y a gestionar nuestros recursos como reacción y no como anticipación. Hacemos esto atendiendo urgencias, costos y la aceptación social de nuestras acciones. Esto vale para las decisiones individuales y también incide cuando se trata de decisiones que impactan en la vida de las personas, los bienes comunes y las políticas públicas, sobre todo si nos confiamos en el piloto automático.  El desafío es poner en marcha procesos de adaptación a las condiciones climáticas actuales que adicionalmente nos preparen para cambios climáticos futuros.

Las emergencias socioambientales vinculadas al cambio climático, siempre impactan localmente. Esto impone tomar decisiones ante situaciones reales posibles y no sólo a partir de las estadísticas. Como generalmente la información disponible está agregada regional o provincialmente, no resulta la más adecuada para los gobiernos locales cuando se trata de acotar algunos fenómenos para definir amenazas, vulnerabilidades y riesgos climáticos.

Al momento de minimizar los costos sociales, ambientales y económicos del cambio climático, se plantean distintas alternativas de adaptación y de mitigación.

La mitigación procura una disminución en las emisiones de GEIs, para reducir o hacer menos severos sus efectos. Implica accionar sobre pautas culturales, actividades económicas y modelos productivos y, depende de acuerdos de orden nacional e internacional. A su vez las estrategias de adaptación –que deben establecerse en relación directa con las de mitigación- resultan particularmente útiles a la hora de tomar decisiones en los niveles locales (provincial, departamental, municipal, barrial y/o comunitario).

Centrémonos en los distintos tipos de estrategias de adaptación. Estas deberían incorporarse rápidamente a los criterios que cotidianamente manejan los decisores políticos y los funcionarios para gestionar los riesgos y definir planes de contingencia a nivel local.

Hay al menos cinco tipos de estrategias de adaptación:   

Estrategias sin arrepentimiento: Son aquellas que proporcionan beneficios, incluso sin considerar el cambio climático. Permiten la transferencia de conocimiento y tecnologías y la creación de capacidades locales para que las poblaciones puedan adaptarse ante el cambio climático. La participación permanente de los actores locales en el desarrollo comunitario, con la mira puesta en la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, la protección de la salud, el fortalecimiento de la solidaridad y la educación, resultan clave en este tipo de estrategias.

Las  estrategias sin arrepentimiento pueden aplicarse, incluso en ausencia de cambio climático. Cuando se las implementa, sus beneficios mejoran el sistema en cuestión, reduciendo su vulnerabilidad y/o sus costos. Campañas contra el desperdicio de energía, sistemas de alerta temprana de defensa civil y procesos de aumento de la cohesión social, son ejemplos de este tipo de estrategias.

Estrategias flexibles y reversibles: Las estrategias flexibles y reversibles son las que se pueden suprimir fácilmente o pueden ajustarse a la nueva información de los riesgos del cambio climático. Por ejemplo las defensas móviles ante inundaciones.

Estrategias con margen de seguridad: Las estrategias de “margen de seguridad” son estrategias de costo cero, o de muy bajo costo. Son muy importantes cuando se toman decisiones irreversibles o se encaran obras de infraestructura costosas.  A los márgenes de seguridad considerados habitualmente a partir de los mapas de recurrencia, se agrega un nuevo margen de seguridad, relacionado con los nuevos riesgos del cambio climático que deberían ocurrir durante la vida útil de la infraestructura.

Estrategias blandas (“soft”): Son la que toman en cuenta las proyecciones de largo plazo.

La adaptación no significa necesariamente invertir en infraestructuras o tecnologías avanzadas. Las estrategias blandas suelen ser reversibles y muestran un alto grado de flexibilidad. En líneas generales se ocupan de sistematizar e institucionalizar procedimientos de proyección de riesgo en distintos sectores (salud, construcción, recursos costeros, recursos hídricos, zonas urbanas, agricultura)  para orientar las decisiones. Por ejemplo definir las necesidades sanitarias, desarrollar seguros climáticos, o controlar la demanda y el tratamiento de los recursos hídricos.

Estrategias de reducción del tiempo de retorno de la inversión: Por último, las estrategias de reducción del tiempo de retorno de la inversión proponen la exposición temporal reducida a estos riesgos futuros inciertos. En el futuro, el clima presentará nuevos riesgos, algunos de ellos desconocidos o de gran incertidumbre. Se trata de gestionar la incertidumbre. ¿Cómo? Por ejemplo construyendo con tecnologías apropiadas y materiales menos costosos en zonas de riesgo o, forestando con ciclos cortos.

La estrategia nacional en cambio climático de Argentina establece el desafío de iniciar el camino hacia una economía baja en carbono, en un marco de desarrollo sostenible, teniendo presente que el desarrollo económico y social, junto a la erradicación de la pobreza son las prioridades para nuestro país.

Ahora es necesario accionar desde los gobiernos locales, promoviendo la reducción de riesgos y vulnerabilidades, ya que las medidas de respuesta al cambio climático necesariamente deben estar en línea con las percepciones y los conocimientos locales. 

COMENTARIOS (2)

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