Martes 22 de Agosto de 2017 - 11:53hs. - República Argentina Edición # 1775

Revista #55 Marzo 2013 > Medio Ambiente

EL CLIMA Y LAS NUEVAS AGENDAS

En un contexto de importantes cambios estructurales, los nuevos escenarios climáticos y sus costos sociales, económicos y ambientales, imponen sus prioridades. Desde esta columna nos proponemos analizar la agenda emergente, sus prioridades y los mecanismos de adaptación necesarios para gestionar los bienes comunes y los asuntos públicos.


 

Por Patricia La Nasa

 

Por qué orientar el trabajo y el empleo en función del clima

El crecimiento económico permanente, asociado a sistemas productivos extractivistas y concentradores de riqueza, no es sustentable y nuestros esquemas de análisis y toma de decisiones son poco confiables. Estamos ante un gran desafío, necesitamos un gran cambio y, se trata de una cuestión urgente.

Como civilización enfrentamos una crisis energética, una crisis alimentaria y una crisis financiera, agravadas por el cambio climático que aceleramos con nuestros sistemas de producción. Sabemos hace tiempo que los recursos naturales no son infinitos, pero ahora, nos acercamos a sus límites. Límites concretos al crecimiento y desarrollo de la sociedad humana.

El desafío es atender las demandas de alimentos, agua y materias primas, lograr una redistribución justa y equitativa de los bienes y asegurar condiciones de vida dignas a nuestros pueblos, sin agotar los recursos. Repasemos las prioridades, afrontamos: a) problemas estructurales, b) la agenda social emergente del último tercio del siglo XX y, c) desafíos adicionales contemporáneos que agravan los viejos problemas.

Convivimos con 0.8° más de temperatura. Debemos identificar las vulnerabilidades, mejorar las capacidades de adaptación y mitigar los efectos del Cambio Climático.

Al aumento de las temperaturas y al agotamiento de los recursos; se suman severas dificultades para reducir la generación de desperdicios, modificar los patrones de consumo y, asegurar alimentos para todos, reduciendo la pobreza y mejorando la cohesión social.

En la Conferencia sobre Desarrollo Sustentable (Río+20), realizada en Río de Janeiro en 2012, la Argentina aportó su Documento País.  Y el Foro Social Temático, la compilación Otro Futuro es Posible a la Cumbre de los Pueblos, realizada en simultáneo. Ambos textos plantean visiones alternativas al documento El Futuro que Queremos, de Naciones Unidas.

Río+20, confirmó las divergencias con que se debaten hoy los múltiples problemas que enfrenta la humanidad. Por un lado, la tendencia a “mirar hacia adelante” sometiendo los ciclos vitales de la naturaleza a las reglas del mercado, sin revisar las causas estructurales de la crisis, se estructura en torno a las propuestas de Economía Verde.  Por el otro, un paradigma alternativo de civilización, basado en un entendimiento común de las múltiples y profundas transformaciones por las que hoy en día pasan nuestras sociedades y para debatir las líneas de fuerza y las propuestas que señalan la tarea necesaria de “reinventar el mundo”(…), se basa en fundamentos éticos, culturales y filosóficos diversos. Este paradigma basado en la cooperación, la solidaridad y el cuidado, integra conocimientos diversos.  Supera la concepción antropocéntrica y propone otro futuro posible, reconociendo la naturaleza como sujeto de derecho.

Activistas del mundo -con una agenda de sustentabilidad, justicia social y defensa de los Bienes Comunes- estructuran propuestas vinculadas a derechos de la tierra, buen vivir, producción, distribución y consumo de bienes, derechos de los pueblos, licencias creativas comunes y respuestas para enfrentar el Cambio Climático.

Los gases de efecto invernadero (GEI) -provocados por la actividad humana- son reconocidos como un factor importante del cambio climático. Necesitamos cambios culturales, energéticos, tecnológico-productivos y de gestión para reducirlas. Debemos capacitar y emplear a personas que cuiden unas de las otras y de todas las especies vivas y contribuyan a erradicar la pobreza- con estrategias de fortalecimiento democrático-participativo, economía solidaria y aumento de la cohesión social.

La agenda local, debería aprovechar el valor energético de los residuos; mejorar la eficiencia energética de los edificios; impulsar cambios culturales, de estilos de vida y de patrones de consumo; redefinir la movilidad de personas y bienes y adoptar energías limpias y renovables; anclando el trabajo y el empleo a estas cuestiones.

Sabiendo que el desempleo no sólo aumentará sino que se mantendrá y que el actual sistema económico es parte del problema, revisemos los criterios de generación de empleo y empresas y de capacitación para el trabajo.

Empleos verdes y Empleos climáticos

Empleo verde implica, por ejemplo, empleo en la industria del agua, en parques nacionales, para control de la contaminación. Aunque valiosos, no detienen los cambios climáticos.

La noción de empleo climático, reconoce que las acciones a implementar son más de índole política que tecnológica. Propone desacelerar los efectos del cambio climático y mejorar las capacidades de adaptación de las personas, profundizando la ética del cuidado, y la erradicación de la pobreza. Los empleos climáticos deben orientarse a mejorar las capacidades de las personas para adaptarse a las condiciones actuales. Afrontar inundaciones, sequías, olas de calor, fuertes vientos y tormentas. Vincularse a sistemas de fabricación, transporte y construcción que usen menos energía y; facilitar la transición a una economía pos extractivista. Globalmente, 120 millones de nuevos empleos climáticos son necesarios para estabilizar el CO2 en la atmósfera dentro de veinte años.

Esbocemos un listado –incompleto- de áreas donde promover trabajos climáticos.

Cambio cultural y ética del cuidado

Los fundamentos éticos que han sustentado la modernidad están en crisis. La ética protestante del trabajo y su lógica mercantil, ha impregnado nuestra cultura y se reproduce en los individuos desde hace siglos. En este sentido es imperioso modificarnos a nosotros mismos. Debemos generar condiciones que nos permitan repensar nuestras acciones, con decisiones políticas, procesos sostenidos de democratización, fortalecimiento de la solidaridad, e inclusión social. Los principios de compartir, cuidar, producir en común y decidir participativamente para gestionar los bienes comunes, deben orientar las nuevas matrices culturales.

El valor de los residuos

La obsolescencia programada de los productos y los consumos superfluos, generan enormes cantidades de basura con un inmenso costo ambiental. Los residuos urbanos son un constante factor de preocupación, visibilizado y denunciado frecuentemente en las redes sociales. El incremento de residuos, impacta en todo el planeta. Por ejemplo en el año 2011, solo la ciudad de Buenos Aires envió al CEAMSE más de dos millones de toneladas de basura.

Las soluciones de los gobiernos locales para reciclar basura en origen, frecuentemente repiten viejas recetas ó apuestan a dispositivos diseñados para otras realidades económicas y culturales. Los intentos se frustran por la escasez de recursos y por las limitaciones para liderar los cambios necesarios. Entonces se asume como inevitable la frustrante –e insuficiente- administración de un problema, cada vez más difícil de controlar.

Una estrategia de adaptación sin arrepentimiento, debe incorporar los residuos como recursos y reconocer a los recuperadores urbanos como actores en la solución del problema. Un cartonero procesa unos 150 kilos de residuos/día -unas 3 toneladas al mes- pero este trabajo no cuenta con el debido reconocimiento y apoyo, en la mayoría de las ciudades y provincias del país.

Los edificios públicos y las viviendas

Gran parte de la superficie terrestre esta modificada por la acción humana e impermeabilizada por construcciones. Los sistemas de construcción alternativos intentan compensar esto. Nuevos materiales tienden a mejorar la eficiencia energética de los edificios y se incorpora pasivos ambientales a los materiales utilizados. Las alternativas constructivas, con gran potencial en relación al mejoramiento del hábitat popular y a la calidad de vida en espacios urbanos y rurales, requieren de recursos humanos con competencias particulares.

Prevención de catástrofes

Eventos climáticos extremos se producen cada vez con mayor frecuencia. Las estrategias de adaptación, demandan múltiples saberes y competencias específicas. Atender el antes, durante y después de los eventos catastróficos, requiere de dispositivos permanentes de monitoreo y alerta y de numerosos empleos climáticos. Como parte de la mitigación, la recuperación de masa forestal nativa, la fijación de laderas y costas fluviales, el mantenimiento y revitalización de humedales, manglares y cursos de agua, pueden ocupar a cooperativas y pequeñas empresas.

La movilidad de personas y bienes

El traslado de bienes y personas inciden fuertemente en la emisión de GEI.  Unos transportes públicos baratos, eficientes y suficientes, debería incidir en los hábitos de desplazamiento y desalentar el uso del automóvil individual. El correcto funcionamiento de ómnibus, trenes y embarcaciones, demandará múltiples puestos de trabajo climático.

Se abre un inmenso abanico de oficios y trabajos climáticos para enfrentar los desafíos actuales. Se requieren políticas, normas y recursos específicos. Los gobiernos locales deben iniciar su adaptación y las decisiones que tomen los colocarán como agentes de cambio o profundizarán sus debilidades. 

COMENTARIOS (198)

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