Martes 25 de Julio de 2017 - 03:32hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #27 Mayo 2009 > Medios de Comunicación

Más allá del negocio, los niños

La propuesta de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual presentada por la presidenta en La Plata dedica un capítulo completo a una cuestión fundamental: los niños y la televisión.


Ley de Servicios de Comunicación

Por Liliana Díaz

Artículo 17

Propone en el artículo 17 la creación de un “Consejo Asesor del Audiovisual y la Infancia, multidisciplinario y pluralista, integrado por personas y organizaciones sociales con reconocida trayectoria en el tema y por representantes de niños, niñas y adolescentes. Este Consejo Asesor se encargaría entre otras cosas de: la elaboración de propuestas dirigidas a incrementar la calidad de la programación dirigida a los niños, niñas y adolescentes; establecer criterios y diagnósticos de contenidos recomendados o prioritarios y, asimismo, señalar los contenidos inconvenientes o dañinos para los niños, con el aval de argumentos teóricos y análisis empíricos; formular un Plan de Acción para el Fortalecimiento de las Relaciones del Campo Audiovisual (cine, televisión, video, videojuegos, informática y otros medios y soportes que utilicen el lenguaje audiovisual), con la cultura y la educación; habilitar un Programa de Formación en Recepción Critica de Medios y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones; monitorear el cumplimiento de la normativa vigente sobre el trabajo de los niños, niñas y adolescentes en la televisión; establecer y concertar con los sectores de que se trate, criterios básicos para los contenidos de los mensajes publicitarios, de modo de evitar que éstos tengan un impacto negativo en la infancia y la juventud, teniendo en cuenta que una de las principales formas de aprendizaje de los niños es imitar lo que ven”.

La inclusión de este aspecto que implica la protección de la infancia más allá del negocio de la televisión, significa un gran avance con respecto a legislaciones vigentes y una toma de conciencia acerca del papel que cumple hoy en nuestras sociedades.

Parece una obviedad, pero la sociedad de la Argentina en la que se dictó la ley 22.285 no es la misma que la que hoy protagoniza esta propuesta. No solamente, como lo señaló Cristina Kirchner en el acto de presentación, no existía otra “nueva tecnología” que la frecuencia modulada, sino que la sociedad en sí se asentaba en una estructura diferente. En aquellos años 70 había interacción comunitaria, las personas se organizaban en torno a su gremio, a la iglesia, la escuela o la universidad. En cada barrio se participaba en las decisiones, había un alto nivel de escolaridad, la desocupación no era una amenaza. El compromiso social, la militancia, se traducían en millones de personas que concebían a la sociedad como un “nosotros” que nadie ponía en dudas. En ese contexto no es de extrañar que el principal medio de información fuera la prensa gráfica y que la tirada de cada diario superara el millón de ejemplares. Las personas leían, se informaban, analizaban y en base al análisis actuaban. La actual Ley de Radiodifusión se dictó en el contexto de ruptura de esa sociedad.

Como lo describe magistralmente Rodolfo Walsh en su “Carta Abierta a la Junta Militar” al cumplirse el primer aniversario del golpe del 76: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron. Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares.”

A culatazos se rompió el “nosotros”. Las personas se encerraron en sus casas, sin trabajo, sin escuelas, sin organización ni medicinas ni educación, se fueron conformando con lo poco que ofrecía el régimen: la tele. Durante los 90 la vuelta de tuerca apretó aún más la concepción cultural del individualismo a ultranza y desplazó la producción televisiva a lo estrictamente comercial, pasatista, con contenidos basados en el mero entretenimiento. La privatización de los canales abiertos y la irrupción de la televisión por cable delinearon el perfil de negocios de lo que debió concebirse como un servicio público, asentando los contenidos en la promoción del consumo ilimitado. En ese contexto y ante la pérdida de credibilidad de otras instituciones, la televisión fue asumiendo el rol de la justicia, de la defensa de los derechos ciudadanos, y a su vez se erigió en el único espacio de construcción de una realidad que ya no estaba al alcance de los ciudadanos atrincherados en sus casas.

La otra infancia

En estos años de rápidas transformaciones, la “niñez” ya no es lo que era. Los que superamos los 40 aprendimos a hablar escuchando a nuestros mayores, y la tele irrumpió en nuestras vidas cuando ya habíamos hecho varios cuadernos de palotes. La autoridad de padres y maestros era indiscutida, se aprendían los contenidos gradualmente y la familia definía cuándo nos enterábamos de “ciertas cosas”. El conocimiento era transmitido en la escuela y el objeto de transmisión era el libro, de lectura lineal, letra por letra, palabra por palabra.

La niñez actual aprende a hablar escuchando la tele. Cuando nace el bebé ya está familiarizado con los rayos catódicos. Y no sólo aprende a hablar, sino hábitos, conductas, guiños, burlas, arquetipos. La estructura familiar está colapsada, los padres que deben trabajar 18 horas, como lo explicó Rodolfo Walsh, no están en casa. No hay mesa familiar ni tiempo para educar a los niños. El rol de tutor es asumido por la televisión, que emite todo tipo de contenidos las 24 horas, sin progresión ni orden aparente. “Es como si la sociedad entera hubiera tomado la decisión de autorizar a los niños a asistir a las guerras, a los entierros, a los juegos de seducción eróticos, a los interludios sexuales, a las intrigas criminales. La pequeña pantalla les expone a los temas y comportamientos que los adultos se esforzaron por ocultarles durante siglos,” grafica con mucha claridad uno de los principales teóricos de la comunicación, Jesús Martín Barbero.

Ese niño va a la escuela con un bagaje totalmente diferente al que portaba el niño pre-televisión. En los últimos años irrumpieron la computadora y las consolas de juego, como la PlayStation, con lo cual los niños agregan un manejo del mundo virtual al que no accedieron sus maestros, y una práctica de lectura de hipertexto aún antes de saber leer y escribir. Con ese background se enfrentan al viejo libro de lectura lineal y contenidos graduales, y concluyen sin más que sus maestros no saben nada.

Con la privatización en los 90 se afianzó la alianza entre la televisión y el mercado, relación que reconfiguró la consideración social acerca de la infancia y el niño disputando el rol histórico que la escuela y la familia desempeñaban como agentes socializadores. La investigadora Viviana Minzi describe el “ecosistema” en el que viven los niños en la ciudad, rodeados de infinidad de productos y publicidades que se vuelven invisibles tanto para los niños como para los adultos por su cotidianeidad. “A través de la interacción con los productos y agencias instaladas por el mercado, los más pequeños organizan muchas de sus acciones cotidianas, construyen conocimientos acerca del entorno y edifican su identidad. El consumo es un complejo proceso sociocultural. A través  de él los sujetos se apropian de distintos productos materiales o culturales no sólo haciendo “uso” de ellos sino poniendo en circulación un conjunto de sentidos socialmente compartidos.”

Tanto el mercado como la televisión, constituidos en agentes socializadores que al tiempo de satisfacer determinadas necesidades de la infancia van definiendo usos, costumbres, hábitos y valores, tienen en la Argentina de hoy una razón de ser estrictamente comercial.  “Muchas de las organizaciones que actualmente llevan adelante la pedagogía cultural no son organismos educativos sino entidades comerciales que no apuntan al bien social sino a la ganancia individual o corporativa. Los modelos sociales y los patrones de consumo desarrollados por las corporaciones y la publicidad habilitan a las instituciones comerciales como los “profesores del nuevo milenio”. Actualmente la familia y la escuela conviven, compiten, negocian con otras nuevas agencias “comerciales”, “productoras de sentido colectivo”, dice Viviana Minzi.

La investigadora explica cómo la infancia se define hoy en función de estas nuevas realidades. “El niño es sujeto, y por sobre todas las cosas, sujeto consumidor. Para el mercado los chicos también son clientes. En un diálogo cotidiano de cuatro décadas, el mercado constituye a un nuevo destinatario y también dota de nuevos rasgos a la niñez. Este es el impacto profundo de las estrategias y discursos puestos en marcha por el mercado destinado a la infancia: la instauración de un entorno de productos consumibles y la legitimación social de la idea del niño como cliente.”

Y ese niño consumidor, cliente, genera la movilización de inmensos recursos porque conforma un mercado primario que compra con su propio dinero y decisión; un mercado de influencias porque incide en las compras de la casa, y un mercado futuro, porque con el tiempo se volverá consumidor de todos los bienes y servicios. “Basado en la alianza con la tele, el mercado construye el “mundo material y simbólico” infantil. Configura y reconfigura permanentemente la episteme infantil. Propone sin solución de continuidad qué es lo que un niño puede querer, a qué puede jugar, sobre qué puede dialogar, pelear o imaginar. Construye discurso social. (…) El mercado no sólo intenta vender productos a niños, conforma sus mundos material y simbólico. El mercado redacta el guión de la vida infantil, define qué es lo que los chicos desearán, a qué jugarán, sobre qué charlarán, sobre qué discutirán o agradecerán a sus padres, sobre qué compartirán con sus pares, qué pensarán, qué dibujarán, qué soñarán, qué pedirán a Papá Noel,” grafica Minzi.

La irrupción del mercado en su alianza con la televisión produce entonces el desplazamiento de la familia y la escuela como agentes socializadores con su carga de valores vinculados más a la generación de ganancias que a la consolidación del bien común. Según Barbero, pareciera que el mercado es el único que sabe aprovechar la inversión de sentido y el desorden cultural que hoy cataliza la juventud, y podríamos decir también la infancia. Y lo aprovecha para construir un imaginario de lo “joven”. Habla de una ruptura generacional sin parangón en la historia porque cambia la propia naturaleza del proceso: hoy son los adultos y hasta los ancianos quienes aprenden y quieren parecerse cada vez más a los jóvenes que dominan un territorio tecnoperceptivo al que los mayores no tienen acceso. Nos recuerda Barbero que durante décadas el mundo de los niños se mantuvo separado del mundo de los adultos. “Desde mediados de nuestro siglo esa separación de mundos se ha disuelto en gran medida por la acción de la televisión que, al transformar los modos de circulación de la información en el hogar rompe el cortocircuito de los filtros de autoridad parental.”

Hacernos cargo

La inclusión del artículo 17 nos permite pensar que como sociedad podemos y debemos tomar la decisión de volver a hacernos cargo. De no dejar que el mercado y la televisión como empresa comercial decidan acerca de nuestros hijos. Significa que como adultos tenemos la responsabilidad de definir contenidos y valores, y que la única salida no puede ser prohibir a nuestros hijos que vean la tele. En ese camino deberíamos tener en cuenta también algunas consideraciones, ya que se especifica en el proyecto que se deberá “promover programas de calidad” destinados a la infancia. Según las teorías más recientes de la comunicación, hoy los niños no ven “programas” en determinados “horarios”, sino que ven “la tele”, a cualquier hora, cada vez más en soledad ya que la tendencia es que tengan el televisor en su cuarto. Y tener en cuenta también que la televisión es básicamente entretenimiento. Según María Valeria Dotro “la imagen visual privilegia la comunicación humana a través de signos gestuales y no verbales que impactan más afectiva que intelectualmente.” Esta es una de las razones por las cuales la televisión permite una vía de acceso a los más chicos sin necesidad de conocer previamente ningún código, aún antes de aprender a hablar o escribir. Los investigadores suelen hablar de la “televisión real”, la que ven realmente los niños, la que aporta básicamente entretenimiento. De ahí el fracaso de los programas entendidos como “educativos” que no logran captar la atención de los chicos.

Ya que tenemos la oportunidad histórica de reflexionar y decidir acerca de una reconfiguración de nuestra niñez, deberíamos partir de bases ciertas. Podemos invertir millones que se perderán si sigue siendo Tinelli quien marque las pautas, y las madres seguiremos luchando para que nuestros hijos coman zanahoria porque para ellos “Danonino me alimenta”.

 

COMENTARIOS (13)

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Hola poly, ahora mismo estoy trabajando en lo que sere1 mi pimeer libro ilustrado, y si que es casualidad que el abuelo que dibujastes tiene algo parecido al que yo estoy haciendo... y el chico igual, tienen algunas cosas en comfan y la historia trata de un nif1o y un abuelo que hacen desastres en la sala de su casa, en algunos dias te envedo los bocetos para que veas que tengo razf3n, espero luego no digan que me he copiado de tu trabajo, que porcierto es genial... me encnata la textura en las ilustraciones, que9 te9cnica usastes?saludos genio

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