Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 04:15hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #52 Julio 2012 > Medios de Comunicación

EL CUARTO PODER EN OFFSIDE

Durante los últimos años, la sociedad argentina fue configurándose de acuerdo al relato con el que se sintió más identificada. En la actualidad, la disputa ideológica entre medios, oposición y gobierno establece diversos componentes discursivos en un escenario complejo. El “ejemplo YPF”, acerca de cómo Clarín y La Nación hostigaron a la oposición para que votara en contra de la estatización, sienta un precedente histórico entre los intereses que estos medios pretenden, frente a la defensa de los recursos nacionales impulsada desde el gobierno de CFK para el Estado argentino.


 

Por Lautaro González

 

La regla del offside en un deporte como el fútbol es clara: si un jugador se encuentra ubicado por delante de la línea defensiva del arquero rival, la jugada no tiene validez. Todo lo que suceda queda sin efecto. Si el jugador atacante convierte o tira la pelota a la tribuna da lo mismo, su posición está fuera de juego.

Al parecer, lo mismo sucede con algunos medios de comunicación en la Argentina del Bicentenario: periodistas y formadores de opinión intentan imponer a toda costa su pensamiento. Un pensamiento que desde 2003 puso en evidencia sus engranajes obsoletos en una sociedad que evoluciona hacia un país integral con los jóvenes como protagonistas principales.

En el combate por ver quién, desde el discurso, impone su visión de la realidad y su práctica ideológica, es donde se observa que los medios como Claríny La Naciónven relegadas sus posiciones. La evolución en las tecnologías de la información al alcance de los medios populares, el aumento en la práctica de la utilización de las redes sociales, la saludable aparición de nuevos medios gráficos, sumado a la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, reconfiguran la circulación y el manejo de la información en la sociedad actual. Es que la historia que escribe el pueblo consciente de los nuevos cambios de una democracia rejuvenecida, se nutre de las medidas de gobierno y el acompañamiento popular.

“Tengan su propia agenda”

El 1º de marzo de este año, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró el 130ª período de sesiones ordinarias en el Congreso. Ante la asamblea, la jefa de Estado informó acerca de los logros de su gestión y hacia el final aconsejó a la oposición. “Nuestra obligación -como gobernantes, empresarios, legisladores, dirigentes sindicales, y como titulares de movimientos sociales- es trabajar y acercar mejores ideas. No es poniéndole palos en la rueda al gobierno como se ganan las elecciones. (…) Piensen cómo los matan a todos juntos cuando no hacen lo que ellos (los medios) quieren. No se dan cuenta que muchas veces los utilizan para sus propios fines y cuando no les sirven los tiran y los critican. Tengan su propia agenda; tengan sus propias ideas, sus propios objetivos; y tengan la certeza de que si tienen razón, van a ganar”, sentenció al cierre del discurso.

Es que el mensaje estaba dirigido hacia el bloque de diputados y senadores de la oposición, aquellos que no dudan en pasearse por cualquier plataforma o soporte mediático de los grupos hegemónicos de la comunicación a fin de exponer sus posiciones políticas. A veces la comparten con los conductores de los programas, otras acuden a buscar línea.

Dos meses más tarde, el mensaje presidencial pareció surtir efecto. CFK al promulgar la expropiación de YPF le agradeció al sector opositor el apoyo a pesar de las diferencias. La amplia mayoría de votos positivos que se lograron en el Parlamento “como jamás había sucedido desde 2003 a la fecha”, avala los hechos.

La política le ganó a los medios

Cuando los directivos de Claríny La Naciónse dieron cuenta de que no lograban tener injerencia en el arco opositor para torcer la votación por la estatización de YPF, el mundo se les vino abajo. Días antes la sociedad argentina asistió al acto más cruel de presión mediática explícitamente expuesto por los medios que conforman el monopolio o adhieren a él. Conductores y periodistas, desde sus tribunas de papel y mesas acartonadas de la televisión, reprocharon la actitud de la oposición. Refunfuñaron acerca de por qué no votaron en contra y hasta varias veces los tildaron de “miedosos”.

Si bien la Cámara de Diputados, con 208 votos a favor, 32 en contra y 5 abstenciones, aprobó la estatización del 51 % del paquete accionario repartido entre el Estado nacional y las provincias, lo que se mostró a las claras fue la operatoria que realizaron Clarín y La Nación para desestabilizar nuevamente al gobierno.

El diario de la corneta espetó que “la oposición se dividió y terminó pagando un costo alto”, mientras que Morales Solá criticó severamente al radicalismo, que “podría haber hecho un proyecto propio de expropiación respetando los mecanismos de la Constitución”. Sin embargo, la mayoría de la oposición, salvo el Pro y otras fuerzas menores, se pronunció a favor de la medida.

Así dejaron fuera de juego a Claríny La Nación. Este offsidede los medios tiene que ver con las posiciones que ellos mismos sostienen, ya no puertas adentro, sino explícitamente desde sus filas y con todo el poder mediático que los caracteriza: una Argentina construida con mirada eurocentrista y decididamente anti latinoamericanista, un país que tenga poca o nula intervención del Estado y con el capital trasnacional como bandera en detrimento de la diversidad cultural y el crecimiento de las mayorías populares.

A las mentiras ya ni patas le quedan

El punto, entonces, es alertarnos, persistir y luchar. Seamos conscientes que lo expresado por los grandes medios es mentira. Y seamos conscientes también que esos medios constituyen un relato, y construyen desde esa estructura las verdades que luego imponen a la sociedad en beneficio de sus propios intereses.

Las últimas operaciones mediáticas, desde Malvinas -dándole la voz al gobierno británico, a los kelpers y no a los ex combatientes- hasta el caso YPF, indican claramente que tienen un problema. No pueden esparcir e imponer su criterio de verdad. Es que la sociedad argentina hace rato se sacó las anteojeras y ya no les cree tanto. Además, con la intervención popular en las redes sociales, la utilización de las nuevas tecnologías y el reacomodamiento económico y social de los últimos tiempos, la pasividad de los ciudadanos prácticamente ha desaparecido.

A modo de continuar con la comparación de la jerga futbolera, Clarín y La Nación se quedaron sin recambio. La ausencia se observa en toda su estructura: la directora técnica y su ayudante de campo están duramente cuestionados por el robo de bebés durante la última dictadura militar y por Papel Prensa, el banco de suplentes brilla por sus ausencias -no quedan tantos juveniles en la cantera- y sus 9 quedaron viejos y obsoletos. Ni hablar de algunos de sus “enganches”, que hacen periodismo de investigación con las redes sociales sin conocer en profundidad cómo se utilizan. Las identidades falsas se crearon desde el inicio de la humanidad, cómo iban a estar ausentes de algo tan flexible como las redes sociales. No descubrieron nada, muchachos.

Walter Formento, director del Centro de Investigación en Política y Economía (CIEPE) es claro al respecto: “acuñan al Proyecto Financiero Global Agro-Exportador como refugio de sus ideas e intereses, anteponiéndolo al Proyecto Nacional del Trabajo y la Producción”. Es desde ese lugar donde Mariano Grondona, Lanata y compañía, observan y piensan cómo conducir el proceso y reconstruir su fuerza en al afán de persuadir a organizaciones políticas para golpear tanto por derecha como izquierda.

“El escenario a construir por la oposición -continúa Formento- es un viejo conocido de 1973-75: azuzar la puja distributiva para que el frente político entre Trabajo, Producción y Estado se enfrente entre sí por contradicciones secundarias, se fracture y se debilite la fuerza política social que sostiene el proyecto nacional popular y latinoamericano, y quede en condiciones para ser subordinado nuevamente por el Frente Financiero Imperial”.

El rumbo es claro: la emancipación de los pueblos a través de la justicia social, política y económica. Es el pueblo organizado que marca su futuro tanto en las calles como en el Parlamento, y es a través de las acciones colectivas como se configura la continuidad del relato popular frente al relato mediático financiero e imperial. Es la clave para la continuidad del modelo. Es la lucha popular organizada frente a la avanzada de las corporaciones trasnacionales por sobre la independencia de las poblaciones del mundo. 

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