Lunes 29 de Mayo de 2017 - 06:38hs. - República Argentina Edición # 1690

Revista #53 Septiembre 2012 > MUSICA

EL ASIMÉTRICO A PRUEBA DE BALAS

Raúl Carnota se hizo músico después de casi perder el cráneo en un accidente. Por tener la cabeza a prueba de balas, fue uno de los que, abucheado por los tradicionalistas, sigue renovando con las mejores letras y melodías el cancionero de la música popular


 

Por Juan Mannarino

El joven, nacido en Almagro y criado en Mar del Plata, soñaba con ser veterinario. Se imaginaba dando vacunas a los caballos y curando la sarna de algún perro callejero. Nunca había pensado, sin embargo, que el herido sería él y que la vida le daría un vuelco inesperado. Tenía 19 años cuando, por un accidente, se fracturó el cráneo. Después de salvarlo, los médicos fueron contundentes: si quería seguir vivo, no podía salir de su casa por tres años.

Raúl agarró una guitarra que le había regalado su padre y aprendió a tocar los primeros acordes, animando los fogones en los campos de los amigos. “Cuando venían los turistas a Mar del Plata, me iba rajando al campo. Había caballos, silencio, historias míticas. La música era un hobby y pasó a ocupar el lugar principal de mi vida”, dice el que ahora es uno de los compositores más importantes de la música nacional.

Anochece y Raúl Carnota, sentado en el fondo de un bar de San Telmo que se ubica a dos cuadras de su casa, está inquieto. Todavía le falta repasar unas clases teóricas sobre música popular argentina que dará en Trelew, invitado por una escuela de arte. Solitario y en penumbras, acechado por melodías de algún pueblo lejano del país, piensa en zambas, en chacareras, en tonadas, en milongas. Un inmenso caudal que ese porteño capaz de haber escrito uno de los himnos más célebres de Santiago del Estero (“Grito Santiagueño”) sigue dejando fluir en espejos que devuelven una imagen duplicada. La de un hombre de ciudad fascinado por esos caminos de espina y sal como los de Quimilí (“Camino hacia Quimilí”), por los ranchos de adobe a dos aguas (“Artesano del silencio”), un canto que sabe acariciar (“Como la luz de un talismán”), llorar (“Desandando”) y festejar (“Hasta el otro carnaval”).

“Mi último disco, Runa (2010, Cd más Dvd), es una vuelta a la escena rural. Quería retornar a lo íntimo que suenan una voz y una guitarra. Es un salpicado de todos mis temas, un repaso por mi carrera”, destaca. También le canta a las desdichas (“Gatito e las penas”, uno de sus clásicos), a los enigmas de la tierra, a los desengaños, a los personajes soñadores de los pueblos remotos, como Doña Encarnación Velázquez, La rosa perenne que “repite su Rosario mirando por la ventana sus jazmines y geranios perdida en la fantasía de castillos y palacios” o al anónimo intelectual de “Chacarera del pensador” que dice “me acusan que soy vago, que el trabajo me asusta, yo sufro por mi vocación, sólo pensar me gusta”.

 Lo nuestro no es nuestro

La canción popular, para Carnota, es la combinación perfecta entre letra y melodía.

 -¿Dónde está el poder de una canción?

- Siempre me consideré un artesano de la canción, me gusta eso. No sirve tener una buena letra y una melodía mala, o viceversa. Una cosa lleva a la otra, es una simbiosis. La composición es cosa seria, un trabajo de horas, días y años. En la canción hay un nivel poético, un nivel musical. Pero también puede ser un negocio interesante, hay tipos que sacan un hit y facturan fortunas en Sadaic. Hoy entendemos que cualquiera saca un tema con la fórmula conocida, siempre la misma, del amor, de lo romanticoide.

 -¿Y vos con qué te identificás?

- Soy un letrista con buenas intenciones. Me considero heredero de esa tradición que combinó grandes poetas con grandes músicos, te nombro a Jaime Dávalos, a Homero Manzi, a Ariel Petrocelli, a Discépolo, pero hay miles más. No tengo problema en decir que hago música argentina. Soy compositor, autor, intérprete y arreglador.

 -¿Qué es la música popular argentina? ¿Cómo definirla?

- Cuando hablamos de la música popular tenemos que hablar en plural. Lo nuestro, en realidad, no es nuestro. Tenemos seis zonas de influencia (Noroeste, Centro, Litoral, Cuyo, La Pampa y La Patagonia), pero es más una división política que cultural, porque en lo cultural está todo interrelacionado. Nuestra música es toda fusión: la chacarera tiene una influencia de la marinera peruana, y ésta tiene origen africano, era sólo tambores y después los españoles le pusieron guitarra. ¿El candombe es uruguayo? No, es africano. ¿La chacarera es santiagueña? No, es producto de la mezcla de las culturas.

 -Con el tema “La asimétrica” (“Yo sólo sé tocar lo que me sale del corazón…”) ya sentabas tu posición dentro de la música popular...

- Cuando empecé a laburar acompañaba con la guitarra a todo tipo de cantantes, escuché mucho Los Beatles, Zappa, la música brasileña, el jazz. Pero también estaban Los Chalchaleros, y me quedé con la música argentina porque había más cosas para inventar dentro de lo que ya se conocía. No fue un camino fácil. En los ´80, salvo Saluzzi y el Chango Farías Gómez, casi todas las formaciones eran tres guitarras y un bombo.

 -Los folkloristas nunca aceptaron mucho tu música...

- Nunca me importó eso, porque siempre fui muy inquieto y tuve una verdadera intención de aprender cuando me colaba en las peñas y tocaba con tipos de todas las provincias. Si vos no subestimás a nadie, podés aprender de todos. Nosotros, que éramos rubios, porteños y metíamos guitarra eléctrica, quisimos renovar las raíces con nuevas combinaciones armónicas en las viejas melodías. Es como cuando se pinta un cuadro: usás los 7 colores o indagás un poco más y ampliás la paleta. Yo tengo la ventaja de tener sangre vasca: la cabeza me funciona a prueba de balas.

 Dejar todo en el escenario

Carnota toca y compone hace más de cuarenta años. Entre 1968 y 1980 fue músico acompañante de Los Huanca Hua, de Adolfo Abalos, Susana Rinaldi, Hamlet Lima Quintana y Armando Tejada Gómez. Invitado como músico en el disco “Como un pájaro libre” (1982) de Mercedes Sosa, saltó a la fama cuando grabó con ella “Salamanqueando pa´ mí” y “Grito Santiagueño”. Después fue solista, creó tríos, cuartetos y hasta compuso música para teatro y televisión (fue productor musical del ciclo “Clemente y sus hinchadas”).

 -¿Qué te falta hacer?

- El único desafío que me queda es hacer música de cine. ¡Hice todo menos eso! La música o la falta de música en las películas es muy importante. Federico Fellini era un monstruo, hasta componía la banda sonora de su cine. Lo mismo hizo Charles Chaplin. La verdad, cuando pienso en ellos me siento muy gusano al lado de esos tipos...

-¿Qué tipo de músico te llega?

- Aquellos que no son virtuosos ni solemnes. Al Di Meola es un chorreo de técnica, pero a mí no me llega. Será un cinturón negro de la guitarra pero prefiero a John Mc Laughlin, que es técnica y espíritu, te transmite por otro canal. Me conmueve alguien que sube al escenario y deja todo por transmitir una sensibilidad. Te nombro a Dino Saluzzi, a Lucho Hoyos, a Juan Falú, a Rubén Juárez, a Joao Bosco. Ellos me movilizan.

 -¿Qué pensás de la nueva generación de músicos argentinos?

- Es extraordinaria. Hay músicos nuevos que le están dando nivel a la música popular. En parte, porque tienen una formación que nosotros no pudimos tener cuando arrancábamos. Aprovechan las escuelas populares, como la de Avellaneda o la de Rosario, estudian en la facultad. Fijate lo que lograron un Negro (Carlos) Aguirre, un Juan Quintero. Hoy, por suerte, hay otros espacios para formarse y para laburar. Y pensar que no hace mucho me tuve que ir a Estados Unidos por falta de trabajo.

 -¿Qué riesgos debe tomar un músico popular?

- El músico no es como el trapecista, que practica tres piruetas antes de hacer la pirueta principal. La música es como hablar. Los silencios, las pausas, quizás son más importantes que lo que se dice. Porque todo es parte de un conjunto de gestos, de respiraciones, de colores. El riesgo es encontrar una voz en toda esa complejidad y transmitirla con sencillez.

 -¿Qué le dirías a alguien que está empezando a tocar y componer?

- Soy enemigo de dar consejos, cada cual tiene que seguir su propio camino. Sólo diría que no se dejen influenciar, en el mal sentido del término. Que crean en lo que hagan. Si pierden o fracasan, seguramente no los salva nadie, pero perder o fracasar no es nada si uno está convencido sobre lo que está diciendo. Que busquen su propio público, que no se engañen con las modas ni quieran ser masivos para complacer a la industria musical. Es un largo camino, no depende de los premios y los reconocimientos. Hay mucho músico desvelado por entrar en lo comercial, es un esfuerzo inútil. Yo me siento feliz con lo que hago, no necesito más y eso que durante mucho tiempo me inventé la producción, todo muy a pulmón, grabando en los peores estudios ¿De qué me puedo quejar? Hago y vivo de lo que quiero

COMENTARIOS (2)

Leer todos los comentarios
take a look at it!

eypQxP Thanks a lot for the blog.Really looking forward to read more. Keep writing.

xwevoCXbWgCBcMig

I see, I spuopse that would have to be the case.

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.