Lunes 29 de Mayo de 2017 - 06:23hs. - República Argentina Edición # 1690

Revista #41 Agosto 2010 > Politica Nacional

La contienda

El próximo 23 de septiembre casi un millón y medio de afiliados a la Central de Trabajadores Argentinos elegirá por medio del voto directo y secreto a un total de 16.800 cargos locales, regionales, provinciales y nacionales.


Elecciones en la CTA

Por Fernando M. López

La particularidad del proceso pasa por una fuerte disputa luego de la división de la histórica Agrupación Germán Abdala, que se expresa en las candidaturas del actual secretario general de la CTA, Hugo Yasky, que va por la reelección, y del secretario general de ATE-Nacional, Pablo Micheli, quien con el respaldo de Víctor De Gennaro busca imprimir un cambio de rumbo en la central.

Ambos aseguran defender la autonomía y reivindican los intereses de la clase trabajadora en una organización que nació al calor de la resistencia popular y la lucha contra el neoliberalismo. Pero las diferencias internas no son menores. De hecho, determinaron que, por primera vez desde la fundación de la CTA, dos poderosas listas se lanzaran al enfrentamiento abierto.

“Una central de trabajadores no puede formar parte de un entramado político opositor, convertirse en una piecita más de un engranaje donde terminemos siendo furgón de cola de las políticas de distintos sectores, en muchos casos de la burguesía”, plantea Yasky para describir uno de los contrastes.

Del otro lado, Micheli cuestiona el acercamiento de la actual conducción al kirchnerismo, denuncia que “el Gobierno quiere a la CTA para disolverla en la CGT” y sostiene que la Casa Rosada se quedó a mitad de camino.

“Yasky cree que hay que estar bien con este gobierno porque es lo mejor que le pudo pasar a la Argentina y que a la izquierda sólo hay una pared. Pero para nosotros no es así. No es lo mismo gobernar el país rodeado de presidentes neoliberales que de presidentes como Evo Morales, Lula da Silva, Hugo Chávez, José Mujica, Rafael Correa. Y con esto quiero decir que hay condiciones para hacer una profunda transformación del Estado y una distribución equitativa de la riqueza llegando al fondo de las necesidades del pueblo. Pero los Kirchner no se animan”, dice el dirigente.

Éstos son apenas fragmentos de las entrevistas que 2010 mantuvo con los candidatos de la CTA en la intimidad de sus despachos, donde abundaron sobre las concepciones contrapuestas que hoy los ponen en caminos separados.

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Hugo Yasky

“No se puede pensar que quien tiene la mayor cantidad de dinero es dueño de una central”


El actual titular de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) irá por su reelección con la lista 10 (Celeste y Blanca), que cuenta, entre otras organizaciones, con el apoyo de Stella Maldonado, secretaria general de la CTERA, el gremio con mayor números de afiliados en la CTA.

Hugo Yasky es un dirigente docente de larga data. Comenzó su militancia a principio de la década del ’70 y ejerció como delegado de escuela hasta que fue cesanteado por la dictadura. Volvió a al ruedo sindical con la restitución de la democracia, llegó a ocupar la secretaría general de SUTEBA y luego la conducción de la CTA bonaerense. Desde 2006 es titular de la CTA a nivel nacional.

¿Cómo sintetizaría sus cuatro años de gestión al frente de la central?

Fueron cuatro años en los que logramos ocupar un espacio importante en el debate político nacional, pudimos posicionarnos como expresión de una parte del movimiento popular y de la clase trabajadora argentina. Legitimamos la palabra y la presencia de la CTA en la discusión de las políticas públicas, sin ser simplemente una expresión testimonial, tomando partido en los momentos en que hubo que definir políticas desde el campo popular para pararnos en la disputa nacional contra los grupos económicos, los grandes medios de comunicación, la jerarquía eclesiástica, los sectores vinculados al poder económico concentrado, la burguesía agraria. Es decir, supimos tener autonomía respecto del gobierno, de los partidos políticos, pero no fuimos neutrales en los momentos en los que la divisoria de aguas ponía de un lado los intereses de los sectores populares y del otro los de los grupos del poder fáctico.

¿Cuál sería la autocrítica?

No haber podido profundizar el avance en la consolidación de una federación que agrupara a todos los trabajadores del sector privado. Hemos dado pasos importantes, pero creemos que todavía estamos lejos. Es una asignatura pendiente para nuestro próximo mandato. La CTA también tiene en el haber la necesidad de reconstituir un espacio en el que la formación de cuadros se desarrolle como una iniciativa nacional, no sólo focalizada en torno a algunos sindicatos, sobre todo de la Capital Federal.

Imagino que deben manejar algunas proyecciones de cara al 23 de septiembre

Tenemos un entramado potente de fuerzas que representan nuestra propuesta, como en Santa Fe, Buenos Aires, el NEA (Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones) y algunos lugares de la Patagonia, donde vamos a hacer una buena elección. En general, tenemos una expectativa positiva respecto de los resultados electorales, aunque al mismo tiempo sabemos que va a ser un proceso difícil, enturbiado por la permanente apelación de los compañeros del otro sector a los golpes bajos. Pablo Michelli nos ha a acusado, por ejemplo, de querer entregarle la CTA al Gobierno nacional. Es decir, hay un sector que se considera dueño de la CTA bajo una visión patrimonialista que forma parte de las deformaciones del movimiento sindical. No se puede pensar que quien tiene la mayor cantidad de dinero y el mayor aparato es dueño de una central.
 
A usted lo acusan de kirchnerista y de este lado cuestionan las alianzas políticas de Víctor De Genaro. ¿Hay detrás de las elecciones en la CTA un debate de fondo político-partidario?

No exactamente así. Lo que existe es la confrontación entre dos concepciones contrapuestas en lo que se refiere al modelo de central. Una central de trabajadores no puede formar parte de un entramado político opositor, convertirse en una piecita más de un engranaje donde terminemos siendo furgón de cola de las políticas de distintos sectores, en muchos casos de la burguesía, como observamos en las alianzas que se tejen en lo que se denominó el Grupo A. Una central tiene que tener una real autonomía del Gobierno, pero también de esos engranajes opositores, y máxime en un tiempo como éste en el que ser opositor no significa necesariamente tener rasgos de progresismo en términos políticos, como sí ocurría en tiempos de (Carlos) Menem. En ese entonces, ser opositor definía un posicionamiento político claro. Hoy uno puede ser un acérrimo opositor al Gobierno y un reverendo exponente de la derecha. La central debe ser un instrumento de la clase trabajadora y debe ser una central movimientista, que sume movimientos sociales, organizaciones sindicales, militancia barrial… para ser capaz de ir sumando capas que le den cada vez más consistencia y volumen, y no convertirse en una central expulsiva que intente regimentar todo detrás de un solo proyecto político, que intente subordinar la diversidad de pensamiento a una sola mirada.

¿Éste fue el principal motivo de la división de lo que históricamente fue la agrupación Germán Abdala?

Sí, precisamente fue lo que generó la grieta y constituye la gran diferencia con los compañeros que hoy son nuestros adversarios en la contienda electoral. Nosotros no creemos en una central que se tenga que uniformar detrás de un pensamiento único al servicio de la construcción de una alternativa de oposición. Creemos, por el contrario, en una central con autonomía y que sea capaz de bancar lo que haya que bancar cuando estén en juego avances para el campo popular, porque si no uno escupe contra el viento. Cuando apareció la posibilidad de salir a pelear por una vieja bandera de lucha nuestra, como fue la recuperación del sistema jubilatorio para el sector público, había que salir a bancarla; cuando se consustanció algo por lo que peleamos durante años, una nueva ley de medios, había que elegir entre tener una actitud oportunista y esconderse para después poder seguir pasando por los grandes medios de comunicación, o ponerse de pie para bancar la democratización de los medios; cuando surgió lo de la (resolución) 125 también hubo divisoria de aguas.

¿Cuáles fueron las diferencias en este último caso?

Para De Genaro, los cortes de ruta liderados por la burguesía agraria eran una pueblada, un movimiento popular que cuestionaba a un gobierno carente de credibilidad. De Genaro terminó haciendo un acto para reivindicar al titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, y nosotros terminamos marchando en apoyo de las políticas de retenciones con segmentaciones que favorecieran a los sectores de pequeños y medianos productores, y lo hicimos junto al movimiento campesino, a la Tupac Amaru, a los compañeros del MTL, los sindicatos y otras organizaciones.

En algún momento se habló de un posible acercamiento o de negociaciones para tratar de llegar a las elecciones con una lista unificada. ¿Esto fue así?

Ni siquiera existió la posibilidad de iniciar una discusión. El espacio que lidera De Genaro convocó a un plenario en el mes de marzo en Villa Constitución con un punto de partida claro: la proscripción de Yasky como para poder comenzar a hablar de la formación de una lista, con lo cual quedaron cerrados todos los caminos desde entonces.

¿Por qué hasta ahora la CTA no logró alcanzar el reclamo histórico de la personería gremial?


Hay una cadena muy fuerte de intereses en común que se constituye en un obstáculo insalvable para avanzar en el objetivo. Desde ya que hay una responsabilidad primaria del Gobierno porque es la autoridad de aplicación, pero también hay intereses muy fuertes de los grupos empresarios que no quieren que haya más libertad y democracia sindical en la Argentina. Lo que hoy ya existe, que es un movimiento sindical bastante tutelado, bastante atado en sus movimientos, les resulta demasiado. Ellos aspiran a un sindicalismo más adormecido. Por eso no quieren que haya una central de trabajadores que tenga legalidad plena. Y también hay una parte importante de la dirigencia del viejo modelo sindical en la CGT, que obtura cuanto camino se pueda abrir para tratar de avanzar en un esquema que esté más acorde al fallo de la Corte Suprema y con lo que establece la OIT (Organización Internacional del Trabajo), en cuanto a dar el mismo derecho en términos de legalidad a las organizaciones que tienen personería y a las que no lo tienen. No se trata de atomizar y dividir, sino de obtener una igualdad de derechos.

Moyano hace poco dijo que no tenía problemas en que se le otorgara la personería gremial a la CTA, pero que para eso había que reformar la legislación sindical y que cada gobierno que había intentado tocarla le había ido muy mal. ¿Cómo interpreta esta ambigüedad?

Sí, es contradictorio lo de Moyano y me parece que incurre en un error político porque, una cosa era cuestionar el derecho a la legalidad de la CTA hace diez años y otra cosa es cuestionarlo ahora. La CTA hoy forma parte del entramado de fuerzas de la clase trabajadora y esto no tiene retorno. La CTA es convocada en el Consejo del Salario, en el Congreso, en la OIT... Por eso creo que Moyano y parte de la CGT cometen un gran error, pero bueno es parte de un proceso. Eva Perón decía que para los trabajadores todos los derechos se conquistan con luchas, nadie nos va a regalar nada. La CTA apareció como respuesta ante la emergencia de una nueva estructura de la clase trabajadora en la Argentina y en el mundo. Nosotros construimos otro modelo, con otra política, pero esto no significa que cuando haya que ponerse al frente de las demandas laborales busquemos la unidad en la acción, como lo hicimos con la CGT frente a los despidos de 27 compañeros en el grupo Vila-Manzano. Para la conciencia de la clase trabajadora la unidad en la acción no se discute, aunque uno mantenga las diferencias.

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Pablo Micheli

“Nadie puede decir que nosotros le hacemos el juego a la derecha”

El secretario general de ATE-Nacional fue proclamado como candidato para la conducción de la CTA en un plenario en el microestadio de Ferro el pasado 31 de julio. Representa a la lista 1 de la Agrupación Germán Abdala y tiene el respaldo de un histórico de la central, Víctor De Genaro, quien dejará la Secretaría de Relaciones Institucionales para dedicarse a su proyecto partidario, Unidad Popular.

Desde hace casi ocho años, Pablo Micheli encabeza uno de los gremios más poderosos de la CTA. La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) cuenta con unos 220 mil afiliados, alrededor de 80 mil menos que la CTERA. Sin embargo, en términos económicos, es el sindicato que mayor cantidad de fondos aporta al presupuesto de la central.

Recuperado de una extraña enfermedad que lo llevó al borde de la muerte, Micheli aceptó ahora el desafío de disputar la secretaría general de la CTA para suceder a Hugo Yasky. En la contienda no sólo lo apoya De Genaro y la mayoría de los estatales, también tiene el respaldo del titular de la CTA bonaerense, Hugo “Cachorro” Godoy, y de varios referentes de organizaciones sociales.

¿Cuáles son los ejes de su propuesta como candidato?

Nosotros planteamos que hay que recuperar los principios fundamentales de la CTA, que hoy están en riesgo. Uno de ellos es la autonomía frente al Gobierno, a los partidos políticos y a los grupos económicos. Por otra parte, hay que reafirmar la concepción de central de trabajadores sobre la concepción de central sindical. Yo soy secretario general de uno de los sindicatos más importantes de la Argentina, pero creo que los problemas de los trabajadores no se resuelven desde la corporación, se resuelven con la participación de una amplia gama de sectores. Esta central nace precisamente como una expresión del movimiento social, no sólo sindical. Es importante tener en cuenta la incorporación de todos estos sectores en un lugar de igualdad. Esto nos diferencia mucho del grupo de Hugo Yasky, que tiene mayor afinidad con una central sindical que con una de nuevo tipo, que sea de masas, con cuatro o cinco millones de afiliados. Hablamos, además, de una central cuya unidad no esté determinada por la reunión de los dirigentes de la CGT y la CTA. Esa no es la unidad de los trabajadores, es la unidad de las cúpulas.

Para criticar a la actual conducción, ustedes hablaron de “entrega”. ¿Con esto quisieron decir que Yasky está entregando la CTA al Gobierno?

Hay algo que tiene que quedar claro: ésta es una disputa entre compañeros del campo popular. No hablamos de Yasky como del enemigo, ni nada por el estilo. Pero no podemos saldar las diferencias echándolas debajo de la alfombra. Por algo creamos una central que tiene voto directo y secreto de sus afiliados, una central única en el mundo. Que un millón y medio de trabajadores y trabajadoras puedan decidir por una propuesta es motivo de orgullo y la mejor forma de resolver el problema. Entonces, no es que Yasky sea un entregador, simplemente cree que hay que estar bien con este gobierno porque es lo mejor que le pudo pasar a la Argentina y que a la izquierda sólo hay una pared. Pero para nosotros no es así. No es lo mismo gobernar el país rodeado de presidentes neoliberales que de presidentes como Evo Morales, Lula da Silva, Hugo Chávez, José Mujica, Rafael Correa. Y con esto quiero decir que hay condiciones en Argentina para hacer una profunda transformación del Estado y una distribución equitativa de la riqueza llegando al fondo de las necesidades del pueblo. Pero los Kirchner no se animan.

¿Por qué no se animan?

Por su propia concepción ideológica, porque les conviene andar bien con empresas como la Barrick Gold. Y les va bien, a ellos, que se han enriquecido. ¿O no han aumentado su patrimonio? Mientras la espada libertaria de Bolívar recorre América Latina, mientras el momento da para hacer tantas cosas en la Argentina, construir una sociedad más digna en serio, estos tipos no sólo no se animan, ponen a Héctor Timerman como ministro de Relaciones Exteriores, un representante de los grupos más concentrados de poder del Estado de Israel. Hay muchos compañeros seducidos por lo que ha hecho este gobierno en materia de derechos humanos que me decían “pero cómo le vas a hacer un paro a Kirchner”, “como vas a movilizar”. La mejor manera de fortalecer gobiernos populares es respaldando o reclamando transformaciones a través de la movilización. Por que si no, ¿cómo es la historia? ¿Tengo que pensar que, como hay un gobierno popular, debo quedarme sentado en mi casa? ¿Esa es la concepción de profundizar la democracia, desmovilizando al pueblo, no creyendo en la organización popular? Claro, así después gana la derecha.

¿Qué expectativas tienen para el 23 de septiembre?

Hemos recorrido el país, visitado a más de 30 mil compañeros y compañeras, realizamos un acto en Ferro multitudinario, y por lo que hemos comprobado, la mayoría de los afiliados están con nuestra propuesta. Y no se trata sólo de una expresión de deseo, porque los compañeros jamás van a aceptar que la CTA haga seguidismo del gobierno de turno. Para eso estarían en la CGT. Y jamás van a aceptar que la CTA sea igual a la CGT.

Según Yasky, nunca hubo posibilidad de consensuar una lista unificada de la Germán Abdala

Estuvimos charlando, pero ellos vinieron desde un primer momento con una imposición: Yasky secretario general. En esas condiciones no se podía seguir discutiendo. No hubo forma. Y entonces empezaron a pintar las paredes. Pintaban “Yasky conducción” con una concepción muy 62 Organizaciones, algo que no tiene nada que ver con la CTA. La expresión de la central no es el nombre y el apellido de un dirigente, son las políticas, los proyectos, nuestra presencia en las calles, la construcción. Cuando hubo alguna posibilidad de ir en una lista de unidad, en realidad fue el Gobierno el que lo impidió. El gobierno quiere a la CTA para disolverla en la CGT.

Más allá de la disputa electoral, ¿qué le reconocen al actual titular de la CTA?

No es mucho lo que le pueda reconocer a Hugo… Es un compañero honesto, porque acá no ha habido malversación de fondos, ni nada de eso, pero él tiene una concepción ligada a la construcción sindicalera y nosotros una concepción política ligada al movimiento, más amplia. Hugo tiene problemas para ir a muchas provincias, para mostrarse en actos y movilizaciones. Se siente mucho más cómodo en actos de organizaciones ligadas al kirchnerismo que un acto de docentes del interior. Por eso estuvo ausente en los conflictos docentes de Tierra del Fuego, Río Negro, Neuquén, y de Santa Cruz ni hablar.

¿Cómo responden a los cuestionamientos que les hacen por el proyecto partidario y las alianzas políticas de Víctor De Genaro?

Efectivamente Víctor está construyendo un partido político en la provincia de Buenos Aires, está cercano a Proyecto Sur, a Margarita Stolbizer, al Socialismo, a Luis Juez... y tiene derecho. Pero, para eso, Víctor tomó una decisión: no ocupar cargo alguno en la CTA. Y él no es cualquiera en la CTA. Se sabe lo que significa Víctor, que él formó parte junto a Germán Abdala de la hazaña de crear una central cuando acá se anunciaba la muerte de las ideologías, el sálvese quien pueda de la mano del menemismo, rodeado de gobiernos neoliberales en América Latina. Pensar que Víctor quiere ahora llevar a la CTA a un partido político no resiste ningún análisis. Es una mentira burda.

Otra de las críticas lo acusa de apoyar a cierto sector de la burguesía agraria

Otra mentira. Lo dicen porque Eduardo Buzzi vino al anfiteatro de ATE. Buzzi quiso explicarnos por qué la Federación Agraria estaba con la Mesa de Enlace. Vino, pero le fue muy mal. Nuestros delegados fueron durísimos con él. Ahora, no nos olvidemos que pocas semanas antes del conflicto agropecuario (Carlos) Heller, Yasky, (Martín) Sabbatella y Buzzi hicieron un acto juntos en Ferro. No me lo contó nadie, yo fui a ese acto. Cuando comenzó el conflicto, Buzzi pasó a ser el enemigo público número 1 y nosotros nos resistíamos a pensar que alguien que durante 15 años venía construyendo con la CTA fuera el enemigo. Por lo tanto, cuando pidió venir a explicar su postura, le dimos la oportunidad. Fue el único acercamiento que tuvimos. No fuimos a ningún acto de la FAA, ni del campo, pero tampoco fuimos a ningún acto del Gobierno. Porque la discusión, como estaba planteada, no la compartíamos. Claudio Lozano salió a denunciar el negociado que estaban haciendo con las exportadoras de cereales, donde miles de millones de dólares se esfumaron en medio de la discusión, y nadie dijo nada. Entonces, nadie puede decir que nosotros le hacemos el juego a la derecha.

Muchos medios ya especulan con una fractura de la CTA, más allá de quien obtenga el triunfo en las elecciones.

La CTA no se va a fracturar. La CTA va a existir más allá de Yasky, De Genaro, Micheli o quien fuere. La CTA es una realidad que ya no se puede desconocer. ¿A dónde van a ir los docentes de Yasky si pierden? ¿A la CGT? ¿Alguien podría creer que ATE pase a la CGT? Como secretario general de ATE ya me he comprometido públicamente a quedarme en la CTA, con la misma cantidad de recursos humanos y económicos que aportamos actualmente. Nosotros tenemos unos 220 mil afiliados y, en términos económicos, somos el gremio que más dinero aporta a la central. Del presupuesto general de la CTA, el 75 por ciento lo aporta ATE. Y si perdemos no nos vamos, porque cómo vamos a regalar una central que nos costó tanto sacrificio.

¿Cuál es su impresión sobre la personería gremial que le vienen negando desde hace tanto tiempo?

Sería fácil decir que el Gobierno no puede darnos la personería porque Hugo Moyano lo presiona. Néstor Kirchner es el jefe de Moyano y, por lo tanto, me cuesta creer que por este tema la CGT llegue a hacer un paro nacional para tumbar al Gobierno. Eso funcionaba en otros tiempos, ahora no pueden hacerlo. La razón por la que no existe libertad ni de democracia sindical en la Argentina es porque el Gobierno tiene una concepción ideológica que se inclina por el unicato sindical, el pensamiento único y el partido único. Por eso a los que piensan distintos los deja afuera. Un ejemplo: ATE no estuvo de acuerdo con el aumento salarial del 20 por ciento que se impuso en las paritarias. ¿Qué hizo la presidenta (Cristina Fernández)? Lo anunció con Andrés Rodríguez, secretario general de UPCN. ATE afuera, a pesar de que hay una ley que dice que tiene que haber acuerdo de los dos gremios. ¿Cuál es la lógica? Si queremos estar ahí, tenemos que decir “Sí, wana”. Nosotros peleamos contra el menemismo, contra la dictadura, ¿y ahora vamos a venir a arrodillarnos? No. Si este gobierno es popular, debería tenernos en cuenta.
 

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matzcrorkz

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matzcrorkz

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