Martes 22 de Agosto de 2017 - 11:46hs. - República Argentina Edición # 1775

Revista #19 Junio 2008 > Politica Nacional

“Salgamos a decir lo que pensamos”

Carta abierta y la irrupción de los intelectuales en la política. Entrevista con Ricardo Forster.


Por Federico Martelli

El conflicto con las entidades rurales generó un reordenamiento del espacio político, social e intelectual que hasta hace unos meses era impensado.
Tras el voto negativo de Julio Cobos en la madrugada del Senado, quedan expuestos los nuevos actores surgidos al calor del conflicto económico, político e ideológico más importante de los últimos 25 años.

Antes de este conflicto no estaban ahí, no tenían visibilidad ni formaban parte de la agenda política. Hoy, la nueva derecha militante, los movimientos campesinos y agrarios pobres del norte, la juventud y los intelectuales han, cada uno a su modo, ganado protagonismo a partir de la intervención en el conflicto.

La irrupción de Carta Abierta rompió la inacción de los intelectuales críticos frente a la coyuntura política. Convocados originalmente en la Biblioteca Nacional, el fenómeno se expandió por todo el país y reunió miles de adhesiones.

Publicaron, con formato de manifiesto, cartas y documentos de análisis político, marcharon junto al movimiento obrero a la Plaza de los Dos Congresos y fueron escuchados en el Senado.

2010 conversó con el filósofo Ricardo Forster y con el sociólogo Carlos Girotti, impulsores del espacio, para analizar la etapa política, los alcances de Carta Abierta y el futuro del gobierno de Cristina Fernández.

¿Cómo surge Carta Abierta?

Surge claramente como un hecho coyuntural a partir del conflicto desatado por el lock out patronal agrario. Fue una iniciativa de un puñadito de viejos amigos, como Nicolás Casullo y Horacio González, mediante llamadas telefónicas, urgidos y preocupados por un escenario político que se complicaba y dijimos: algo hay que hacer.  Salgamos a decir lo que pensamos, usemos nuestra palabra públicamente contra esta derecha que está naciendo, demos nuestro apoyo al gobierno de Cristina Fernández.
A partir de ahí, hicimos una reunión en la Biblioteca Nacional, por lo que podía representar simbólicamente para el mundo de la cultura recuperar una perspectiva popular democrática. Decidimos hacer una reunión más ampliada y para nuestra sorpresa, de 20 que pensábamos que iban a ser, llegaron 70 personas, descubriendo que durante estos últimos años  la experiencia abierta por el gobierno de Néstor Kirchner nos había recolocado en cierta visibilidad de lo político; yo diría en cierto giro hacia cuestiones que parecían clausuradas, ya saldadas, incluso en las tradiciones ideológico intelectuales. Muchas personas que llegaron a Carta Abierta generacionalmente provienen de los años 60 o 70. Yo soy casi una excepción joven, tengo casi 50 y estoy en el umbral de los jóvenes de Carta Abierta, por eso es muy importante abrir el diálogo con espacios juveniles.
El grueso de los participantes venían de experiencias políticas diversas, muchísimos del peronismo, de diversas izquierdas,  marxistas, revolucionarias, todos de una manera u otra atravesados por la inflexión de los 80 y 90, defendiendo posiciones desde lo cultural, pero habiendo abandonado el territorio de la política. Por supuesto que nosotros seguimos trabajando en las universidades o en los espacios de la cultura. En mi caso con las preocupaciones en el campo de la escritura, la filosofía, el ensayo, lo político, las tradiciones libertarias, la pregunta urticante de por qué ocurrió lo que le había ocurrido al socialismo del siglo XX.  Tenemos que hacernos cargo de la tragedia del socialismo en el siglo XX, de la experiencia del stalinismo, de la construcción de mecanismos de violencia al interior de proyectos que reclamaban una libertad, una emancipación, una igualdad y terminaron generando regímenes policiales, retrógrados. No sólo se trata de pensar el capitalismo y sus formas de expansión o la lógica globalizadora, sino que es fundamental hacer una mirada retrospectiva al leer lo que quedó al margen, los discursos derrotados y olvidados; poner en cuestión cierta ideología progresista de la historia que perdió de vista los dolores, las frustraciones y daños producidos a través del discurso lineal, teleológico y causalista: cada etapa es necesaria, cada dolor es necesario, es decir, de un progreso indefinido y Benjamín, de algún modo, nos recuerda que hay que poner en cuestión incluso la lógica del progreso, desde un punto de vista de los oprimidos, de volver a hacer visibles a los invisibles de la historia. Yo no creo en la especialidad de los discursos sino en el cruce de los saberes, en el compromiso de las tradiciones al interior de un espacio social-cultural. Te diría que Carta Abierta recoge esas tradiciones. Se me ocurre el caso de Horacio González, que viene del peronismo y en él pueden coincidir de una manera interesante John William Cook, Scalabrini Ortiz, pero también Martínez Estrada. Esta etapa nos permite desbloquearnos porque en los 70 no leíamos a Martínez Estrada o a Borges. Los 80 fueron extraordinarios y terribles. Empecemos por lo terrible: vino una oleada neoliberal y una brutalización de la crisis, las ideologías emancipatorias que prácticamente fueron expulsadas de la escena pública. Lo interesante es que nos permitió salir de las miradas dogmáticas, encriptadas, de los marxismos absolutos, y pudimos empezar a escuchar otras voces, como la emergencia de las tradiciones libertarias o la lectura de otros pensadores como Foucault o la escuela de Frankfurt. Leer de otra manera a Gramsci o a Marx. Eso fue interesante, pero fue una época de sepultureros, todo se moría, se moría la historia, el sujeto, se moría la idea de igualdad, empezamos a olvidar a las clases sociales. Yo diría que lo que cambió fue nuestra biblioteca, hay libros que fueron a parar a los últimos de los rincones, ya nadie leía al Fanon, al Che.  En este sentido, Carta Abierta es un espacio que va reuniendo distintas perspectivas y distintas tradiciones. Se creó un clima de fraternidad, de espacios abiertos, asamblearios.

¿Por qué ahora y no antes?

¿Por qué ahora y no antes? Me parece que tiene que ver con las sorpresas de la historia. Lo extraordinario para muchos fue lo inesperado de este giro que pasó en América Latina, Chávez, Lula, Evo, Correa, independientemente de la complejidad y las diferencias. La sensación de anomalía en América Latina fue muy fuerte. Hace muchos años sacamos una revista de ensayos filosóficos. Empezamos a sacarla en un momento álgido del menemismo como un refugio de las ideas frente a un tiempo despiadado. Para nosotros en esa época se trataba de ir a mundos que estaban en riesgo de extinción, buscábamos salvar y rescatar ciertas tradiciones del campo filosófico político y estético. Yo diría que hacia finales de la década de los 90 empezamos a plantearnos en la revista un giro argentino–latinoamericano. Veníamos más de una tradición de revisión crítica frente a la modernidad.  A partir de allí comenzamos a escribir sistemáticamente y el núcleo central de la revista estuvo dirigido a pensar  la Argentina y para nosotros la inflexión Kirchner fue muy decisiva. Para posicionarnos en un mundo académico-intelectual que en general es rabiosamente antikirchnerista. Nosotros fuimos una especie de rara avis, de clase media, insospechados, porque teníamos como un aura, refinados filosóficamente. Nosotros veníamos diciendo muchas cosas pero que no podían ser leídas todavía, porque muchas veces lo que necesitás es que la escena de la historia ilumine lo que estás diciendo de otro modo.
Yo recibo este momento con mucha preocupación, pero también con mucha felicidad, porque es como volver a cruzar viejas experiencias políticas, de volver a tener reuniones con el mundo obrero del conurbano de Buenos Aires. El avance triunfal de un discurso y un dispositivo que mundializaba su capacidad de dominación y una tradición emancipatoria en estado de despojo. En este sentido, lo que aconteció en América Latina y en Argentina a partir de 2003 nos dio otra posibilidad. Pensar el populismo, hemos discutido mucho sobre el populismo. Es una palabra que se ha convertido en la nueva bestia negra del sistema; antes era el comunismo, la tradición del anarquismo. Ahora es interesante resemantizar una palabra, indagarla, pensarla, ponerla como palabra provocadora.

Esa es la matriz de pensamiento de Carta Abierta. ¿Cuál es la matriz de pensamiento de la contracara?

Es un fenómeno muy complejo. Tengo un grupo de amigos portorriqueños que dicen que estamos frente a un giro esteticista. Se trata de un cambio, de un pasaje de la política a un estilo de vida. Un porcentaje importante de intelectuales y de personas ligadas a la cultura, tras el abandono radical de la política, se refugió en la visión esteticista de la vida. Es una conjunción de fenómenos. Por un lado la frustración de los 60-70; la fragmentación social. Pensá que gran parte de la generación que hizo su experiencia política en los 60 o 70 estaba colocada en un tiempo social de intercambios permanentes: el espacio público, los barrios, la educación, todo convergía en la posibilidad de ser atravesado por el otro. Los 80 son la ruptura de los contactos sociales, de la preocupación por el otro. Hay un cierto discurso ético, multiculturalista, que es un discurso autoexculpatorio, que permite refugiarte en algunas tradiciones filosóficas para decir “el otro existe”, que te preocupa, pero al mismo tiempo esto te lleva a clausurar de una vez y para siempre tradiciones igualitaristas, la pregunta y la acción respecto a los miserables de la historia. Los miserables de la historia ya no son los forjadores del futuro y de la transformación, los sujetos activos de un cambio histórico, se van convirtiendo en los pobrecitos, en los marginados, en el objeto del altruismo y la filantropía. Es interesante pensar el pasaje del pobre al pobrecito. El pobre en el discurso de la Teología de la Liberación o en el marxismo latinoamericano de los 60 es un sujeto activo en la historia, mientras que en los 80 o 90 el pobrecito es el tipo desarraigado, alienado y que ha sido expulsado del sistema y está juntando restos de comida en un basurero y es filmado por un notero que le muestra a la clase media lo terrible de la situación de esos parias de la historia que ya no tienen ninguna posibilidad de voz propia. Son simplemente objetos de una caridad.

¿Cómo se junta Carta Abierta con el otro mundo no intelectual?

Un fenómeno que resultó inesperado para Carta Abierta es que voces que venían del mundo de actores medios ligados a la universidad, a la cultura, que habían ocupado en los últimos 20 años  cierto lugar por fuera de la política y por fuera de cualquier registro populista, aparecieran defendiendo al gobierno. Nos sorprendió a todos. Esto resultó importante y significativo al gobierno. El único sector no proveniente de movimientos sociales o de aliados naturales al kirchnerismo que produjo una reacción significativa para el gobierno, porque le acercaba un mundo clausurado para las experiencias latinoamericanas de “populismo”, fue Carta Abierta. En bloque, el mundo académico e intelectual-progresista venezolano es antichavista. Y esto aparecía como una tendencia “natural” en la Argentina. Cuando se vuelve visible un actor social y político importante como Carta Abierta, aparece una anomalía. Apareció una figura que había quedado devaluada, que había sido invisibilizada y comenzó a tener una significación que a todos extraña, a la derecha y al gobierno. Llegamos a la política por un deseo casi individual de cada uno de nosotros de recuperar viejas deudas. Carta Abierta generó la posibilidad de unir tiempos separados, otro tiempo de la política, otro tiempo geográfico con esta época. Esos puentes estaban rotos. Es importante recuperar viejos núcleos, viejas ideas, actualizarlas. No podemos leer a Marx como lo hacíamos en los 60 porque entre otras cosas aconteció la caída del Muro de Berlín. Nosotros leíamos a Lenin apasionadamente, nos peleábamos por una coma. Esas lecturas, de alguna manera, se perdieron.

¿Creés que hay un déficit de cuadros políticos?

El kirchnerismo formuló problemas, instaló cuestiones y generó movimientos que no estuvieron acompañados por una velocidad político-ideológica de aquellos mundos sociales y políticos que naturalmente debieran acompañar al gobierno. Eso tiene que ver con la transformación de la política, la ruptura generacional, con lo que pasó en los últimos 20 años. Con la derrota del campo popular. Los lenguajes mutan con los tiempos históricos, nunca son reproducción mecánica de lo que está sucediendo, sino que también van generando sentido, subjetividad. ¿Cuál es la sorpresa de la reacción de la derecha? Había una zona político-ideológica que era sólo territorio de los museos o de la investigación erudita. Que los académicos que tuvieron participación política en otros contextos, regresen hoy, es para ellos anacrónico, vetusto. Porque la época es otra, es empresarial, es el dispositivo naturalizado del mecanismo sobre las conciencias sociales, es el dominio mediático. Entre otras cosas dicen que se acabó la posibilidad de establecer relaciones entre ese mundo de ideas y el mapa de lo social. Hasta no hace mucho tiempo estaba claro el corte entre culturas populares y culturas de clases medias sociales. La cumbia villera era impensable en los años 70 como expresión de la música en las villas o como parte del divertimento de las clases medias. Ricky Maravilla como producto del menemismo, produce un intercambio simbólico de mundos que antes no se tocaban en el plano de la cultura. En los 60 o 70 en algunas zonas se podían entrecruzar. Lo que se cruzaba era la política, el compromiso social, la educación pública. El mundo socialista y anarquista veía a la cultura obrera enfrentado a la cultura burguesa. Esto, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se ha licuado y se ha transformado. Es decir, el mundo televisivo, audiovisual, han ido transformando los imaginarios culturales y los vínculos; han producido nuevos núcleos de sentido, de deseo. Tinelli puede ser visto al mismo tiempo y con los mismos recursos simbólicos por una familia en Berazategui y por una familia en Palermo.

Pero llevado al terreno de la política no…

Sí, está bien. No te olvides, mal que nos pese, que el peronismo no es sólo el peronismo de la liberación, de la emancipación popular, sino que también ha sido y es un peronismo de dominación al interior de los mundos populares, ha sido el menemismo. El duhaldismo es una forma de peronismo cuyo exponente plebeyo neoliberal ha sido el menemismo.
Es decir, el peronismo hizo posible que un modelo neoliberal pueda instalarse democráticamente en Argentina. En cierto modo, lo que están buscando ciertos sectores ahora, no es que Carrió sea la “salida” de la caída del kirchnerismo, sino que sea Reutemann o Scioli. Cuidado con la idea de un mundo popular que logra mantenerse afuera de estas interpelaciones.
 
¿Existe una idea de autosuficiencia política en el sector del “campo”?

En realidad, lo que no termina de cuajar en el kirchnerismo es aquello de generar un movimiento social a la altura de los desafíos que se le están planteando. Más allá de que el acto del congreso fue un acto muy interesante, me parece que éste es uno de los problemas claves frente al avance de un golpismo. Nosotros usamos una palabra que tuvo mucho éxito: destituyente, que matiza a otra palabra un poco desgastada como golpismo. Pero pone en evidencia algo que nadie decía.
Hay un clima destituyente, no es simplemente un debate por la renta. Al mismo tiempo que esto aparecía, uno de los puntos claves, de lo que se seguía viendo luego del voto de Cobos es que lo destituyente sigue estando en el núcleo de la agenda. Lo paradójico, por suerte, es que la derecha no ha dado el golpe de knockout, está dejando demasiado hacer de nuevo al gobierno. Ojo. Esto tiene que ver con las contradicciones del bloque de la derecha. No es un bloque homogéneo.  

¿Qué cambió, para bien o para mal, a partir del voto negativo en el Senado?

No compro en absoluto lo que luego surgió, que el voto descomprimió el conflicto. Lo que dio el voto de Cobos a la derecha campestre y a otras derechas fue una intensa capacidad de expresar que eran los que emergían como ganadores del conflicto.
Es un voto político e ideológico que favorece a la derecha. Dicho esto, lejos de salir de un conflicto, entrás en una zona compleja. Hasta el voto de Cobos uno podía decir que el conflicto estaba ligado a la visibilidad pública y a las confrontaciones discursivas, al debate parlamentario. Cada actor cumplía su papel. Ahora el gobierno tiene que redefinir una gran cantidad de cosas. La salida de Alberto Fernández no es una salida menor. Tiene que redefinir una política de alianzas, si se sale por izquierda o por el lado de la moderación. Lo que sucedió en la jefatura de gabinete es interesante. Massa es un fiel exponente de una concepción desideologizada. Tiene que ver con lo que se muestra, con la movida mediática. La lógica que dice que podría ser Jefe de Gabinete de Duhalde, de Cristina o de Menem. Con cada uno mostraría la misma sonrisa. En una reunión de Carta Abierta discutíamos y están las dos posiciones: están aquellos que leen el final del conflicto con el voto de Cobos como una derrota; y están aquellos que lo ven como una extraordinaria oportunidad. Que hoy todo el mundo hable de redistribución de la riqueza es un triunfo enorme; que hoy se dispute el papel del Estado también; que hoy se haya revitalizado la escena pública como el lugar natural de lo político también es interesante. Si se acaba el kirchnerismo, también se acaba una serie de fenómenos que acompañaron todos estos años, sin ser necesariamente kirchneristas.

¿Existe una nueva derecha?

Uno de los hallazgos de Carta Abierta, junto con la puesta en evidencia de un clima destituyente, fue hablar de la emergencia de una nueva derecha.
Algunos inmediatamente dijeron nueva-vieja derecha, que es la misma de siempre. Me parece que no. Porque tiene que ver con una discusión más amplia y profunda de las mutaciones que operaron en la cultura: el tejido social y la comunicación, los imaginarios del consumo en los últimos 30 años. La industria del espectáculo y la cultura es una de las claves de la reproducción del sistema. Pero el modo de entrecruzamiento que se dio en el conflicto desatado por las entidades agropecuarias con el modo de cubrirlo y significarlo es un escenario diferente. En las últimas décadas, sobre todo con el “triunfo” neoliberal, el papel de los medios de comunicación fue cada vez más sistemático a la hora de crear las condiciones de reproducción del sistema. Es la creación de núcleos ideológicos y formas de naturalización de un sistema de opresión que termina convirtiéndose en referencial con respecto a la vida de cada una de las personas.

¿Qué se puede hacer?      

Si habláramos a calzón quitado yo te diría que estamos perdidos. La lucha es absolutamente desigual. Pero siempre ha sido así. El sistema triunfa, se despliega y expande. Pero en el interior del sistema hay cortocircuitos y uno apuesta a eso.
Uno apuesta a que la aventura de lo humano es siempre más compleja que el relato naturalizado de los vendedores. Esa es la apuesta.
Yo utilizo una frase de Kafka que dice “nosotros por amor a los desesperados conservamos aún la esperanza”. Parece ser una frase tremenda de una enorme desilusión. Pero es una frase al mismo tiempo utópica redencional. ¿Por qué uno se rebela contra lo que existe? La historia acontece cuando el paria se rebela. Lo  mejor que puede suceder es que la rebelión vaya acompañada por otros actores a los que les parece que el sistema es una mierda.
Pero son dos rebeliones diferentes. Las clases medias no quieren rebelarse. Las clases populares no pueden rebelarse porque no hacen un pasaje a la conciencia de ver que el sistema los arroja fuera de sí mismos y desean estar en el sistema.
Y al mismo tiempo hay otros mundos populares que hacen resistencia a la capacidad del sistema. Es interesante porque en los 60 y 70 las necesidades de rebelarse contra el sistema eran infinitamente menores a las actuales. Porque en los 60, una sociedad como la argentina era mucho más suave en términos de redistribución de la riqueza.   
Hay que poner en cuestión en el lenguaje que utilizamos el lenguaje de la dominación.

Hay una identificación mayor de los sectores de clase media e incluso de sectores populares con el ambiente empresarial que con los sectores de la política.

Porque la política ha pagado el precio del envilecimiento. En 2001 hubo cierto odio hacia el sector especulativo financiero, mientras que las corporaciones económicas quedaban limpias de toda responsabilidad o la ciudadanía porteña premia a un empleador histórico de la economía y del Estado como ha sido Macri con el 60% de los votos.
Uno de los triunfos mediáticos claves ha sido proyectar en el imaginario social el lugar del empresario y del mercado como desprovisto de responsabilidad con respecto a los males producidos en la vida cotidiana. Los males en la vida cotidiana vienen de la inseguridad, la ineficiencia y la corrupción.

¿Por qué fracasa el frepasismo?

Porque leyó la política en clave moralista. Moralizó la política y la mediatizó. “Chacho” Álvarez fue un emergente mediático, sin actores sociales, sin la recuperación de una tradición progresista en clave social, lo hizo sí en clave comunicacional.  Machinea sube afianzando el modelo de la convertibilidad. Lo mejor que tiene el kirchnerismo es cuando Néstor Kirchner le sustrae el cuerpo a la dominación simbólica de los medios de comunicación que exige que siempre el presidente sea comunicacional. Lo interesante es que Kirchner corre el eje de lo que había sido la lógica política mediática de los años 90.  Pero no hay que perder de vista que la centro izquierda fue menemista, por eso su fracaso. Compró el fin de la política. El mismo sector que votó a De la Rúa, que se lanzó a las aguas puras del progresismo y de lo políticamente correcto frente al retorno de lo social, lo latinoamericano, la política de derechos humanos, hace un giro conservador, reaccionario amparado en un dispositivo discursivo que apela a la calidad institucional y al republicanismo de corte liberal hueco que no revisa la historia del republicanismo liberal argentino y lo coloca en un status meta histórico sin tomar en cuenta cómo en cada etapa operó el discurso republicano liberal.  Como una especie de falta que al no haberse realizado nunca en Argentina impidió la constitución de una sociedad mejor y de mayor calidad institucional. Gran parte de la sociedad quiere que se clausure de una vez y para siempre la recurrencia al pasado que impide, tal es la retórica, ver hacia el futuro.
 

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