Sábado 27 de Mayo de 2017 - 05:01hs. - República Argentina Edición # 1688

Revista #41 Agosto 2010 > Politica Nacional

DESIGUALDAD CAMPESTRE

En el sector que algunos medios han denominado “El Campo”, se reflejan enormes niveles de abuso patronal. El 80% de los trabajadores rurales están en negro, a muchos de los que están en blanco no se les cumplen sus derechos y, según denuncian desde el SITRE, el campo es el paradigma de la explotación infantil.


Peones rurales

Por Héctor Bernardo

“Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, escribió Atahualpa  Yupanqui en “El payador perseguido”, una canción que narra las inequidades de la vida de los peones  rurales y la explotación que sufren a manos de – como decía el folklorista- los “panzudos patrones”.

Muchos años hacen ya de la creación de la canción de Atahualpa y él ya no está entre nosotros. Sin embargo, nada ha cambiado desde entonces, sólo que en lugar de las vaquitas, es la soja la que enriquece y hace engordar las panzas de los terratenientes. Mientras tanto, las penas siguen siendo de los peones rurales, uno de los sectores más explotados entre los trabajadores argentinos.

Mientras Hugo Biolcati, presidente de la Sociedad Rural Argentina, se envalentona por el apoyo sumiso que le brindan diversos sectores de la oposición y, sin sonrojarse, habla de que el nuestro es un país lleno de pobres y al mismo tiempo pide que desaparezcan las retenciones, los verdaderos trabajadores del campo siguen padeciendo un nivel de explotación que no tiene comparación con otros ámbitos.

En Argentina hay un millón y medio de trabajadores rurales (1.500.000) y a ello hay que sumarle alrededor de 300 mil trabajadores golondrinas. De ese total de 1.800.000 trabajadores, sólo están en blanco 400 mil (alrededor del 20%). Dicho de otra manera: el 80% de los trabajadores rurales está en negro.

Esto no se podría sostener si no fuera con la complicidad de uno de los sectores que se supone debe defender al trabajador rural, la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE). El sindicato es conducido por Gerónimo “El momo” Venegas, un sindicalista que se jacta de su buena relación con la patronal, que apoya abiertamente a Eduardo Duhalde y que durante el conflicto entre la patronal rural y el Gobierno por las retenciones a la soja, la apoyó abiertamente.

En este contexto, un grupo de trabajadores rurales decidieron crear un sindicato paralelo y distanciarse de la representación de Venegas. Para ello formaron el Sindicato de Trabajadores Rurales, Estibadores y Afines (SITRE).

Ante la consulta acerca de por qué crearon este sindicato paralelo, su secretario general, Victoriano “Tocho” Torres,  fue contundente: “La patronal y UATRE han abandonado a los trabajadores rurales. La patronal no respeta lo que se conquistó, el 1% por antigüedad, la ropa de trabajo, incluso te hacen firmar por un recibo por 1.200 y te dan 800 o menos. Y todo esto lo saben bien los de UATRE y nunca hacen nada. En lugar de 8 horas, nos hacen trabajar 10 o 12, o más. Hay un montón de compañeros enfermos porque no les dan las protecciones que necesitan -y que les tienen que dar por ley- para trabajar cuando están curando las platas y todo ese pesticida les entra por los poros”.

El dirigente del SITRE remarca que uno de los grandes problemas que tienen es que todavía están encuadrados bajo una ley de la dictadura. “Los trabajadores rurales – señaló Torres - tenemos que juntarnos y luchar porque no puede ser que sigamos regidos por la ley 22.248, que es una ley de la dictadura militar que lleva las firmas de Martínez de Hoz, Videla y Arguindegui. Hace ya 27 años que recuperamos la democracia y, sin embargo, los trabajadores rurales seguimos encuadrados dentro de la ley 22.248. Esta ley nos suprime el derecho a huelga, por ella no tenemos preaviso si el patrón nos quiere echar, los rurales no tenemos ningún derecho como trabajador. Nosotros queremos estar encuadrados en la ley de contrato de trabajo 20.744 y vamos a luchar hasta la última consecuencia  por ello”.

Torres afirmó que “en octubre tenemos un plenario nacional y tenemos que discutir todas estas cosas. Además, ¿si los patrones hicieron un paro para defender sus intereses, por qué nosotros no vamos a poder hacer un paro para reclamar un aumento de sueldo y condiciones dignas de trabajo?”

Maltrato, hacinamiento, trabajo en negro e infantil son las problemáticas más fuertes que denuncian los dirigentes del SITRE, y también se encargan de subrayar que dentro de los mismos trabajadores rurales existe un sector que es el que más sufre la explotación: los denominados “trabajadores golondrinas”, muchos de ellos trabajadores de países limítrofes que son trasladados de un lugar a otro, siguiendo la época de cada cosecha. Desde el SITRE denuncian que estos trabajadores “para cada cosecha son traídos como ganado y se los hace vivir hacinados en galpones, que durante el resto del año son usados como gallineros o depósitos. Les tiran los colchones sobre el piso de tierra y que se arreglen”.

Los dirigentes sostienen que este sector es del que “más se aprovechan” dado que “muchos tienen  familias numerosas. En estos casos se suele dar que, por unos pesos más, laburan todos los hijos de la familia”.

En un reciente artículo publicado en Página/12, el presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos, Juan Tula Peralta, denunció “la incidencia de los tóxicos en los menores de edad, dado que muchos de ellos colaboran con sus padres en las tareas rurales y a menudo se desempeñan como banderilleros, es decir, marcan con su presencia y banderas los lugares en los que las avionetas fumigadoras deben esparcir los herbicidas”, lo que habría provocado un enorme crecimiento de casos de cáncer de piel.

El flagelo del trabajo infantil parece ser clave a la hora de hablar del trabajo rural. Según cifras oficiales, en nuestro país hay más 200 mil chicos que están vinculados a quehaceres rurales.

Torres aseguró que en el campo “hay chicos de 6 o 7 años trabajando con sus familias. En vez de irse al colegio, están trabajando. El tema es que los patrones no les piden directamente que hagan trabajar a sus hijos, pero para cumplir con lo que les exigen esas familias no tienen otra alternativa que hacer trabajar a todos sus integrantes.”

En este sentido, el abogado del SITRE, Oscar Espinosa, en declaraciones periodísticas  manifestó que “en la provincia de Buenos Aires, el paradigma de la explotación infantil es el sector rural. Existe una cantidad enorme de chicos en edad escolar  que no pueden asistir a clases porque están cosechando con sus padres, o plantando en los invernáculos, o en los surcos”.

Luego agregó que “en el sector rural uno encuentra todos los métodos de presión que se pueda imaginar. Desde la coacción personal, hasta la sutileza en los mensajes. Incluso contratan a determinados hombres porque saben que son el jefes de familias numerosas donde trabajan todos”.

Espinosa concluyó con una sentencia casi lapidaria al afirmar que “en el campo, lo único que se hereda es la pobreza”.

Torres también fue contundente al hacer referencia al tema de la soja: “hace poco iba para Chaco y veía que hasta en el costado de la ruta, en la banquina, habían cultivado soja. Hectáreas y hectáreas de soja, y yo pensaba que mientras los patrones se llenan de plata, los trabajadores siguen pobres”.

El gusto de ser oligarca

En una entrevista que Jorge Fontevecchia le realizó a Hugo Biolcati para el diario Perfil, en agosto de 2009,  se dio el siguiente diálogo:

Usted tiene en Carlos Casares un campo de más de 8 mil hectáreas con 6 mil útiles, más otro campo en Pasteur de 3 mil hectáreas, el primero mayoritariamente dedicado a la lechería y el segundo dedicado mitad a la agricultura y mitad a la cría. A 7 mil dólares la hectárea, sólo de campos son 80 millones de dólares.

No creo que valga 7 mil dólares la hectárea, quizá la mejor parte.

¿70 millones de dólares, podríamos decir?

Como valor de realización, puede ser.

¿Tiene tres aviones y uno de ellos destinado a su esposa, que además pilotea, y también uno de sus hijos?

Mi mujer es piloto, sí. Uno es un biplaza, monomotor, típico 172, que lo usa mi mujer, me lleva, va al campo, viene, y los otros dos es porque compré uno y estoy vendiendo el otro.

¿Es cierto que cuando Buzzi subió al último de los aviones que se compró, con capacidad para seis personas, dijo: “Está bueno esto de ser oligarca”?

Es una anécdota muy graciosa que usamos mucho como chiste entre nosotros.

¿Pero sucedió?

Sí, pero no es de Buzzi. El cuento es de la gente de Federación Agraria. El año pasado, por primera vez en la Rural pusimos una carpa de la Comisión de Enlace, que fue atendida por jóvenes de los ateneos de las cuatro entidades. La Federación Agraria trajo cuatro o cinco muchachos del interior, los puso a estar todo el día en la carpa y quedaron con los nuestros.

Cuatro días después, Pablo Orsolini, el vicepresidente de Federación Agraria, viene a ver la muestra, y se encuentra con estos muchachos y dice: “¿Cómo se sienten, cómo los tratan?”. Y uno lo mira y dice: “No sabe, don Pablo, había sido bueno esto de ser oligarca”. Y se lo dijo en serio. El cuento nos ha hecho reír desde entonces. Y lo usamos siempre. Es una anécdota de una inocencia y una frescura fantásticas.
 

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