Jueves 24 de Agosto de 2017 - 07:20hs. - República Argentina Edición # 1777

Revista #27 Mayo 2009 > Politica Nacional

El país inconcluso

Pensar el Bicentenario no se trata de algo superficial. No se busca perfilar ideas para un evento social. Al momento de pensar el concepto de nuestra revista, allá por el 2002, lejos estábamos de ver al Bicentenario como un festejo.


Por Juan Manuel Fonrouge

Nos acercamos a la fecha emblema de nuestra publicación con mayores expectativas que antaño, en un contexto mucho más alentador, principalmente por haber retomado la senda de la unidad latinoamericana, pilar para pensar nuestra propia historia.

Las opiniones que recopilamos en este número, con motivo de encontrarnos a un año del Bicentenario, han resultado de un gran valor y son esclarecedoras en muchos aspectos. La intención fue ampliar el abanico de voces que generalmente frecuentan nuestras páginas, desde donde podrán sacar sus propias conclusiones.

Prefiero no opinar sobre los testimonios, sin derecho a réplica, recurso que tanto utiliza la trituradora mediática, que resulta desleal con aquel que brinda su tiempo para ser consultado, muchas veces presos del juego de la mediatización como forma inexorable de hacer política. Aquí preferimos que las opiniones hablen por si solas.

199 años de disputa

En los últimos años han quedado en evidencia dos proyectos de país en pugna. Algo que no es nuevo, pero que se ocultaba detrás del discurso único del neoliberalismo, que se mostró como inevitable y triunfalista con la caída del muro de Berlín y el Consenso de Washington.

La crisis del 2001, por citar un punto de inflexión, puso en debate este paradigma, pero por sobre todo, hizo estallar las tensiones sociales contenidas por un proyecto hasta ese entonces hegemónico.

Desconocer la existencia de estos dos proyectos es negar la dialéctica por la cual se dinamizan los procesos sociales que producen los hechos históricos. La historia oficial esconde esta contradicción histórica entre dos proyectos de país. Las clases dominantes desde siempre intentan que esta contradicción no se resuelva, y solo han sabido dilatarla en el tiempo.

A diferencia de otros países, no fueron lo suficientemente hábiles para definir un modelo de país, que sin dejar de ser favorable a sus intereses económicos, lograse incluir a las mayorías.

Por eso la historia de los países de América Latina ha sido, y es, revolucionaria. El elitismo, racismo y desinterés por lo público, por lo nacional y lo popular, por lo nativo, les ha impedido a las clases dominantes contemplar la posibilidad de conciliar un proyecto de país. 

La historia oficial

El periodista y escritor George Orwell dijo que “quien maneja el presente, maneja el pasado; quien maneja el pasado, maneja el futuro”. En nuestro país, las ideas de la Revolución de Mayo y de la gesta independentista han sido descartadas, para quedarse con el envoltorio de los próceres.

Paradójicamente, sus ideas fueron silenciadas con el mármol y el bronce. Buscaron que la tradición combativa, democrática y popular quedara en el olvido.

La historia oficial oculta los dos proyectos políticos en disputa desde la fundación del país. Hábilmente han llevado el debate sobre los dos modelos de país hacia un falso eje, donde han encontrado las clases dominantes la contradicción a sus intereses de progreso de clase, pero no de nación. Esta noción se ha expresado en la contradicción de “civilización o barbarie”. Conceptos totalizadores, abstractos, casi teológicos.

El padre del revisionismo histórico y referente de la resistencia peronista José María Rosa escribió en julio de 1968: “La patria de los “civilizados” unitarios no estuvo en la tierra, ni en la historia, ni en los hombres; era la Libertad, la Humanidad, la Constitución, la Civilización: valores universales. Libertad para pocos, humanidad que no se extendía a los enemigos, constitución destinada a no regir nunca, civilización foránea”.

Esos mismos valores universales son los que rigen muchas veces el discurso político actual, “republicanismo”, “constitución”, “libertad” siguen siendo los mismos conceptos vacíos en la boca de los “civilizados”.

El país inconcluso

¿La democracia puede por si sola lograr una síntesis para resolver esta contradicción histórica? Mientras esperamos la respuesta se me ocurre especular con algunos posibles puntos básicos de acuerdo en torno al sistema político y el rol del Estado.

El primer punto de acuerdo tiene que ver con la misma democracia como sistema político, algo que parece obvio, pero que recién hoy esta siendo aceptada, tanto por antiguos escépticos como por autoritarios. Aunque el proceso de América Latina resulta más alentador para los primeros, mientras que los segundos parecen ir quedándose sin opción por el momento. 

Posiblemente con la profundización de la democracia, haciéndola más participativa y con instancias de democracia directa, encontremos una solución al callejón sin salida entre los que analizan un “proceso destituyente”, por parte de poderes fácticos, y los que machacan con la falta de “republicanismo” y “baja calidad institucional”

En lo que hace al Estado, sobre todo en el contexto de crisis internacional, es posible llegar a algunos acuerdos básicos, donde éste debe cumplir un rol ineludible.

El primer acuerdo básico es que el Estado debe centrar sus políticas públicas en proteger a la niñez y a la ancianidad, las dos etapas más vulnerables del ciclo biológico, centralmente desde los derechos sociales, como la asistencia médica y la vivienda.

En lo que hace al resto, a los que estamos en nuestra etapa productiva, el Estado debe garantizar en un principio una educación gratuita y de calidad, para potenciar las capacidades individuales en función de las necesidades sociales.

Otro de los puntos centrales del Estado es el de la recaudación impositiva. No son las retenciones las que están al tope de la recaudación, ni el impuesto a las ganancias. Es el IVA, el impuesto más injustamente democrático de donde proviene la mayor parte de los ingresos del Estado. La reforma impositiva también debe ser parte de una base de acuerdo.

En el caso de las empresas y comerciantes deben aceptar los riesgos, el Estado no puede ser garante de las ganancias, con la extorsión de los despidos. En lo que va del año el Ministerio de Trabajo gasto 111 millones de pesos para tratar de preservar puestos de trabajo amenazados por la crisis.

Esto demuestra la fragilidad del mercado laboral, centralmente porque es el capital el que define la orientación productiva del país, y lo que es más complejo, en una economía extranjerizada en sus dos terceras partes.

Esto nos lleva a pensar el rol del Estado en el sistema productivo, en donde debe definir u orientar las fuerzas productivas en función de las necesidades sociales. La economía de libre mercado sigue guiando la producción y el trabajo. El Estado debería reemplazar la lógica del crecimiento y volver al concepto de desarrollo sustentable. En la economía regida por la máxima rentabilidad posible seguiremos en el reino de la soja, las empresas automotrices y los hipermercados.

El Estado debe promover una economía mixta y diversificada, la concentración, los monopolios y la extranjerización impiden el desarrollo, aunque generen, en un contexto de crecimiento, índices favorables.

Para finalizar, los que hacemos esta revista estamos convencidos de que esta es una época decisiva, una época de inflexiones históricas, y que frente a este panorama se requieren miradas nuevas. El Bicentenario seguirá siendo nuestra excusa para tratar de aportar al debate del país inconcluso.

 

COMENTARIOS (4)

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This webitse makes things hella easy.

take a look at it!

MFH7PO Wow, great blog article.Thanks Again. Keep writing.

rwphhqPLcyKoAFruYcY

Jojojo!!! Caballero! Que el mundo es chico!!!Que bueno que sos redactor ace0! Buenedsimo!!Oigame, a ver si me puede auydar.No logro que se vea el Badge , no me lo muestra Coloque8 el script antes del head y en un widget agregue9 el badge pero nada bfMe aiuda?Abrazo grande.

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