Martes 25 de Julio de 2017 - 21:30hs. - República Argentina Edición # 1748

Revista #5 Abril 2007 > Politica Nacional

LAS DOS CARAS DE LA MISMA PELEA

La resistencia empresarial frente a la distribución de la riqueza


Por Esteban Concia

El asesinato del docente neuquino Carlos Fuentealba y el desabastecimiento de productos básicos como los lácteos y la carne parecen, a primera vista, no tener mucha conexión entre sí. Sin embargo, ambos son exponentes de la misma disputa que se está librando en nuestro país y nuestro continente: la disputa por la distribución de la riqueza.

Los medios de comunicación y los analistas de la política nacional los han presentado como hechos simultáneos, que ocurren en el mismo país y en el mismo momento, pero como si uno no tuviera nada que ver con el otro y tuvieran causas y orígenes distintas.

El crecimiento económico que ya lleva acumulado un 45% del PBI en los últimos 5 años y las políticas de redistribución planteadas por el gobierno nacional, han empujado a la clase trabajadora y a las patronales a una lucha feroz por la apropiación de las extraordinarias ganancias que se están generando en Argentina.

Poder de compra y distribución de la riqueza

De los datos objetivos se desprenden dos conclusiones que a priori parecen contradictorias pero que nos muestran a las claras la realidad por la que estamos atravesando.

El PBI creció alrededor del 45% en 5 años, la pobreza se redujo de 20 millones a 12 millones de argentinos y los indigentes son alrededor de 4 millones. El salario subió en promedio un 77%, siempre tendiendo en cuenta que los asalariados en blanco tuvieron una suba del 116 % y los asalariados en negro de 47%.

Sin embargo, la distribución de la riqueza no ha mejorado sustancialmente y de acuerdo a que metodología de medición se utilice hasta se puede decir que ha empeorado. La inflación creció un 85% y en el caso de los asalariados en negro (50%) no sólo que no recuperaron poder adquisitivo sino que perdieron un 21% de su capacidad de compra, mientras que los asalariados en blanco recuperaron un 16%.

Esto nos muestra que aun con crecimiento del PBI y con aumento salarial no necesariamente mejora la capacidad de compra de los asalariados y mucho menos mejoran los índices de distribución de la riqueza.
Incluso el crecimiento del PBI puede significar directamente el empeoramiento de los índices de distribución. Tenemos el ejemplo de la década pasada en la que entre 1993 y 1999 el PBI per cápita aumentó más de 10% y sin embargo la pobreza pasó del 17 al 27%.

Esto está claro para los sectores sindicales. La CTA en el documento titulado “El avance del campo popular, un rumbo en disputa”, señala  que “atravesamos un proceso de reactivación económica que hace sentir sus efectos en la mejora relativa de las perspectivas de los sectores populares, aun cuando no supone una transformación de la matriz distributiva del ingreso ni, por lo tanto, el achicamiento de la brecha de la desigualdad”
La inflación ha sido hasta acá una de las herramientas más útiles de las clases dominantes para rehacerse del capital “perdido” vía aumentos de salarios, mejores condiciones de trabajo o retenciones. Y es paradójico que los sectores del campo, los más beneficiados por el nuevo esquema de dólar alto, sean los que encabezan las protestas y dejen sin productos al mercado para empujar los precios hacia arriba.

La actual escasez de productos del campo no hacen más que evidenciar que la política de control de precios no alcanza y que son necesarias otras medidas de intervención estatal y de fomento a la inversión privada.
Alternativas que en otro momento fueron desechadas, como la recuperación de empresas quebradas en rubros estratégicos, deben aparecer nuevamente en la agenda política. Cabe recordar, por ejemplo, que el Frigorífico Santa Elena, en Entre Ríos,  es el más grande del país y sigue cerrado pese al intento de los trabajadores para recuperarlo como cooperativa.
 
Otra vez la mano dura

La dureza con que el gobernador del Neuquén, Jorge Sobisch reprimió el corte de ruta de los docentes, no es nueva y sólo debe asombrarnos que no haya habido un muerto antes, ya que la policía provincial siempre actúa con la misma ferocidad para reprimir a los estatales, a los ceramistas de Zanon y a los  movimiento de desocupados.

Tampoco debe asombrarnos la firmeza con la que Sobisch remarcó que lo volvería a hacer. Ha asumido la representación de un sector importante del empresariado que necesita poner límites frente a las organizaciones gremiales que reclaman aumento salarial. Como señala Julio Piumato en la entrevista publicada en este número (ver pág. 8) “Los trabajadores, como nadie, saben el índice de rentabilidad que tiene cada sector empresario y cuánto se puede pedir”. En este caso, los docentes neuquinos saben que el superávit provincial permite obtener una solución favorable a sus intereses y que lo que no hay es voluntad política.

La reacción popular frente al asesinato de Fuentealba fue inmediata. Visto en perspectiva va quedando claro que Sobisch cometió un error que las clases dominantes pagarán caro en la disputa con los sectores de trabajo. El movimiento obrero adquirió aún mayor protagonismo. Se comenzaron a coordinar las acciones entre la CGT y la CTA  y el tema del salario y la distribución de la riqueza, volvió a ser el tema central del debate político en Argentina.

La claridad de los números

Néstor Kirchner señaló recientemente que el objetivo de su gobierno es el famoso fifty-fifty de la época del peronismo, que aún se está lejos, pero que se trabaja para llegar a eso. En palabras de la CTA: “Después de 30 años de devastación no podemos esperar una modificación sustancial de la porción del ingreso que se llevan los asalariados ni una mejora significativa de las condiciones de trabajo y la tasa de empleo, sino se produce un cambio radical en la estructura económica nacional”

Según un estudio del Centro de Estudios sobre Población Empleo y Desarrollo de la UBA, para alcanzar niveles similares al primer peronismo los empresarios deberían darle a los trabajadores 150 mil millones de pesos más al año y si lo que se quisiera es volver a la situación previa a la devaluación esta suma sería de 45 mil millones de pesos.
Con números tan claros y contundentes podemos “medir” la magnitud de la disputa y entender por qué faltan productos en los supermercados y se reprime en Neuquén.

 

COMENTARIOS (2)

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