Sábado 27 de Mayo de 2017 - 05:05hs. - República Argentina Edición # 1688

Revista #19 Junio 2008 > Politica Nacional

La irrupción de los intelectuales en la política

Entrevista con Carlos Girotti del espacio Carta Abierta.


Por Federico Martelli

¿Cuál es el rol de los intelectuales en torno a Carta Abierta?

O, efectivamente, estamos asistiendo a un cambio de época y no lo percibimos como tal; o, en realidad, esto es una casualidad de la historia.
Que haya surgido un espacio que nuclee un pensamiento crítico, sin que se corresponda con la existencia de una fuerza social orgánica en la base de la sociedad, es un hecho atípico. Este no es un movimiento sartreano, el del Mayo Francés, el mismo que estaba enclavado en un movimiento mundial de enfrentamiento al Imperio. El modelo de intelectual sartreano, como el de Walsh en la Argentina, se corresponde con fuerzas materiales concretas, algunas en retirada, otras en avance. En la Argentina de hoy estamos en una situación de disputa, en donde aparece con mucha entidad es la posibilidad de una nueva fuerza social de derecha, mientras que en el campo popular no aparece nada que lo contrarreste. Aparece el espacio de Carta Abierta cuando nadie, ni siquiera nosotros mismos, imaginaba que algo de esto pudiera surgir.

Yo pienso que Carta Abierta está llamado a ser un espacio que pueda marcar el territorio por donde empezar a construir un pensamiento crítico novedoso, y cuando digo pensamiento crítico me refiero a la acción concreta, lo digo desde la perspectiva de la filosofía de la praxis; un terreno en donde dibuje la confluencia de actores políticos y sociales, precisamente hacia la construcción de una nueva fuerza política, que asuma los problemas de la gobernabilidad pero que también los encare desde la perspectiva del cambio; que sepa que no hay gobernabilidad cediéndole espacios permanentemente a las derechas.

Cuando nos reunimos con Carlos Zanini y Alberto Fernández, la primera vez, fuimos muy enfáticos. La segunda vez, con Alberto Fernández, actuamos de la misma manera. Y después vino Néstor Kirchner a hablar con Carta Abierta, y la gente no se calló la boca. Recuerdo que en la primera reunión, después de una primera intervención de Alberto Fernández, nos dice “bueno, en qué los podemos ayudar, qué necesitan”. Éramos diez, y le dijimos “nada, no necesitamos nada”. Es decir, hay una cultura política que supone que si vos hacés algo, tenés que ser retribuido de tal o cual manera. Esta lógica hay que partirla por el eje, tenemos que generar una nueva ética, una nueva moral; tenemos que recuperar el sentido de la palabra empeñada, para que la palabra misma cobre otro sentido. Yo creo en estas cosas. Moriré con las patas para adelante, pero creo en estas cosas. Porque sino no se puede construir una mística.

¿Dónde estamos parados hoy?

El triunfo de Menem, por escaso margen en la primera vuelta, lo que refleja es que la gente no conocía a Kirchner. Ahora, el hecho de que no haya habido segunda vuelta indicaba un nuevo triunfo del campo popular con un pueblo sin dirección orgánica. Este dato para mí me parece central. La crisis lo que pone de relieve es que el dispositivo de poder político que se construye con Kirchner, es un dispositivo que pone el eje de toda construcción desde el propio Estado, y no reconoce por fuera del Estado mecanismos de acumulación política. Los avances relativos que se producen a partir de 2003 prohíjan esta fuerza social en cierne que aparece ahora y que hemos dado en llamar “la nueva derecha” y demás. Pero que no solamente es hija de los avances relativos; es también hija de la orfandad de dirección política del levantamiento popular de 2001. De otra manera no se explica cómo se ha constituido esto que puede llegar a ser una nueva fuerza social de derecha. En ese contexto, la idea de que la coalición de gobierno pueda avanzar, a condición de que en el dispositivo central aparezcan cuadros de gestión que en la superestructura del Estado profundicen el cambio, no da cuenta del agujero que tenemos en la base de la sociedad para construir una fuerza material concreta. Y esta fuerza material concreta no se construye desde el Estado. Nunca se construyó desde el Estado. Por el contrario, las fuerzas sociales son una reacción ante el Estado, un cuestionamiento profundo a las bases ideológicas, culturales, políticas y económicas. Lo que ocurre, por ejemplo, con el peronismo del ’45 al ’55: ahí hay una fuerza social que se materializa y que se hace Estado. Pero nunca lo que se hace Estado se convierte en un Bloque Histórico. Hay compañeros que piensan que el Bloque Histórico surge antes de su realización estatal. No es cierto. En realidad, el Bloque Histórico se realiza en tanto se realiza el objetivo estatal que persigue. Antes no existe el Bloque Histórico. Lo que existe es una disputa por la hegemonía de la base de la sociedad.

Entonces, el principal desafío que tenemos ahora es superar esta contradicción que te pone la gobernabilidad, por un lado, y la necesidad del cambio, por el otro. Y de hecho, estas cuestiones, dependiendo del lugar desde donde se mire, pueden ser antitéticas o no. Pero si el eje de la construcción está puesto en la estructura del Estado… la realidad nos demuestra hoy, desde los últimos ocho meses, que el control del aparato del Estado no garantiza la construcción. Lo que hace es inmovilizar la capacidad de protagonismo de actores sociales que no están imbuidos de la dinámica estatal.

¿Cuál fue el principal error del kirchnerismo en el manejo del conflicto del agro?

Creo que el principal error, que lo reconoce el propio Gobierno, fue haber articulado la política de las retenciones sin entender la complejidad que tiene la constitución de la nueva burguesía agraria en la Argentina.

No la ha entendido y de hecho no la entendió desde el primer momento. ¿Y por qué no la entiende? Lo que ha aparece en los últimos años, y de esto da cuenta perfectamente el estudio que hace Eduardo Basualdo… la composición social de esta burguesía agraria y su capacidad de incidencia en el manejo y en el control de la tierra, etc, etc, ha seguido una lógica: parte de ese sector formó parte, valga la redundancia, de la coalición social en la que se apoya Kirchner.

El paraíso sojero no es un invento de estos días, viene de atrás. No se entiende que el pequeño productor rural no es el pequeño productor de la Federación Agraria, porque ese tipo que tiene 50 hectáreas las alquila. Se ha convertido en un propietario rentista porque en realidad no produce las 50 hectáreas, las da para que otros produzcan. Se trata de un aliado natural del gran productor sojero. Después están todas las cosas que ya se han dicho, que son conocidas: la cultura comunicacional del gobierno, el hecho de que el dispositivo de gobierno se base en la decisión de tres o cuatros personas, no hay interlocutores con la sociedad, no hay otros sectores sociales, políticos, culturales, que intervengan en el diálogo entre el gobierno y la sociedad. Todo esto forma parte, creo yo, de una concepción política que sirvió durante los primeros dos o tres años del gobierno de Kirchner, pero ya hace tiempo, considerando los tiempos políticos de la Argentina, que no sirve más. En este contexto, hay un actor que no interviene en la crisis: los trabajadores. Y menos aún los trabajadores organizados.
El trabajador organizado sigue actuando como en los momentos del 2001, actúa por defensa propia. Cuando vota, vota en defensa propia. No está votando un proyecto que lo va a defender con el cuerpo en la calle, porque ese proyecto no aparece como propio, no aparece protagonizando un momento de cambio que suponga una elevación de nivel en términos de calidad y cantidad a lo que conocemos de los últimos siete años en la Argentina.

Y me parece que el hecho de que no haya intervenido en la crisis para cambiar la correlación de fuerzas en ese momento, lo que no está planteando como problema es cómo se construye políticamente para que ese actor intervenga de manera conciente.

Yo sostengo que el control del aparato del Estado te sirve en parte para resolver este dilema, pero no te resuelve los problemas de la construcción política. Esto lo vamos a ver en pocos meses más, cuando entremos en la máquina de picar carne del año electoral de 2009, cuando vuelva a aparecer la cosa porotera, el punterismo político… todo eso se va a poner una vez más en tensión para intentar ganar una elección que amenaza ser difícil.

Por ahí hubo una ingenuidad de creer que, porque se le había mejorado la calidad de vida a millones de personas, iba a haber una conciencia.

Yo creo que hay que ser precisos en esto. Lo que logra Duhalde tras la caída de la convertibilidad y la fijación de la devaluación es un traspaso formidable de recursos del sector asalariado al sector del capital.
Esa situación no ha sido resuelta nunca. Se han achicado los índices de indigencia, se han achicado los índices de pobreza… Ahora, esto no es mejorar la calidad de vida. Apenas se han modificado las condiciones materiales en las cuales se reproduce la existencia concreta de los individuos.

Mejorar la calidad de vida significa tener transportes dignos, tener escuelas que funciones, hospitales que no entren en crisis, tener una política clara de producción pública de medicamentos.

Entonces, ahí se podría lograr que intervinieran de manera concreta y material múltiples actores que hoy permanecen en silencio. Acá hay una política pública, y por lo tanto una política de Estado, que sigue atada a la lógica del capital, y no a la lógica de las fuerzas del trabajo.

Esto forma, o malforma, o no forma, actores sociales concretos. Ahora, cómo impulsar un cambio. Yo creo que cada vez se hace más necesario construir una fuerza política de nuevo tipo que dé cuenta de estos interrogantes, que de cuenta de una ética distinta de la política, que no convierta a la política en sinónimo de la gestión, sino que haga de la política un instrumento genuino de cambio y de protagonismo de seres concretos de carne y hueso. (…)

Yo pienso cómo se va a expresar esto el año que viene. En Capital el avance de la derecha va a ser terrible, y ¿qué puede presentar el PJ con esta Concertación Plural para enfrentar a Macri a Carrió?

Bueno, las listas podrían ser encabezadas por gente de Carta Abierta y de la juventud, que tuvieron un gran protagonismo durante el conflicto entre el las patronales del agro y el Gobierno.

Está bien. Ahora pregunto: ¿Vos pensás que esto está en la cabeza de alguien?

 

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