Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 00:14hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #6 Mayo 2007 > Politica Nacional

Malvinas, tan cerca y tan lejos


Por Víctor Hugo Foresi*

A veinticinco años del conflicto bélico que enfrentó a la República Argentina con el Reino Unido de la Gran Bretaña, por la disputa de soberanía sobre el archipiélago de Malvinas, y con el tema en el tapete debido al interés que suscita en nuestro pueblo y  los actos “celebratorios” preparados por la Corona , que se extenderán hasta el 14 de junio, es menester reflexionar sobre el particular con la perspectiva que nos permite el cuarto de siglo transcurrido, que impulsa la reflexión de quienes  nos preocupamos de forma especial por este tema que toca la historia, la política y la dignidad de una sociedad por aquellos años sojuzgada y avasallada en sus derechos más elementales.

Para la inmensa mayoría de nuestros compatriotas  las Islas Malvinas son visceralmente argentinas. Es notable constatar esta terminante afirmación, a la vez que serios sondeos de opinión dan cuenta que el 75 % de los encuestados no aciertan  mencionar la cifra aproximada de compatriotas caídos durante la guerra y el 60% no recuerdan o no saben quien gobernaba el país por esos tiempos.

Cierto es que muchísimas cuestiones se han resuelto a lo largo de la historia por la reacción instintiva de la gente que, más allá de ahondar en razones, siente y se rebela ante la injusticia de un despojo. Pero no es menos cierto que lo que cala hondo en el sentimiento de un pueblo, perdura por generaciones cuando está colmado de argumentos. He aquí  el primer punto del análisis: en las innumerables charlas a las que como ex combatiente fui invitado a participar, tanto en estamentos universitarios como en colegios secundarios, salvo contadas excepciones, la respuesta del estudiantado al porqué de las razones que dan legitimidad a nuestro reclamo de soberanía, fue lamentablemente inadecuada.

Es necesario destacar que la plataforma continental argentina se extiende mas allá de las Islas Malvinas, conectada a estas por un zócalo submarino a menos de 200 metros de profundidad, lo que da a nuestro reclamo un sólido argumento geográfico.

El hecho que el Tratado de Tordesillas, firmado entre España y Portugal en 1494, estableciera que quedaba bajo dominio español lo que hubiera a partir de las 370 leguas al oeste de Cabo Verde (ratificándose sus posesiones en el Atlántico Sur con la firma del Tratado de Utrech en 1713) dota a nuestros reclamos de un imprescindible antecedente jurídico.

Lo acontecido en 1764, cuando el francés Louis de Bougainville desembarcó, estableciendo la primera población permanente en Malvinas, que toman su nombre de la ciudad natal de Bougainville (Saint Malo) y que motivara un enérgico reclamo de España, ante lo cual fueron transferidas de nuevo a Carlos III en 1767, define la validez de nuestra razón histórica. Fortalecida por el antecedente de la designación de Luis Vernet, el 10 de junio de 1829, como gobernador militar y político de las Islas, invadidas y ocupadas por el Reino Unido desde el 2 de enero de 1833 hasta la fecha.
Entiendo imprescindible elaborar planes de estudio que, además del acto oficial anual con recordatorios y discursos, contengan el profuso bagaje argumental que hace a nuestro reclamo sólido, contundente e imprescriptible.

El segundo punto del análisis hace hincapié en la importancia de la pertenencia de las Islas Malvinas:
1) Tienen valor estratégico, que está dado por su proximidad a un corredor bioceánico.
2) La importancia económica radica en la posible potencialidad de su cuenca petrolera todavía inexplorada y en la magnitud de sus recursos ictícolas.
3) Su relevancia geopolítica se manifiesta en la proyección que dan las Islas hacia el Continente Antártico, importantísimo reservorio de la humanidad y objeto de estudio en futuras hipótesis de conflicto.

Queda entonces desmentido lo dicho por el  presidente de los EE.UU. Ronald Reagan el 30 de abril de 1982, cuando al anunciar el irrestricto apoyo de su país a Gran Bretaña, afirmó que la guerra era por “un puñado de rocas perdidas en el mar”.

Es evidente que la soberanía sobre las Malvinas y demás Islas del Atlántico Sur, implica mucho más que una pelea por la posesión de “piedras mojadas”.

Deriva de lo expuesto el tercer punto del análisis: ¿Un reclamo de soberanía puede estar acotado por quién lo efectúa solamente al plano territorial, desechando lo que además prohija un término tan importante como abarcativo?

Vale decir: la misma dictadura que entregó la economía del país atada de pies y manos a la voracidad de los capitales financieros internacionales y se mofó durante años de la capacidad del pueblo argentino para decidir su presente y su futuro, ¿puede disponer de autoridad moral alguna para reclamar lo que corresponde por Derecho?

¿Puede escindirse la soberanía territorial de la soberanía económica y política?

¿La recuperación de Malvinas fue una gesta o una alocada aventura pergeñada por militares  irrepresentativos, que mandaron a la muerte a 649 compatriotas, con el único objetivo de prolongar su inconstitucional y sanguinaria estadía en el poder?
El cuarto punto del análisis supone considerar los pasos a seguir, habida cuenta de la nueva realidad  determinada por los cambios producidos a partir de la guerra perdida.

Es evidente que el Gobierno actual ha reinstalado con fuerza inédita la discusión sobre la soberanía de Malvinas. A partir de la asunción del Presidente Kirchner, vimos reverdecer nuestros sueños de Nación digna. Reimplantamos con firmeza la discusión en los foros internacionales. Desechamos la timorata idea de negociar con Gran Bretaña acuerdos bilaterales dejando el tema de la soberanía bajo un “paraguas de protección”. Descartamos predisponer el ánimo de los kelpers con el envío de ositos “Winnie the Pooh”, patética herramienta de una absurda política de seducción propuesta por el canciller Guido Di Tella, en los tiempos del inefable Carlos Menem, que a juzgar por los resultados está más cerca de la traición que de la ingenuidad.

Ahora hace falta colaborar  mediante el aporte de ideas, como mejor forma de proveer a consolidar una vía diplomática tendiente a presionar al Reino Unido, con el fin de obligarlo a discutir la soberanía de Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur en el marco de lo normado por la Resolución 2.065 de la Organización de las Naciones Unidas. Debemos estar abiertos al debate, con los oídos atentos y la predisposición suficiente, para escuchar con detenimiento todas las voces autorizadas.

E ir pensando en cursos de acción que contemplen más de una posibilidad, porque acotarnos a una sola propuesta de solución restringe nuestro campo de acción y nos limita en la necesidad de procurar mayor apoyo de la comunidad internacional, lo que equivale a decir que facilita la táctica de nuestro oponente.

Quizás pueda esto colaborar a sentir las Malvinas cada vez más cerca, por su importancia paradigmática y su valor  pedagógico, a la hora de hablar de soberanía.

*Ex combatiente en las Islas Malvinas
 

COMENTARIOS (2)

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Bom, sobre a chegada de uma nova ciilivzae7e3o, achei aqui je1 de algum tempo a Vejam os trechos principais:Uma mudane7a de ciilivzae7e3oPor Miguel Conde em 20/4/2010Como o senhor acredita que deve ser feita a transie7e3o de veedculos prestigiados como o El Paeds para a internet?J.L.C. – Os editores de jornais team um problema. He1 sinais preocupantes de que a imprensa este1 chegando ao fim. As circulae7f5es diminuem, a publicidade tambe9m.Creio que estamos cometendo um erro fundamental, de supor que exista um modo de transplantar o jornal para a web, e que por termos tido eaxito fora da web vamos ter tambe9m na web. A web e9 um fenf4meno totalmente diferente.Em que sentido?J.L.C. – A diferene7a fundamental e9 que um jornal e9 um universo fechado, onde da primeira e0 faltima pe1gina se oferece uma certa edie7e3o do mundo. He1 uma cumplicidade intelectual entre o leitor e o jornal. O leitor na web se comporta de maneira diferente. Vai do Globo ao New York Times e de le1 para o Pravda. c9 um ambiente aberto. Por isso me parece equivocada a ideia de transplantar os jornais para a web. Outra coisa e9 a utilizae7e3o das marcas. Isso ainda se este1 por ver, talvez possa funcionar.Outra diferene7a importante e9 que os sites team sistemas de medie7e3o de audieancia muito mais precisos e constantes do que os dos meios impressos. Isso cria novas pressf5es sobre a linha editorial, ne3o?J.L.C. – c9 verdade, e ne3o sei se isso e9 um problema. O que e9 certo e9 que a informae7e3o de qualidade este1 ameae7ada. Ne3o e9 fe1cil distinguir na web o que e9 rigoroso e verdadeiro do que e9 bullshit, como dizem os americanos. O problema e9 entendermos que estamos diante de uma mudane7a de ciilivzae7e3o. Assim como os monaste9rios perderam o poder intelectual que tinham apf3s a aparie7e3o da prensa mf3vel, hoje o poder informativo ne3o e9 mais apenas dos jornais e editoras. A estrutura informativa como a conhecedamos pertence agora ao Antigo Regime. Ne3o digo que o novo seja absolutamente bom, e que a tradie7e3o seja totalmente rechae7e1vel. He1 valores que e9 preciso resguardar, como os direitos humanos, o direito e0 propriedade intelectual. Mas temos que reconhecer que mudou.Em seu livro o senhor cita uma frase dita pelo magnata da meddia Rupert Murdoch em 1980: nosso negf3cio e9 o entretenimento . Esse e9 um valor hoje muito defendido pelos consultores que fazem palestras sobre o futuro do jornalismo.J.L.C. – Nada e9 absolutamente novo na vida e toda revolue7e3o tem uma contrarrevolue7e3o nas tripas. O que trato de dizer e9 que o essencial e9 compreender essa mudane7a estrutural. Ne3o e9 saber se estamos diante de uma onda de trivialidade da informae7e3o ou ne3o. O problema e9 que antes uns emitiam e outros recebiam. c9ramos os se1bios que comunicavam aos ignorantes. Algo disso tem que ser mantido, e9 preciso que se possa distinguir as verdades de mentiras. Mas a queste3o e9 como devem se comportar, num mundo desintermediado , uma coisa chamada meios de comunicae7e3o.E como devem agir?J.L.C. – O primeiro que temos que fazer e9 reconhecer o que este1 acontecendo. Ne3o digo que os jornais ve3o desaparecer, mas digo que podem desaparecer. Para mim, o problema e9 estrutural. Na sociedade da comunicae7e3o, existe espae7o para jornalistas? Isso este1 relacionado e0 crise da democracia representativa. Hoje os prf3prios partidos poledticos desaparecem frente e0s iniciativas da sociedade digital, e os ledderes poledticos por sua vez buscam se relacionar diretamente com o povo. He1 uma tendeancia e0 democracia direta, plebiscite1ria. O que ne3o sei e9 o que3o democre1tica e9 a democracia participativa.E quanto e0 discusse3o sobre cobrar ou ne3o cobrar pelo contefado?J.L.C. – Je1 tivemos o modelo gratuito, o pago e voltamos ao gratuito. Para nf3s hoje a queste3o ne3o e9 cobrar ou ne3o cobrar, mas saber o que e9 um jornal na rede, e de que maneira levar as marcas para o mundo digital. He1 um fato que todos citam, mas poucos levam a se9rio: a economia da rede e9 uma economia de demanda, enquanto todos os meios de comunicae7e3o hoje este3o baseados numa economia de oferta. Os jornais se dirigem a um certo perfil geral de leitor, e ne3o ao leitor individualmente. Buscamos um modelo de edie7f5es personalizadas. Isso ne3o significa deixar de ajude1-lo e oriente1-lo. c9 complicado. Ne3o tenho as respostas. Ne3o sei sequer se tenho as perguntas. Mas creio que e9 muito importante tentarmos fazer as perguntas certas.

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