Lunes 26 de Junio de 2017 - 19:21hs. - República Argentina Edición # 1718

Revista #60 Abril 2014 > Politica Nacional

CON LA DIPLOMACIA SE EDUCA

Es un hecho, por demás comprobado en la historia, que el imperialismo británico usurpó las islas Malvinas en 1833 y expulsó al gobierno rioplatense que allí se encontraba. Aunque la vía diplomática, a excepción de 1982, siempre fue la estrategia nacional para recuperar el enclave colonial, el gobierno de Gran Bretaña continúa negándose a devolver las tierras ante la insistencia de los organismos internacionales.


Por Lautaro González

En latín invasio, es la acción y efecto de invadir. Se trata de interrumpir, entrar por la fuerza u ocupar irregularmente un lugar. También lo es el ingreso de las fuerzas armadas de una nación a un territorio ajeno, y suele tener como objetivo la conquista de dicho territorio o el derrocamiento del gobierno.

En el plano militar, una invasión implica el desplazamiento de fuerzas a fin de controlar un territorio. Para esto, los altos mandos el ejército desarrollan diversos tipos de tácticas. Estas, encuadradas en una estrategia general, hacen al objetivo finalista. Así, la invasión militar es considerada como una agresión que viola los principios de las leyes internacionales. Se trata, pues, de un crimen de guerra.

En la actualidad, el concepto de invasión se asocia al de intervención, en una especie de eufemismo utilizado por las potencias modernas para justificar la masacre de poblaciones, el saqueo de recursos y la ocupación ilegítima de territorios. El ejemplo del Reino Unido como principal potencia imperialista del siglo XIX reúne varias de estas características, tanto en su faz primaria, la invasión, como en su etapa actual “intervencionista”. Así afina su ímpetu colonizador en su afán por anexar enclaves coloniales para su acumulación capitalista dentro del mercado geopolítico internacional y “jugar” dentro del bloque de países dominantes. Fue con esta visión que el gobierno inglés pisó suelo argentino en 1833 con el objetivo de no retirarse jamás.

La tercera es la vencida

Las Invasiones Inglesas fueron dos expediciones militares fracasadas que la corona británica emprendió en 1806 y 1807 respectivamente, contra el Virreinato del Río de la Plata -perteneciente a la Corona española- a fin de anexarlo.

Ambos intentos fallidos significaron la incorporación de la región a las guerras napoleónicas, conflicto que enfrentó a las dos potencias dominantes de la época: el Reino Unido y Francia. La guerra en Europa otorgaba a los vastos territorios de Hispanoamérica un papel estratégico y económico de gran importancia para el Reino Unido, que se hallaba por entonces en plena revolución industrial y pretendía terminar con el imperio español.

Así la Primera Invasión de 1806, en la que las tropas británicas ocuparon la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, fue derrotada 45 días después por un ejército al mando de Santiago de Liniers, al que se le sumaron milicias populares porteñas, suceso conocido como la Reconquista.

La Segunda Invasión ocurrió en 1807. Las tropas británicas, luego de tomar Montevideo, fueron rechazadas cuando intentaron ocupar Buenos Aires. Las fuerzas defensoras, compuestas por tropas regulares y milicias urbanas, originaron lo que se llamó la Defensa.

Luego de veinticinco años, los británicos volvieron por la revancha y lograron el objetivo: el 20 de diciembre de 1832 destruyó las defensas militares del asentamiento argentino en Puerto Soledad y desalojaron a la guarnición argentina de 26 soldados. Desde entonces, las islas han estado bajo dominio británico, excepto durante el breve período de la Guerra de Malvinas, en 1982.

La resistencia del gaucho

En desacuerdo con la nueva situación, un grupo de ocho rioplatenses se sublevó el 26 de agosto de 1833 bajo el liderazgo del gaucho entrerriano Antonio Rivero (apodado Antook por los ingleses). Ellos fueron: Juan Brasido, José María Luna, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre.

Estos rebeldes armados con facones, espadas, pistolas, boleadoras y viejos mosquetes, en contraste con las pistolas y fusiles con los que contaban sus oponentes, tomaron la casa de la comandancia e impidieron el izado de la bandera británica durante los siguientes cinco meses.

Dos meses después, el 9 de enero de 1834, arribaron a la isla Soledad dos naves del Reino Unido: HMS Challenger, con el teniente Henry Smith a bordo, y HMS Hopeful. Inmediatamente izaron la bandera británica. Smith ordenó la persecución de los sublevados. Superados en número y armamento, la resistencia optó por retirarse al interior de la isla. A comienzos de marzo la rebelión ya estaba controlada y el propio Rivero encarcelado.

Luego se les inició un proceso en el buque HMS Spartiate, de la estación naval británica de América del Sur. Por motivos no bien documentados el almirante británico no convalidó el fallo y ordenó que Rivero y los suyos fueran liberados en Montevideo. El tribunal se había declarado incompetente debido a que los crímenes ocurrieron en una colonia británica, y por tanto fuera de la jurisdicción de un tribunal puramente inglés.

Con la misma vara

Ante la negativa de Occidente a reconocer la legitimidad del referéndum en Crimea, es clave recordar la postura del Reino Unido acerca de otros ejemplos de plebiscito, como el referéndum en las islas Malvinas, posición absolutamente contraria a la que mantiene en la actualidad.

El embajador británico en la ONU, Mark Grant, destacó en el Consejo de Seguridad el derecho de autodeterminación de los pueblos mediante referéndum. “Los isleños apoyaron en su mayoría su permanencia como territorio de ultramar del Reino Unido. No se puede ignorar su opinión. El asunto de la soberanía de las Malvinas no se puede decidir en contra de sus deseos”. Otra inconsistencia de Londres es la declaración unilateral de independencia de Kosovo en el año 2008. “La secesión de una parte del Estado de por sí no contradice a las leyes  internacionales”, reza el memorándum que el gobierno británico presentó al Tribunal Internacional de Justicia. Resulta que en el caso de las Malvinas y Kosovo, Londres prioriza la democracia y el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Solo cuando les conviene.

Un acto de gobierno

En el 32do aniversario de la guerra de Malvinas, la presidenta Cristina Kirchner encabezó en la Casa Rosada el acto conmemorativo. La mandataria exhibió una de las siete banderas que flamearon en las islas durante el Operativo Cóndor en 1966, y presentó un nuevo billete de 50 pesos en memoria de los caídos. “Tengo una infinita confianza en la historia, en el pueblo, para la recuperación de esas Islas. Siempre se terminan recuperando los enclaves coloniales, más tarde o más temprano”, destacó.

Cristina aclaró que el mensaje a futuro no sólo apunta a “recuperar la soberanía”. Afirmó que la posición de Malvinas “constituye la mayor base militar de la OTAN en el Atlántico Sur” e insistió que Inglaterra se debe sentar a dialogar con la Argentina. “Sería bueno que Inglaterra se dedique menos a guerrear y más a su pueblo”.

Es que el reclamo nacional ya no se ampara únicamente en los derechos geográficos, sino desde el firme convencimiento por derrotar la política exterior del Reino Unido, de carácter colonial e imperialista. Inglaterra, incapaz de solucionar la crisis económica por la que atraviesa desde 2008, busca en el conflicto por las islassaldar las cuentas que tiene por rendir frente a su propio pueblo.

Recordemos que desde aquel año pequeñas y medianas industrias de manufacturación despidieron personal como consecuencia de los problemas financieros internacionales. Por algo los jóvenes ingleses hablan de la generación “No Futuro”. Como toda potencia mundial, frente a la incertidumbre social interna, la militarización de sus colonias aparece como el remedio justo para mitigar el inconformismo y la rebelión. Más si existe petróleo y agua de por medio.

Tras el conflicto de 1982 y los intentos argentinos por discutir nuevamente la soberanía, Inglaterra comenzó a militarizar la zona de las islas en este último tiempo. Tal vez por el incipiente descubrimiento de petróleo, tal vez como ubicación militar estratégica parala apropiación del agua, o simplemente para “proteger” al príncipe Williams. Lo cierto es que Inglaterra desde hace unos años ha reforzado la zona de Malvinas con el argumento de un posible ataque argentino a las islas. Solo resta declarar que Argentina cuenta con armas de “destrucción masiva”, las excusas son siempre las mismas. Ahora ocupación, intervención e invasión son más que sinónimos. 

COMENTARIOS (2)

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H5YybP6D

yo soy argentino y la vedard me gusto mucho la web, ya ke entendia todo, todabia con mis amigos nos reimos de ciertas partes de la pelicula como por ejemplo:- porke ellos no estan acostumbrados al frio!!!!Los soldados de argentina tampoco!!!! si la mayoria eran del norte de argentina, el correntino ke hablo se se abran estado haciendo cubitos de hilo los huevos jajaja- porke ellos estan cansados por el largo viaje en barco!!!!Mierda, por eso los acrivillaron con los aviones!!!!Es chistoso pero a la ves no, pero bue, ke se le va a hacer, por culpa de las deciciones de unos pocos, todos terminamos para la mierda!!!Saludos

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