Martes 27 de Junio de 2017 - 14:27hs. - República Argentina Edición # 1719

Revista #55 Marzo 2013 > Politica Nacional

ENTREVISTA A MARTÍN FRESNEDA: DEL DOLOR INDIVIDUAL A LA CONSTRUCCIÓN COLECTIVA

El secretario de Derechos Humanos de la Nación analizó los avances en su área durante los 10 años de gobierno kirchnerista. Miembro fundador de HIJOS, cuenta su experiencia como militante que tuvo que dejar la lucha en la calle y los juzgados para continuarla desde la gestión.


Por Federico Martelli

A 10 años de aquel 25 de mayo de 2003 en el que asumiera Néstor Kirchner, el secretario de Derechos Humanos de la Nación Martín Fresneda analizó –en charla con Revista2016- la política llevada adelante en esa materia, recordó sus comienzos como militante y fundador de la agrupación HIJOS y contó qué se siente estar “del otro lado del mostrador”.

-¿Qué significan estos 10 años de política de Derechos Humanos?

- Aquel 25 de mayo de 2003 no hubiera podido imaginar la cantidad de logros que tuvimos en estos 10 años. En ese momento yo representaba como abogado querellante a la familia de Tello Biscayart, de La Plata, representaba a Esther Tello, madre de Marcelo (desaparecido durante la última dictadura cívico-militar). Antes de asumir, Néstor Kirchner viajó a Francia, ahí se reunió con Esther y se comprometió a que en Argentina se iba a acabar la impunidad.

A partir de ahí vimos que los derechos humanos tomaban un cuerpo importante. Luego llegó la designaron al doctor Eduardo Luis Duhalde. En esos tiempos veíamos que no solamente empezaban a levantar una bandera de reparación, sino que se empezaban a visibilizar hechos concretos. Ahí vimos un presidente que empezaba a hacer, más que a decir. Luego vino una de las políticas más importantes que tuvo este gobierno en materia de derechos humanos, que fue la sanción de la ley 25778 y 25779 con rango constitucional. Eso determinó la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad y la nulidad de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

A partir de esta medidase comienza a vivir la posibilidad real de juzgar a quienes participaron en el terrorismo de Estado.

Yo fui uno de los fundadores de HIJOS y en esa época por primera vez HIJOS en Córdoba recibió a un funcionario nacional, a Eduardo Luis Duhalde. En él veíamos que, por primera vez, la propia gestión venía a echar por tierra tantos años de impunidad.

-En los ‘90, daba la impresión que la lucha de HIJOS era una militancia en el desierto. El clima político, social y cultural no los acompañaba. ¿Cómo lo veían ustedes?

- Cuando construimos la organización, sacamos una carta a la sociedad y también hicimos una carta dirigida al entonces presidente Carlos Saúl Menem, esta última nunca se mandó. Veíamos que el silencio en Argentina era dramático, que formábamos parte de la historia de vida de muchos militantes que habían sido derrotados, no solamente de aquellos que habían emprendido un nivel de confrontación más directo, sino -como generación- en aquellos que querían transformar la realidad que vivían. Nosotros nos encontramos en una sociedad en lacual “los dos demonios” formaban parte del sentido común, del sentido político. Nacimos en esos días con mucha preocupación pero, al mismo tiempo, con mucha fortaleza. Porque pudimos salir del dolor individual hacia la construcción política colectiva.

-Era un contexto muy difícil. Recuerdo, por ejemplo, que gobernando Buzzi en Tucumán, la policía bonaerense y la policía cordobesa todavía estaban conducidas por cuadros de la dictadura, había una represión muy fuerte hacia todos los sectores de juventud y de la cultura. ¿Cómo vivían ese contexto?

- Era muy difícil. Nos cuidamos mucho. Fuimos muchísimas veces reprimidos por la Policía. En aquel momento habíamos decidido llevar adelante los escraches: “Si no hay justicia, hay escrache”. Queríamos poner en evidencia que en esa Argentina las víctimas habían sido descuidadas por el Estado. Lo vivimos con mucha soledad en términos de iniciativa política. Éramos conscientes que se requería un coraje importante para lo que estábamos haciendo, pero también éramos conscientes que teníamos que empezar a desandar ese camino de impunidad.

-¿Vos creés que el quiebre estuvo dado con el aniversario de los 20 años del golpe del ´76?

- Sí. El quiebre fundamental se dio cuando Scilingo decide hablar con Horacio Verbitsky. En ese momento, cuando Verbitsky publica el libro de la entrevista que le hace a Scilingo, El vuelo, creo que hay un quiebre cultural muy importante. Justo se daban los 20 años del golpe y veíamos que era la primera vez que un victimario reconocía que era real el relato y la denuncia que las Madres ya hacían en el ´76. El pueblo argentino necesitó escuchar de la propia boca de uno de los represores que era verdad que tiraban gente al mar, que eran una realidad las desapariciones, los centros clandestinos, las barbaridades que se hicieron.  La indiferencia empezaba a deteriorarse en esos tiempos. Una palabra, “indiferencia”, que en los ‘90 fue la reina de la política.

-¿Cómo viviste esa transición de estar del “otro lado del mostrador”, de ser querellante, ser el que peleaba contra un Estado que ocultaba, a ser hoy parte del Estado y llevar adelante esa política?

- Desde el punto de vista estrictamente personal y afectivo, lo vivo como la posibilidad de devolver todo lo que siento que Néstor y Cristina nos brindaron como posibilidad de vivir. Todos nosotros luchamos en aquellos tiempos,pero a pesar de nuestro esfuerzo, a pesar de nuestras fuerzas y la capacidad de soñar que teníamos, era muy difícil ver la posibilidad de que la Argentina juzgue el terrorismo de Estado, por eso digo que desde lo personal desde lo íntimo, lo veo como que es la posibilidad que nosotros tenemos decontinuar este proyecto en un cambio histórico y vivir en una patria con libertad, con democracia, con justicia. Ahora, desde lo político y lo colectivo, creo que nosotros durante todos esos años nos formamos para brindar a los argentinos la posibilidad que no tuvo nuestra anterior generación, nuestros padres, nos formamos desde una perspectiva de garantizar derechos para nuestra generación;en particular para mí, que hoy me toca ser el Secretario de Derechos Humanos, está ligado a una deuda histórica en la cual asumimos una responsabilidad generacional. Una vuelta rara de la historia.

-¿Qué peso tiene continuar a la labor de Eduardo Luis Duhalde?

- Muchísimo. Cuando la Presidenta me anunció que yo iba a ser Secretario de Derechos Humanos me dijo: “Vos tenés que continuar la tarea de Eduardo, y es una responsabilidad de ustedes”. Es el ciclo de las generaciones, ellos dieron todo lo que pudieron dar como sobrevivientes del horror y se convirtieron en hitos para nosotros. Nosotros tuvimos que desarrollar esa construcción. El patrimonio de nuestra generación es lo colectivo. Podemos comprender que la responsabilidad institucional no se aleja tanto de la responsabilidad militante colectiva.

-¿Cuáles son los desafíos que tenés al frente de la Secretaría, como política pública? y ¿Cuáles son las tareas pendientes de la política del gobierno nacional sobre los derechos humanos?

- Creo que Eduardo (Luis Duhalde) logró incidir fuertemente en la sociedad civil, los organismos de la transformación cultural, el sentido de las políticas de memoria en Argentina. Ya no se discute si es verdad o no lo que sucedió en aquella etapa, el terrorismo de Estado. Esa batalla cultural es una batalla ganada. Ahora, la etapa nuestra es la materialización de las políticas, la territorialidad de las políticas.

La etapa que yo me propongo es al menos tener una incidencia en el cumplimiento y garantía de derechos humanos en los territorios, en la expansión en todo el territorio nacional, la mejor articulación y aplicación de todos los estándares nacionales en las provincias a través del Consejo Federal de Derechos Humanos.

Siempre digo que las políticas de Memoria, Verdad y Justicia le permitieron al estado nacional recuperar no solamente la autoestima, sino la autoridad moral y ética para poder seguir avanzando en la ampliación de derechos. Esta autoridad ética también robusteció mucho al Estado para poder pensar que había que incorporar también a la Argentina a los pueblos originarios o a los campesinos, a miles de niños y niñas en situaciones de vulnerabilidad de derechos, a los adultos mayores. Esas políticas están ligadas a los derechos humanos.

En particular nosotros tenemos dos desafíos. El primero, empezar a poder cerrar la etapa de reparación de las víctimas del terrorismo de Estado, que son miles y miles, directa o indirectamente. Esa reparación está ligada a la Justicia. La Presidenta nos pidió que al 2015 podamos empezar a cerrar una etapa de juzgamiento. Pero nos permite a nosotros también pensar que tenemos que desarrollar todas las políticas de memoria en todo el territorio nacional, desarrollar herramientas de conocimiento y formación para todos los ciudadanos en lo que hace a la posibilidad de accesibilidad de derechos. Políticas que también están ligadas a las fuerzas de seguridad. La democratización de las fuerzas de seguridad es para nosotros lo más importante. Está ligada a la formación de la fuerza en cuanto a que vamos a tener una injerencia sobre la matriz de pensamiento o la matriz de funcionamiento orgánico, porque creo que es fundamental trabajar por el día en que nuestras fuerzas de seguridad puedan asumir que los derechos humanos son una herramienta que nos va a permitir, mejorar la calidad de vida, ser mejores hombres y mujeres; nuestra patria ese día va a vivir un día de gloria. Estamos en ese proceso; la democratización de la Justicia también es otro de los avances que logramos en estos tiempos, pero no es fácil poder llevar adelante esos procesos que son de la sociedad y realmente son procesos de discusión colectiva.

-¿Qué perspectiva ves respecto de la cantidad de nietos a los que falta recuperar su identidad? Porque cada minuto que se pierde se prolonga la injusticia.

- Dentro de la Secretaría tenemos una Comisión que vela por el derecho, por la identidad y es un tema que realmente vemos con muchísima preocupación porque es verdad, cada día que pasa le estamos privando la posibilidad de disfrutar de la verdad, de disfrutar de la identidad, de la historia, de sus padres, de compartir con la familia. Lo vemos por supuesto con mucha preocupación, pero también trabajamos con mucha ocupación para que podamos acelerar estos procesos de identificación y restituirle su derecho a la identidad. Estamos haciendo todo lo posible y hasta lo imposible para que todos los hijos tengan su identidad y puedan acercarse a las abuelas, acercarse al CONADI, para que no pierdan la oportunidad de encontrar ese lugar histórico de amor. Es un tema que nos duele. Creo que ha sido una de las peores perversiones que tuvieron estos tipos, robarnos a nuestros familiares, quitarles la posibilidad de crecer con la verdad a pesar del dolor. Es lo que nos tocó a nosotros y está en nosotros también hacer hasta lo imposible para llegar a ellos, porque si siguen pasando los años y no les recuperamos la identidad, habremos tenido, sin lugar a duda, una gran derrota en nuestra vida.

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