Lunes 24 de Julio de 2017 - 23:37hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #64 Diciembre 2014 > Politica Nacional

ROMPER EL CICLO


Por Adrián Daniel Albor

Secretaría política MUP CABA

Así como sabemos que tras la primavera llega el verano, luego el otoño, más tarde el invierno, y nuevamente la primavera… Así como la Biblia nos dice que tras los siete años de vacas gordas vendrán siete años de vacas flacas. Así creemos que la economía argentina se desarrolla en ciclos. Creemos que se trata de una ley de la naturaleza… como la gravedad, la acción y reacción, el dedo en la nariz ante el semáforo rojo, etc. Inmutables e inexorables leyes de la naturaleza. El agua hierve a cien grados, tras la bonanza vendrá la crisis. Se trata de una injustificada creencia general que tiene terribles consecuencias para el pueblo, pero que hace al negocio de las clases acomodadas.

Se puede sostener que la experiencia empírica demuestra efectivamente que estos ciclos se suceden desde que se tiene memoria, pero no menos cierto es que no se trata de una inviolable regla natural. En efecto, existen factores de poder que hacen que, tras los procesos de acumulación, sigan procesos de transferencia de la riqueza de los sectores humildes a los privilegiados (que en esta ecuación no son precisamente los niños).

Cuando una viuda mayor no puede pagar los impuestos de su casa en Palermo, se autoconvence de que los chicos crecieron, abandonaron el nido, que la casa le queda grande y con un dos ambientes le alcanza. Para ese momento de crisis, el inmueble cuesta una quinta parte del valor que tenía durante la bonanza. Quien guardó moneda extranjera, que a esa hora va a estar sobrevalorada, le compra a la anciana el inmueble, lo demuele y hace una torre. El mismo mecanismo se usa para comprar empresas públicas, edificios históricos, etc. No necesitamos mirar a Grecia, tentada a vender el Partenón para afrontar la importación de gas para el próximo invierno boreal. Alcanza con hacer un poco de memoria “vernácula”. Luego se tocará fondo, el costo de la salida de la crisis lo pagará el pueblo y comenzará un nuevo estadio de bienestar transitorio.

Ahora bien, como adelantara, la progresión cíclica no es fatal o inevitable… Ni siquiera es “natural”. Se trata de una concertación bien planeada de los sectores acomodados, que han perdido privilegios írritos durante el pico de bienestar del pueblo. Se trata de un artificio. La transitoria decadencia no podrá tener lugar sin el consentimiento del Gobierno, en tanto planificador de las políticas sociales y económicas. Aún más allá, a veces hará falta la colaboración del Gobierno para caer en la crisis en la que se hacen los grandes negocios. Sea por la omisión de actuar o por la actuación a sabiendas del fracaso inexorable (fracaso programado, por cierto), el Gobierno viola el mandato dado por el voto popular cuando administra en sentido del abismo. Por ejemplo en el caso de España: no se puede sostener que las autoridades desconozcan que las políticas seleccionadas darán por consecuencia una crisis igual a la de Argentina en 2001. Simplemente porque están usando las mismas recetas que aquí fracasaron, pero en esa crisis se harán grandes negocios. 

Volviendo a la cuestión local, alcanzará con liberar las importaciones y eliminar las retenciones a las exportaciones (medidas ya reveladas como programa político de algunos precandidatos) para destruir la industria local y para hacer los productos nacionales inaccesibles para el pueblo argentino, aunque muy apetecibles en el exterior. La destrucción de la industria generará una disminución del consumo local y permitirá mayores excedentes exportables a precios internacionales. ¿Qué va a preferir un productor cárnico? ¿Vender un kilo de lomo acá a cien pesos o en el exterior a cien dólares?

El ciclo se puede romper. Es necesario el mantenimiento de una política de desendeudamiento (contra los gurúes que aseguran que es el momento para endeudarse… en realidad parece que siempre es buen momento para endeudarse) para no hipotecar el futuro de las próximas generaciones. Se impone la protección de nuestra industria mediante políticas protectoras selectivas, con sustitución de las importaciones. Habrá que mantener e intensificar en caso de ser necesario, las medidas de retención de las exportaciones. Asegurar la continuidad del nivel de empleo y el consumo interno permitirá el bienestar de nuestro pueblo. Eso no afectará tan negativamente a las clases acomodadas, que en definitiva reciben el beneficio del consumo interno. Lo cierto es que van a tener que seguir soportando que un negro se siente al lado de ellos en un avión, o que una morocha pele una mandarina en la sombrilla vecina en Pinamar. Parece que eso es lo que más les duele. 

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