Viernes 18 de Agosto de 2017 - 15:17hs. - República Argentina Edición # 1771

Revista #64 Diciembre 2014 > Politica Nacional

TRABAJO PARA TODOS

La pelea por el pleno empleo en Argentina forma parte de la plataforma política lanzada por el reciente Movimiento por la Industria Nacional MINaC). En diálogo con Revista2016, Gabriel Merino cuenta cuáles son los principales desafíos en la materia y el rol estratégico del Estado.


Por Lautaro González 

Gabriel Merino es el referente nacional de CoNaPLA (Corriente Nacional, Popular, Latinoamericana), una de las organizaciones fundadoras del MINaC. Este espacio propone discutir la matriz productiva nacional a fin de alcanzar el pleno empleo en la Argentina del siglo XXI. Para ello, el proyecto invita a pensar la creación de un Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) propio de estos tiempos, e impulsar un plan industrializador continental para América Latina.

En tiempos de agudización de la lucha entre polos de poder mundial y a razón de las oportunidades históricas que abre la crisis internacional para el bloque latinoamericano, el MiNaC apuesta a la consolidación de la soberanía regional y el traspaso definitivo de la inclusión a la justicia social.

 -¿Cuál es el diagnóstico que realizan para impulsar este proyecto?

-En la actualidad la mitad de la masa trabajadora se encuentra precarizada y con serias dificultades, ya sea por trabajar en negro o de manera informal. Por lo tanto, la situación no mejorará si la matriz productiva continúa primarizada. Es necesario que se aborde esta problemática desde la voluntad política y por eso convocamos a participar y ser protagonistas de esta iniciativa. Vemos que existe un cuello de botella propio de la matriz productiva, cuya modificación no es un mero tecnicismo económico sino una puja político-estratégica. Esto se paga con desempleo de millones de argentinos, trabajo en negro y pobreza. Así como la dificultad en profundizar el proyecto nacional, popular y latinoamericano.

La concentración de la economía, su grado de extranjerización fundamentalmente en agronegocios y minería, la dependencia financiera, la desintegración industrial, la baja complejidad y valor agregado de nuestra producción, sumado a la pequeña escala nacional, son problemas que actúan como obstáculos importantes en la generación y redistribución de la riqueza. Si bien varios fueron parcialmente modificados en los últimos años, evitando ajustes más tempranos, como la estatización de las AFJP en plena crisis global que otorgó espalda financiera al Estado, lo cierto es que el “modelo” primario exportador extractivo continúa como dominante.

-¿Cómo se componen las exportaciones en la Argentina de hoy?

-Vale destacar que desde 2012 nuestras exportaciones en un 57,5% (46.524.509 millones de dólares) son de productos primarios y manufacturas de origen agropecuario, mientras que un 8,5% de combustibles y energía. El restante 33% es de manufacturas de origen industrial, gran parte de las cuales se explica por las ventas de las automotrices transnacionales que son fuertes demandantes de divisas para importar los componentes que ensamblan localmente. El déficit en el sector automotriz es de 5.800 millones de dólares, aunque sería el doble de no existir producción nacional. La estructura desintegrada, primarizada y dependiente hace que por cada punto que crece la actividad industrial aumenten un 3% las importaciones.

-Ante esta situación ¿cuáles serían los principales desafíos para avanzar con su propuesta? ¿Desde qué lugar debe posicionarse el Estado en este esquema?

-Si bien la Argentina ha transitado una época de crecimiento y recomposición del tejido social es necesario discutir el comercio exterior, la matriz productiva nacional y el desarrollo de las industrias estratégicas, pensando en el Estado empresario como garante efectivo de la patria soberana y el pleno empleo.

Es el Estado el que debe desarrollar las empresas estratégicas, porque en el desarrollo de un proceso de liberación nacional, popular y latinoamericana la producción de bienes estratégicos y de los medios de producción implica el desarrollo de soberanía y ruptura con la dependencia imperial. Sostenemos que son las empresas estratégicas las que producen el Estado, ya que producen la capacidad soberana de desarrollarnos y proyectarnos como país. Estas empresas que son las que producen barcos, aviones, grandes motores, reactores y maquinarias, generan el tiempo social de producción, es decir, impulsan el tiempo de trabajo, su productividad. Por ejemplo una cosa es hacer alimentos con una máquina con diez obreros para trabajar diez toneladas por hora, y otra distinta es hacer alimentos, en iguales circunstancias, con una máquina que permite procesar el doble. 

-¿Cuál es el rol de las pequeñas y medianas empresas en este contexto?

-El pequeño y mediano empresariado nacional sólo puede salirse de la subordinación a las transnacionales y al poder financiero a partir de la conformación de una red productiva con el Estado y el mundo del trabajo. El mito de la burguesía nacional como sujeto del desarrollo es sólo eso, un mito. Dichos sectores no poseen ni la fuerza, ni la escala, ni la capacidad productiva-tecnológica para avanzar por la independencia económica, el desarrollo nacional y la justicia social. Históricamente esto se hizo desde el Estado a partir de una alianza social cuyo componente principal son mayorías populares de la clase trabajadora, en sus distintas condiciones.

-¿Cómo se sale de este “cuello de botella” que planteabas anteriormente? 

-Con un plan industrial estatal y latinoamericano llevado adelante por  la alianza entre las fuerzas productivas y el trabajo, desde las empresas estratégicas y el complejo científico tecnológico nacional. Sólo así podremos avanzar en esta bisagra histórica, derrotar definitivamente al proyecto financiero primario-exportador y moldear un futuro digno para el pueblo en su conjunto.

Recordemos que la situación en la que nos encontramos se dio con la privatización, desarticulación y cierre de la mayoría de las empresas que fueron claves en aquellos momentos fundacionales de nuestra patria. En nuestra primera gesta independentista San Martín desarrolló en el Plumerillo una fábrica de cañones a cargo de Fray Luis Beltrán para el cruce de Los Andes. El objetivo fue nutrir la artillería del ejército libertador. Así como en el yrigoyenismo se asentaron los  cimientos de YPF, será en el desarrollo del peronismo que se desplegó con toda la fuerza las industrias estratégicas estatales: siderurgia, astilleros, aviones, automóviles, motocicletas y utilitarios, sumado al desarrollo de la energía atómica. Churchill no se equivocaba al afirmar en la Conferencia de Yalta, luego de la segunda guerra mundial, “no dejen que Argentina se desarrolle como potencia porque arrastrará tras de sí a toda Sudamérica”. 

Entonces no es casual que a partir de 1976 con el golpe financiero-neoliberal en manos de las fuerzas angloamericanas, claramente dominantes como proyecto estratégico en el territorio Argentino hasta 2003, se haya destruido al Estado y privatizado la estructura básica del país en un 75 %. Así este bloque pasó a desplegar su proyecto financiero agroalimentario exportador. Ferrocarriles, industrias navales y aeronáuticas quedaron a manos extranjeras que se apropiaron de casi el 70% de la riqueza generada.

Como mencionamos la industria nacional es inherente al desarrollo y la soberanía nacional. Sin profundización del proceso de sustitución de importaciones y recuperación de la matriz productiva industrial, recuperando estas empresas, no hay posibilidad de desarrollo del proyecto nacional.

Además debemos alcanzar la soberanía alimentaria y energética como bloque regional. Necesitamos al Estado nacional latinoamericano ya que es la única herramienta de los pueblos para impulsar la red de cooperativas, empresas recuperadas y pymes, integradas en torno a las empresas del Estado y financiadas por él. El único que puede cambiar la matriz es el Estado como lo hizo históricamente el peronismo con sus planes quinquenales, focalizando en la industria que esa burguesía no podía hacer, pero desarrollándola en otro modelo productivo. El problema surge con las resistencias a este nuevo modelo, porque la burguesía ve como una amenaza el estatismo de este nacionalismo industrialista. Por lo tanto, es lógico que cuando llegamos a este cuello de botella, estemos planteando ir hacia otro modelo productivo. De lo que se trata es de profundizar un modelo que acompañe a los cambios favorables que se dan desde el 2003, pero que cambie la lógica de producción nacional, para así recuperar al Estado regulador y sus funciones.

¿De qué manera  influirá este modelo en a las relaciones con China o Rusia?

-Para nosotros, la base fundamental de desarrollo está en Sudamérica. Con China se corre el riesgo de no salir nunca de una matriz productiva primaria y agroexportadora. Hay que abandonar la imagen de país proveedor de alimentos para las potencias industriales, que luego nos venden sus productos con un alto valor agregado. Tampoco debemos caer en el mensaje del imperialismo anglosajón al considerar a China como el enemigo clave, porque no lo es. Lo que necesitamos es conformar una potencia regional en un bloque sudamericano. De lo contrario, negociar por separado nos complicaría demasiado para poder conseguir la soberanía económica que buscamos. 

COMENTARIOS (0)

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.