Lunes 29 de Mayo de 2017 - 06:29hs. - República Argentina Edición # 1690

Revista #52 Julio 2012 > Producción Nacional

CUESTIÓN DE PECES

A la hora de pescar, algunos prefieren ir al noreste a buscar dorados o surubíes, los bonaerenses se inclinan por el pejerrey o las truchas del sur. Y si bien, dentro de las proteínas de origen animal que se consumen, los peces ocupan el primer lugar, la crisis de las pesquerías sigue en aumento.


Por Patricio Solimano

 

El ser humano utiliza anualmente 142 millones de toneladas de pescado, de las cuales consume de manera directa un total de 115 millones. En el año 2008, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el ganado porcino ocupó el segundo puesto con 98,8 millones, y el ganado vacuno queda por debajo con 67.7 millones de toneladas (estos últimos datos son del año 2007). Por más que suene increíble, los peces son el principal alimento de origen animal de la humanidad.

Este recurso se explota por medio de la pesca de captura y de la acuicultura. La pesca es la extracción de animales silvestres de vida acuática, actividad que se desarrolla desde hace milenios tanto en mares como en ríos. De la explotación pesquera actual, 80 millones de toneladas provienen de los mares y 10 millones de los ríos. La acuicultura, en su concepción más amplia, se define como el cultivo de animales o plantas acuáticas. Este término incluye variadas técnicas, aplicadas a una cantidad amplia de organismos vegetales y animales (moluscos, artrópodos, peces, etc.), y realizadas en una diversidad de ambientes (agua salada, salobre y agua dulce).

De todos los productos animales de importancia mundial, el pescado todavía es el único que se explota mayoritariamente mediante la extracción del ambiente (pesca), y no por cría o cultivo. Mientras la pesca produce alrededor de 90 millones de toneladas, la acuicultura produce cerca de 50 millones. Esto genera variados problemas, principalmente cuestiones de sostenibilidad del recurso y de manejo.

Con respecto a la pesca en mares, los organismos acuáticos se desarrollan con total libertad de desplazamiento, los límites existentes entre los mares territoriales y el mar abierto no son reconocidos por los peces. De allí que el cuidado de los recursos marinos y la explotación pesquera constituyan cuestiones que exceden las políticas territoriales aplicables a los ríos y sus recursos. Una explotación sustentable de estos recursos requiere desarrollar acuerdos y normas internacionales.

Erróneamente se cree que el océano, ese gigante azul que ocupa gran parte de nuestro planeta, es una fuente ilimitada en recursos alimenticios. Esta concepción humana se ha caído a pedazos en los últimos años, de la misma manera que cayeron las ideas de explotación sobre otros recursos naturales considerados alguna vez “infinitos”. Lamentablemente, la amplitud, rareza, desconocimiento y magnificencia del mar y sus recursos, hicieron que la idea de su limitado potencial llegara un poco más tarde.

Algunos problemas observados, tales como los sufridos por la anchoveta peruana durante la década de 1970, se atribuyeron a causas naturales como el fenómeno del “Niño”. Hoy se sabe que aunque “El Niño” puede afectar, la sobrepesca es indudablemente una de las causas más importantes del descenso de las capturas. Estos efectos fueron imposibles de ocultar cuando se generó el decaimiento en las capturas (stocks) de bacalao en el Atlántico Norte. Allí se evidenciaron las consecuencias de la sobre-explotación de esa especie en los años ´80. Durante los primeros 50 años del siglo pasado se decía que uno podía caminar sobre bacalao en las costas de Terranova, hoy en día es un emblema de lo destruido que puede quedar un pueblo cuando se maneja mal un recurso, porque no sólo los peces se terminan, sino que una sociedad que basa su desarrollo y su historia en la explotación pesquera se queda sin trabajo y sin futuro.

A raíz del descenso en el nivel de capturas de varias pesquerías, los gobiernos y las empresas empezaron a invertir en investigaciones, para generar nuevas y más eficientes tecnologías. Los resultados fueron pescas más efectivas, a mayor distancia de las plataformas y con mayores esfuerzos. De este modo, las capturas se mantuvieron e incluso se incrementaron. Se podría decir que se había producido una suerte de “carrera armamentista”, donde los objetivos fueron los recursos pesqueros marinos, que resultaron severamente afectados. Los recursos tecnológicos actuales, capaces de encontrar un pez debajo de una roca, mediante redes de tamaño descomunal que se arrastran en algunas zonas del mundo nueve veces al año, no dejan escape a los peces.

Por otro lado, como en la actualidad la pesca no da lo que daba, se crearon los subsidios pesqueros, muy comunes en los países del norte. Por ende, las destruidas pesquerías mundiales tienen que soportar pesca aún cuando no se pesca nada.

Además, no nos dimos cuenta antes del problema que tenemos entre manos, ya que las estadísticas de la FAO mostraban hasta la década del ´90, e incluso durante el comienzo del siglo XXI, que la pesca en los mares era siempre creciente. Este hecho hizo pensar a los científicos que el mar podía sostener una pesquería de esa magnitud. Si cada año se incrementaba el esfuerzo pesquero, aparecerían más peces para alimentar a una población mundial en crecimiento.

China, el gigante

Las estadísticas eran siempre crecientes si se incluía a China en los estudios. Pero los datos se modificaban notablemente al no considerarla. A fines del siglo XX se hizo claro para los científicos que las estadísticas de China -siempre crecientes- no coincidían con un patrón más generalizado en el resto de los países pesqueros, con rendimientos estables o menguados, según los años que se consideraran. Recién entonces se puso en evidencia que las mismas estaban alteradas al alza; el justificativo más evidente encontrado fue el sistema político chino, ya que las entidades públicas que monitorean la economía son las mismas a las que se les da la tarea de incrementar las producciones, por ende si los números no subían, no había ascenso para nadie. Sin considerar a China se evidenció cómo, a partir de la década del ´80, la pesca se mantuvo estable o decayó en algunos años. Por lo anterior, se tardó 20 años en reconocer que la pesca estaba en franco declive.

En nuestros días, de acuerdo con la FAO, más del 50% de las pesquerías están completamente explotadas y más del 70% necesitan estrategias de manejo. Dentro de este panorama entra en juego la acuicultura, para tomar una posición preponderante en la producción de alimento de origen acuático. Si bien es una forma de producción que se lleva a cabo desde hace siglos, es en las últimas décadas que su explosión la llevó a ser el sector que produjo más del 45% del pescado consumido en el año 2008.

Al fin de cuentas, no importa de dónde vengan los peces que nos alimentan. Estamos ante un problema, la crisis de las pesquerías está aquí, los cambios de paradigma en el manejo del recurso se vienen llevando a cabo, pero la política de explotación está tan arraigada en la gente que el camino parece lento.

Este proceso cuenta con múltiples actores: científicos, políticos, pescadores y consumidores. Los científicos y los políticos deben hacer ciencia o política para la gente, ya sea en un laboratorio o en un despacho, bajando del pedestal y gestionando los cambios necesarios. Los pescadores y los consumidores tienen que cambiar su forma de pensar; son ellos los “dueños” del recurso, y el mismo debería alimentar a todas las generaciones futuras.

El 15% de las proteínas que consumen 3 mil millones de personas proviene del pescado. Somos 7 mil millones y las buenas estimaciones predicen que de seguir así, en el año 2045 nos quedaremos sin recurso. Si el 40 % de la población mundial depende de él, ¿qué significa esto?

La presión pesquera, la quita de subsidios y el rol de la acuicultura

Hay dos posibles vías no excluyentes que se deben gestionar para salir de este problema, que según muchos es uno de los más importantes que enfrenta la humanidad, aunque de sencilla solución.

Primero, la pesca: hay que bajar la presión pesquera, quitar los subsidios y con ese dinero gestionar áreas marinas de conservación donde los peces puedan reproducirse y mantener poblaciones estables con individuos de gran porte. Hoy en día los subsidios de pesca van a las grandes corporaciones, mientras que si sostenemos reservas marinas, la distribución de esos beneficios será para las poblaciones locales que se encarguen de cuidarlas. Menos del 1 % del océano está protegido, en el resto se puede pescar. A las claras no parece que esta proporción muestre nuestros intereses con respecto a este recurso.

Por otro lado, la acuicultura debe ser estimulada de manera sustentable, pero no aquella de peces carnívoros que tienen que ser alimentados con otros peces. De nada sirve alimentar peces caros con peces baratos. Los consumidores deben comprender que un salmón no es sustentable, mientras que una carpa o una tilapia sí lo son, si queremos un futuro. Por otro lado, una vaca necesita entre una y dos hectáreas de campo para criarse y un lapso de por lo menos 2 años para producir algunos cientos de kilogramos de carne. La acuicultura en la misma cantidad de terreno y en meses puede producir toneladas. Esto sin contar los beneficios que traen los lípidos del pescado a la salud.

Si queremos cambiar el presente, tenemos que darnos cuenta de que la presión debe venir del consumidor, quien tiene el poder. Queremos áreas de conservación del recurso, queremos que el mismo se explote de manera sustentable. Los pasos a seguir son variados, ya existen etiquetados que denotan el origen del producto y su sustentabilidad. La fuerza del mercado la hacemos nosotros. 

COMENTARIOS (5)

Leer todos los comentarios
cheap backlinks

9rnc7p Major thanks for the blog article.Really thank you! Fantastic.

link building

17g7mn Great, thanks for sharing this post.Really thank you! Fantastic.

link building team

dpdEtw Looking forward to reading more. Great blog article.Much thanks again. Cool.

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.