Martes 25 de Julio de 2017 - 21:36hs. - República Argentina Edición # 1748

Revista #49 Noviembre 2011 > Producción Nacional

VOLVER A LAS RAÍCES

Se los conoce como “científicos repatriados”. La mayoría se fue por la crisis del 2001 y regresaron hace unos años, gracias a que en el país se declarara como política de Estado la repatriación de los científicos argentinos. Aquí, algunos casos para pensar los cambios y desafíos en torno a los que volvieron para insertarse en la comunidad universitaria.


 

Por Juan Mannarino

 

Mariela Miranda y Gustavo Vallejo, dos abogados platenses, trabajaban como científicos en el exterior, pero nunca sintieron que habían abandonado la Argentina. Se fueron a España en el 2003, terminaron una capacitación como investigadores extranjeros y volvieron. Hace unos años encontraron su lugar en el país: se hicieron cargo de un Instituto de Investigaciones Biotecnológicas, dentro de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), donde estudian las implicancias éticas de la biotecnología.

Son dos de los cerca de 800 científicos e investigadores que desde el 2003 retornaron del extranjero (según estimaciones oficiales, hay 6000 científicos argentinos en el exterior). Con el relanzamiento del programa RAICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior), un plan que si bien existía fue refinanciado por el Ministerio de Ciencia, Tecnologíae Innovación Productiva de la Nación, se declaró como política de Estado la repatriación de científicos argentinos. Así lo explicita la Ley 26.421, sancionada en noviembre de 2008, que está destinada a profesionales que residen en el exterior y desean volver al país.

El programa RAICES, en primer lugar, se encarga del pago de los pasajes y  garantiza un puesto en centros de investigación nacionales. Funciona como un “mega programa” que contiene una serie de pequeños planes de reinserción. Algunos de ellos son el Programa de Recursos Humanos (PRH) de la Agencia Nacional de Promoción  Científica y Tecnológica y las becas posdoctorales de reinserción del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Dentro del PRH se encuentran los Proyectos de Investigación y Desarrollo para la Radicación de Investigadores en Áreas Tecnológicas Prioritarias (PIDRI), que promueven la radicación y/o relocalización de investigadores. Desde 2010 también se ofrece asistencia legal a las familias de  investigadores argentinos interesados en volver al país, a partir de un convenio firmado con la Dirección Nacional de Migraciones.

Hay otros subprogramas, como el “César Milstein”, que promueven la estadía corta del repatriado para dirigir tesis o participar en reformas curriculares. Cecilia Mendive es Doctora en Química, realizó su post-doctorado en en Alemania, y volvió en 2010 para trabajar en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Mendive fue volviendo “de a poco” hasta que retornó definitivamente. “Para mí, la repatriación significa mucho, porque además de volver a estar cerca de mi familia y mis amigos, me permite a través de mi trabajo brindar un aporte para seguir construyendo nuestra nación”, enfatiza.

 

Concentrados en Buenos Aires

Con respecto a los sueldos, el primer año el Estado paga el 80%, el segundo año, el 60%, y así hasta que finalmente la institución en la que está el investigador paga el total.Además, se dan subsidios para que las instituciones (facultades, laboratorios, el Conicet, el INTA, algunas universidades privadas) mejoren la infraestructura.

Más del 50 por ciento de los repatriados argentinos se relocalizan en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, en tanto un porcentaje menor en provincias como Córdoba, Mendoza, Río Negro y Tucumán. "Queremos que la llegada de los científicos repatriados favorezca equitativamente a todo el país, ya que nos encontramos con una distribución asimétrica de investigadores", sostieneel titular de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, Armando Bertranau. La mayoría de los investigadores vuelven de Estados Unidos y de países de Europa.

 La Plata es uno de los centros universitarios con más repatriados. Según Marcelo Caballé, secretario de Ciencia y Técnica de la UNLP, hay cerca de 30 investigadores repatriados. “Llevar adelante el  programa no es sencillo. Esencialmente está la cuestión de equipamiento porque es parte de la repatriación la compra de tecnología para  modernizar las áreas de investigación. Recién en unos años podremos medir el impacto positivo de la inserción de los recursos humano y la actualización de la tecnología”, explica.

Leo Gagliardi, 36 años, es químico analítico y volvió con RAICES.  Sin embargo, el químico analiza que el programa tiene algunas grietas. “Me parece que no sólo es traer a la gente al país, hay que también insertarlos en el sistema. Hay una parte de la institución académica que acepta eso, y hay otra parte que no, que no le gusta nada que te den un cargo de profesor por designación, mientras que ellos te dicen que se quedaron en el país y no tuvieron las mismas oportunidades”, reflexiona.

 

Los que regresaron para volver a pertenecer

Un 40 por ciento de los que vuelven pertenecen a las Ciencias de la Salud y Biológicas, un 30 por ciento a las Ciencias Exactas y Naturales y tan sólo un 14 por ciento a las Ciencias Sociales y Humanísticas.

SegúnAgueda Menvielle, responsable de Raíces, haydos casos “macro” de científicos repatriados. Los primeros, que son minoría, son aquellos que se fueron durante la dictadura, hicieron sus carreras en otros países y regresan a terminar sus años de docencia e investigación. Y los segundos, la mayoría, son los que migraron a partir de la década del ´90 o durante la crisis del 2001 buscando condiciones laborales más dignas  y volvieron porque comprobaron mayor inversión en ciencia.

 “Nuestra salida al exterior no tiene que ver con cuestiones políticas, sino con la continuación de nuestras carreras. En mi caso, me fui con una beca que se cortó al medio porque Cavallo decidió frenar las divisas. Tuve que empezar de cero en un país desconocido y regresé hace unos años porque sentí que en Argentina hubo un cambio notorio de las condiciones laborales en el campo científico”,precisa el historiador Mario Ranalletti, recibido en la UBA, doctorado en París y actual docente de la Universidad de Tres de Febrero.

En este sentido, Luis Foa Torres, físico de la Universidad Nacional de Córdoba, estuvo en Europa hasta fines de 2009 y remarca que “en 2001 se veía todo muy gris. Y ahora la verdad se está mucho mejor y el espíritu es distinto. En Europa te trasladás mucho de instituciones y queda mucho trabajo disperso en el camino. Aquí siento que mi trabajo está en un lugar con el cual tengo una relación de pertenencia diferente. Porque los que regresamos queremos volver a apostar a nuestra identidad nacional”

 

De la fuga de cerebros a la operación retorno

            El 29 de julio de 1966, durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía, cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA) fueron ocupadas por la Policía Federal, que golpearon y desalojaron a estudiantes y profesores y destruyeron aulas, laboratorios y bibliotecas.

            El hecho se conoció como “La noche de los bastones largos” e inauguró una larga tradición de fuga de cerebros en Argentina. En los meses siguientes, unos 300 docentes e investigadores dejaron el país para radicarse en el exterior, pensadores de la talla de Manuel Sadosky y Gregorio Klimovsky.

Más de cuarenta años después, y luego de varias generaciones de científicos expatriados en busca de mejores condiciones de trabajo, la tendencia parece estar cambiando. Agueda Menvielle explica que la iniciativa de la repatriación “no apunta a convencer a los que viven afuera sino más bien a contener a los que tomaron la decisión de volverse”

El modelo neoliberal  de los ´90 no tenía ningún interés en el desarrollo científico. Cavallo mandó a los científicos "a lavar los platos" el 24 de setiembre de 1994, exabrupto con que respondió a demandas presupuestarias para la ciencia durante el gobierno menemista.“En la época de Cavallo, los sueldos eran bajísimos y hasta bajaron las becas. Yo suelo pensar que en esa década se dio una ´fuga de cerebros silenciosa´, quizás la mayor de toda nuestra historia. Y encima, poco tiempo después, Ricardo López Murphy quiso bajar el presupuesto de la universidad para pagar la deuda externa”, dice Marcelino Cerejido, autor del libro “La Nuca de Houssay”.

Gustavo Vallejo recuerda cuando el funcionario del gobierno de la Alianza, Dante Caputo, quería cerrar el CONICET para que los investigadores migraran a las universidades. “Fui uno de los tantos afectados por esa política de desfinanciamiento. Había entrado al CONICET y mi evaluación estuvo detenida dos años, fue terrible. Esa demora hizo que me fuera a Europa a trabajar como investigador extranjero”, dice, y la referencia no es casual: en los últimos tiempos, Vallejo se dedica a investigar los programas de repatriación. Y afirma, sin pelos en la lengua, que ahora los científicos en vez de pensar  irse quieren quedarse.

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