Jueves 27 de Abril de 2017 - 02:17hs. - República Argentina Edición # 1658

Revista #26 Abril 2009 > Sociedad y Cultura

Dios se ríe y baila

Podríamos arrancar diciendo que el primer hecho bíblico lo produjo “El hijo de Cuca”, la canción de Pocho La Pantera. Es lunes y son las once de la noche. El Teatro de Variedades Concert tiene las puertas abiertas. Dios está en todas partes, pero atiende en la Avenida Corrientes.


Por María Inés Pereita

Detrás de bambalinas un telón plateado se desliza y aparece, como una especie de mago, un hombre carismático de unos 50 años. Aplaude y se mueve de un extremo al otro del escenario, con una sonrisa exagerada. Se saca la capa blanca de raso que lo envuelve. Tiene un traje del mismo color e igual tela. Al ritmo de Brasil  la la la la la, de Caetano Veloso, entra en escena el  Pastor Diego Gebel. Cinco minutos más tarde, presenta a su compañera, la pastora Mabel.

Los líderes espirituales llevan casados 26 años. Paradójicamente, se conocieron en una Iglesia católica. Mabel tenía 12 años y cantaba en el coro, él 16 y concurría religiosamente cada domingo con sus padres. Cuatro años después de ese encuentro deciden casarse. Al tiempo nace Silvana, miembro del staff de bailarines y pastora como sus padres y abuelos paternos. Para no cortar la tradición familiar, se casa con un pastor. Melisa es la hija menor del matrimonio, es pastora, además de  bailarina,  y cantante en el show. Hace unos años, el matrimonio Gebel decide agrandar la familia y adopta a Brian del hogar Felices los niños, del padre Grassi. Brian tiene 14 años y se encarga del sonido de cada reunión, le gusta la  percusión y toca en la iglesia que tienen en Villa Ballester. Este es el elenco de “Jesús quiere ser tu amigo” una ceremonia ininterrumpida por más de cuatro años. Bienvenidos al paraíso de la familia Gebel.

¡Lárgame la música mi amor!

La figura estelar del ritual es sin duda Mariana A. conocida por su primer debut en la pantalla chica de la mano de Adrián Caetano, en la serie Tumberos. Novia de Willy, el excelente personaje interpretado por Carlos Belloso. Cuando ella entra, entra el glamour. Con un imponente vestido de gala rojo furioso, da comienzo a la revista improvisando un monólogo light adaptado a la coyuntura social, la inseguridad y las declaraciones explosivas de la diva de los teléfonos.

“Toda la vida hubo inseguridad. Soy de Morón, he vivido en el oeste y ahí siempre hubo robos, ahora vivo en Palermo y me robaron dos veces el stereo del auto. Lo que pasa es que sale un famoso y es voz populy. Tenemos que hacer oídos sordos a este tema porque creo que la unión hace a la fuerza y sino recuerden el cacerolazo. Cuando el pueblo está unido, las cosas tienen mejor resultado ¿o no gente?  Lo mío no es la política, es divertir a la gente. Mostrar un poquito de glamour y hacerlos sonreír; ésto para mí, es un modo de vida. Lárgame la música mi amor”, grita y el cuerpo entero de bailarines se despliega copando el escenario.

Mariana A. da rienda suelta a la verborragia. “Al pastor lo han tildado de todo. Lo tildaron de ‘pastor de los putos’ y no se cuántas cosas más. Pero uno cuando pastorea, pastorea  a todas las ovejas, y no tiene que ver con una cuestión de género. Este hombre apunta a toda la gente que no puede entrar en una iglesia ¿Vieron que a los putos en la Iglesia no les dan la ostia? Una cosa increíble. Porque si Jesús murió por nosotros, no importa quién es puto y quién no. No hace mucho tiempo, un cura, un señor Quarracino (Arzobispo de Buenos Aires desde 1990 a 1998) envidioso de que nosotras teníamos tetas y de que estábamos liberadas,  decía que todos los homosexuales se tienen que ir a una isla. Yo le pregunto: si nos vamos a una isla, ¿quién da misa? Entonces mi amor el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Le damos la bienvenida a Die-die-gooooo- Gebelllllllllllll”.

Así arranca la ceremonia. Durante dos horas la evangelización se convierte en un híbrido e hilvana una variedad de entradas y salidas; desfilan travestis, transformistas y bailarines en cuadros musicales con performances que incluyen desde El Fantasma de la Opera, con una versión de No llores por mí Argentina con una Evita travesti.

La revista, el cabaret y el acting, se fusionan y dan origen a un ritual poco convencional quebrando con la reunión tradicional de las iglesias evangélicas que habitan el imaginario social. El abanico de posibilidades acerca de este imaginario es amplio e incluye varios estereotipos de pastores: los que hablan en portugués y bendicen por medio de la televisión y la radio, liberan al cuerpo de Satanás, llaman puerta a puerta para que Cristo entre a nuestras vidas, hacen milagros en vivo y en directo, e infinitas combinaciones que escapan de los travestis, las estrellas de la farándula, la música de Rodrigo y exceso de purpurina.    

La figura del Pastor ofrece una mínima resistencia para que el show no se transforme en una copia clase B de “Bailando por un sueño”. Fiel mediante, Gebel y su esposa dan testimonio a los feligreses de que Dios está presente y “bendice nuestro arte”.

La palabra de Dios se hacía esperar ¿En qué momento, en qué escena, iba a encastrar el mensaje del señor? Las surtidas coreografías seguían pasando: una pareja de tango con estilo arrabalero, canciones, más sketch y vedettes. El Pastor adelanta el final. La hija mayor sube y canta una canción esperanzadora sobre el “maravilloso milagro de la vida”.  El público estalla en aplausos. Llama a uno de los fieles. Una señora pasa adelante y cuenta su testimonio y bienaventuranza a partir de la concurrencia a la iglesia. Bajan las luces, se cierra el telón. La pastora se acomoda en una banqueta alta y un reflector unidireccional la ilumina. Ahora sí, llegó la bendición final.

Clara y simple, por momentos  redundante, Mabel relata un pasaje de la Biblia en forma oral y mueve las manos mientras habla. Le pide al público que practique con el ejemplo como el protagonista de la historia. Parecido a un cuento de filosofía Sufi o a uno de Jorge  Bucay, las palabras de Mabel suenan alentadoras, optimistas. La esperan, quieren saludarla. El Pastor y Mabel salen del escenario. Se sientan con los fieles. Corderos en la noche…

Más allá del bien y del mal

La noción del pecado, la resignación ante la muerte, el dolor de la existencia, los milagros de un ser superior, la carencia absoluta de una moral persecutoria, y la palabra de Dios tal cual está impresa en las sagradas escrituras, carecen de sentido en este espacio, el cual pareciera que se adecua perfectamente a las necesidades de los fieles que concurren.

Los íconos tradicionales habitan el templo convencional: la Cruz, la Biblia, el altar, el agua bendita y las velas, se desplazan y proyectan hacia otros objetos fundamentales para el show: el telón, el escenario, las plumas, el conchero, la purpurina, la música, los juegos de luces, la bola espejada al mejor estilo disco, los variopintos colores y tamaños de plumas, mucho maquillaje y exceso de glamour. Declaran a los evangélicos radicales un reto competitivo, en pugna por conquistar nuevos adeptos y cubrir las necesidades espirituales de los “no reconocidos”.

Como “no reconocidos”  nombra Diego Gebel a sus fieles, y asegura que “todo líder religioso burocratizó a Dios”. Éste sería el punto de partida donde él empieza a refundar un movimiento que entrecruza el cabaret con la iglesia en una especie de comunión donde no hay restricciones de ningún tipo para comulgar.   

¿En estos cinco años de trayectoria tuviste inconvenientes con alguna rama de la Iglesia Evangélica?

No están muy de acuerdo los evangelistas con ésto. Yo soy pastor evangélico y tuve que fundar una Asociación con otros diez pastores, “Jesús quiere ser tu amigo”, fuera de la asociación a la que pertenecía, Alianza Cristina de Iglesias Evangélicas (ACIERA). Ellos no lo aceptan y lo entiendo. Tampoco lo aceptaría si no fuera yo. Descubrí que detrás de las personas que concurren hoy acá y me siguen, hay gente muy buena y generosa que cree en Dios y que necesita un espacio, sobre todo el travesti o el transformista.

¿Te molesta que te tilden de pastor de los travestis?

Y me lo banco, no me siento pastor de. Soy pastor de cualquier persona. Me siento pastor de toda la gente. Los fines de semana, voy allá y soy pastor de todos. Lo que pasa con el travesti es una cuestión muy homofóbica, de mucha vergüenza. Para mí es lo mismo si es Yamila u otra persona, nunca le pedí documento ni nada, no me interesa, es Yamila y la trato como una dama. Vienen Silvia Peyrou y Yamila y es lo mismo, son dos mujeres. Nunca tuve esa cosa de morbo de saber quién hay detrás. No discrimino, y ellos saben que los miro como lo que son. La persona que está muy discriminada y perseguida enseguida te saca si estás haciendo proselitismo.

¿Cómo se da esta convivencia entre iglesia y revista?

Esto comenzó hace cuatro años cuando Pocho La Pantera va a la iglesia de Villa Ballester y me propone hacer algo en Capital. Yo pensaba traer la Iglesia acá, entonces alquilé el teatro para hacer una reunión de iglesia. Anuncié que iba a estar Pocho La Pantera y Lia Crucet. Al principio canté canciones de Dios, y cuando le toca a Pocho, él se olvida las pistas y trae las de El hijo de Cuca. En ese momento no sabía qué hacer, él canta  canciones que nada que ver con la iglesia. Cuando termina de cantar y empiezo a hablar de Dios, ¡inmediatamente veo que una cosa es compatible con la otra! Que esas canciones y ese mundo no están tan lejos de Dios. Después llega Mariana, Silvia Peyruo, Beatriz Salomón, Isabel Sarli y Lia Crucet.          

¿Cómo te conectaste con ellos?

De boca en boca, en algunos casos por alguna necesidad  o un problema personal, me consultaron. Después Juanito Belmonte me dijo que podía traer alguna figura cada lunes y entregar una medalla al éxito y pasaron desde Los Pimpinela hasta “Cacho” Castaña. Belmonte los sienta en la primera mesa, yo predico y después recién se entrega la medalla y la figura también predica.

¿Cómo aterrizas en el cabaret Cocodrilo?

El dueño me invitó para que todos los lunes a las tres de la mañana haga un show de dos o tres horas. El momento de la palabra es cortito porque en realidad van a otra cosa, es un saludo, una bendición. Pero prestan mucha atención en el número de la canción que canta mi hija, la mayor, les llega más a la gente que otra cosa. Para mí es suficiente, es dejarles algo. No sé si hago bien a los ojos de la sociedad cristiana con mi trabajo, yo me siento muy bien y me hace bien. Llevo a mis hijos, a mis papás, no hay nada raro ni prohibido. La Iglesia se alarma, pero yo hago bien algo que ellos no hacen, ni es más de lo mismo.

¿Sentiste el llamado o simplemente decidiste ser pastor por una cuestión de transmisión familiar?

En los ‘90 trabajaba en Siemens y mi esposa también; a mí esto no me interesaba pero noté que la gente me seguía mucho. Una vez invité a cenar a un pastor a mi casa y vinieron 60 personas a escucharlo. Me di cuenta que juntaba gente a mi alrededor. Pensé en abrir un salón y ver qué pasaba. Me gustaba  escuchar y entender la problemática social y entonces renuncié al trabajo porque ya no tenía tiempo. Y funcionó bien, me dediqué el 100%. Por ahí económicamente no me iba tan bien como en la empresa. Con mi esposa, nos hicimos mínimamente de una base como para sobrevivir. Dinero que agarro lo pongo acá y si pudiera irme al Gran Rex, no tengas la menor duda que lo haría.

¿Estudiaron para ser pastores?

Sí, teología. Nos internamos en un instituto desde muy chicos, son ocho años el nivel terciario. A la Asociación yo les incomodaba, los iba a meter en un problema, no me echaron; mis estudios se respetan; entonces decidí abrir otra Asociación: Jesús quiere ser tu amigo. Es sin fines de lucro y la integran diez pastores, yo soy vicepresidente y mi pastor que es el presidente, es quien nos guía.  

¿Cómo se banca el teatro Concert?

Hace 12 años que tengo una iglesia en Villa Ballester, más modernosa pero con estructura eclesiástica, más de canciones y de palabra de Dios. Concurren más de mil personas. Esa iglesia sostiene esto que yo hago, acá no se cobra entrada, se recauda con el buffet y a la gorra. Los artistas cobran un viático para el taxi y la gorra, eso lo sostiene la iglesia de Villa Ballester. Es como un buen gobernante, si la plata le vuelve a la gente… El templo de Ballester que era un cine viejo, lo arreglé todo. Quedó hermoso. Manejo la  voluntad de la gente, si ellos ven que se cambiaron las alfombras, que está calefaccionado en invierno, fresco en verano, lo sostienen, porque quieren eso. Además preparo gente en un instituto para ser pastor, dicto un seminario los viernes en el que concurren aproximadamente 300 personas, y los sábados y domingos hago reuniones por la noche; después, el Corralón y Cocodrilo.

¿Hacés milagros?

Soy un comunicador de Dios, pido para que las personas se sanen pero no hago milagros ni nada. Cuando más humano te mostrás es más fácil mantener esa imagen. Si te mostrás como un ser alado, un día te mandás una macana humana y no te lo perdona nadie. Me gusta que me conozcan tal cual como soy.  

 

 

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