Jueves 24 de Agosto de 2017 - 07:26hs. - República Argentina Edición # 1777

Revista #45 Enero 2011 > Sociedad y Cultura

Figuritas de la historia

El álbum del Bicentenario


Por María Inés Pereita

Rogelio Iparraguirre, autor del proyecto “Tandil en el Bicentenario Argentino”, nos cuenta como surgió la iniciativa de crear un álbum de figuritas que recorre la historia de los 200 años de la patria, desde los pueblos originarios pampeanos hasta los distintos gobiernos y los personajes de la cultura, el arte y el deporte a nivel local y nacional. La idea desembarcó en los colegios públicos y privados en el mes de agosto. Pequeños de sala de cinco años hasta alumnos de quinto grado intercambian figuritas, mientras repasan la historia contada de manera creativa y entretenida, logrando “trasladar el aula al recreo, pero sobre todo, el recreo al aula”, relata entusiasmado su hacedor.

“La idea surge tomando unos mates con un amigo y compañero, Gustavo Primucci, a fines del año 2009, conversando acerca del año del Bicentenario y de la oportunidad que nos daba como pueblo desde lo simbólico de revisar nuestra historia”, recuerda Iparraguirre sobre el nacimiento de la iniciativa.   Esta contó con el apoyo de la Comisión Ejecutiva del Bicentenario, que depende de Presidencia de la Nación y promueve iniciativas relacionadas con los 200 años de nuestra Historia.   

La tirada abarcó la totalidad de alumnos, sumando más de 17.600 ejemplares. Se imprimieron 18 mil álbumes y 5 millones de figuritas, repartidas en 1 millón de paquetes de manera gratuita.

El álbum se divide en cinco capítulos. Los primeros segmentos se encargan de describir la zona antes de la urbanización, los pueblos originarios que la habitaban, la célebre Piedra Movediza y el significado de la voz mapuche “tandil” (piedra que late), pasando por el proceso fundacional de la ciudad, la etapa de la Revolución, la inmigración, la modernización, hasta llegar a la actualidad. 

A su vez “Tandil en el Bicentenario Argentino” viene de la mano de un cuadernillo realizado en forma conjunta con la Inspección General de Escuelas y el Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación, SUTEBA,  para que cada docente responsable del proyecto cuente con un sustento histórico que permita un abordaje serio dentro del aula hasta finalizado el ciclo electivo. “Por un lado, ellos son los responsables de que los lunes se repartan los sobres a cada alumno, además de plasmar el contenido del álbum a través de un cuadernillo de historia dividido en cinco capítulos a partir de la investigación de cuatro historiadores”, despunta Iparraguirre sobre el rol de los formadores.

Desandando  el proceso creativo

¿Cómo fue recibido el álbum en los colegios públicos y en los privados?

Contamos con un fuerte apoyo en ambas instituciones. El álbum en términos historiográficos tiene una base revisionista y si se quiere, como la democracia, un valor inalienable de la humanidad; la columna vertebral de este proyecto. Y por otro lado, intenta recuperar la historia que ha sido sesgada por la visión mitrista, sarmientina y liberal, que cuenta una parte de la Argentina y oculta sucesos y protagonistas importantes de la región. Por ejemplo, aparece un personaje de Tandil, Ramón Santamarina, un ícono, un estanciero de los más importantes de la provincia de Buenos Aires de la primera mitad del siglo XIX, ; también aparece su nieto en el golpe de los años ’30, inaugurando la década infame en Tandil, era algo absolutamente silenciado e impensado que estuviera presente a través de este formato, como de cualquier otro. O un intendente como Julio José Zanatelli, que ejerció el cargo durante la última dictadura y luego fue releecto en democracia, por eso es una figurita mitad blanco y negro, que representa lo peor, lo oscuro de este personaje, y  la otra mitad a color,  porque lo eligió la gente.

¿Los docentes acompañaron desde una primera instancia la iniciativa o pusieron resistencia al no provenir desde el sistema educativo?

Acompañaron desde el primer momento, lo celebraron con mucho entusiasmo. En principio, recibir un material de altísima calidad con excelencia de profesionales en lo que respecta al diseño gráfico, en el arte, en la investigación histórica, entregado de modo gratuito y proviniendo desde la primera iniciativa desde las  bases de manera horizontal y transversal y no desde la cúpula del Estado, es un hecho inédito. 

¿Cuáles fueron los primeros pasos para darle materialidad a la idea?

Cuando surge la idea,  se la transmití a Javier Grossman, el responsable de la Comisión Ejecutiva del Bicentenario, y da la casualidad de que Grossman es coleccionista, con lo cual despertó su interés. Presentamos el proyecto, y en base a que la idea fue muy buena, nos dieron el visto bueno para empezar a trabajar.

¿Cómo fue el armado del equipo de trabajo?

La tarea de componer el equipo fue muy rica en sí misma. Se conformó con gente de Tandil: pedagogos, docentes, cuatro historiadores de la universidad, el sindicato Suteba, la universidad de Tandil, dos diseñadores gráficos, cuatro dibujantes que son un poco las estrellas, porque ya tienen la rutina de ir dos veces por semana a las escuelas a dar charlas y firmar autógrafos. A su vez, surgió la propuesta de pintar un mural con la última página del álbum, que es la vuelta a la democracia. También participaron una coordinadora de arte, docentes, un director general, Gustavo Primuchi, y mi rol como director ejecutivo, la tarea más triste si se quiere, porque fui peleando las distintas instancias del Estado nacional y provincial, y resolviendo las cuestiones operativas, técnicas y financieras. La Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires fue el sustento, el paraguas institucional,  porque  es quien convino con la comisión ejecutiva del Bicentenario.

Entre anécdotas y pequeñas historias que narra Iparraguirre acerca de los personajes locales caricaturizados en cada historia famosa en Tandil, nos hace entrega de un ejemplar para completar e intercambiar. Recuperamos el espíritu de la niñez y controlamos cuántas figuritas nos tocaron por álbum. A él le divierte regalarlo. Disfruta de la cara de felicidad de quienes lo reciben, y no por ser niños precisamente. “Cada viernes, los chicos llegan a sus casas con el álbum abajo del brazo y los padres también quieren saber qué figuritas nuevas se pegaron, y qué personajes aparecieron”, expresa orgulloso.

“Tuvimos muchas trabas y, sin embargo, el equipo no declinó, no decayó. Los diecinueve logramos que esta historia se cuente. Y los resultados de este proyecto es que se puede hacer desde abajo con un gobierno como este, abierto a las iniciativas de los artistas y creadores populares, y que es capaz de incorporar estos proyectos, financiarlos y acompañarlos. La idea de trabajar con un álbum de figuritas, de llevar el recreo al aula, y el aula al recreo, que parece que son lo mismo pero no lo son, es ni más ni menos que hacer Estado con mayúscula. Esto es una buena muestra de que cuando se tiene espíritu y capacidad concreta de trabajo, las cosas resultan”.
 

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