Viernes 24 de Marzo de 2017 - 03:03hs. - República Argentina Edición # 1624

Revista #39 Junio 2010 > Sociedad y Cultura

Una mirada a través de sus protagonistas

Cuatro voces son aquellas a las que recurrimos para contarles a nuestros lectores acerca de una unión conformada por músicos que tienen a la independencia artística como forma de vida.


Unión de Músicos Independientes

Por Manuela Expósito

Diego Boris y Cristian Aldana

El primer mate de la ronda es cebado por Diego, quien tiene un largo prontuario junto a la música nacional. Caracterizándose siempre por buscar expandir su obra de formas innovadoras, entre sus mayores logros están el haber llevado a cabo una serie de recitales “no convencionales” en diversos ámbitos: en la vía pública, en una embarcación, en un vagón de subte. Pero su aprendizaje se remonta mucho tiempo atrás, a épocas en que recién estaba atravesando su adolescencia. Por esos años, su hermano mayor formaba parte de una banda gracias a la cual “tuvo la posibilidad de dar una prueba en una discográfica en los años 80”, nos comenta. Sin embargo, los sueños del otro Maccioco pronto se desvanecerían al ver las condiciones del contrato, que le prohibían grabar por un lapso de doce años. Eso fue algo que dejó profundas marcas en Diego, quien hoy comenta que “ahí me hice militante fundamentalista de la autogestión”.

El nacimiento de El Otro Yo también tiene a la independencia artística como puntapié inicial. De hecho, el primer disco de la agrupación, titulado “Los hijos de alien”, fue grabado de forma casera. La decisión fue tomada tras varios intentos frustrados de grabar en estudios convencionales, porque como nos cuenta Cristian “en esa época los técnicos de grabación no estaban acostumbrados a grabar rock con guitarras distorsionadas”. El destinatario de ese primer material fue el público que asistía a los recitales. “De alguna forma, el ingenio en contra de las trabas impuestas por lo económico dio fruto: el grupo pudo existir. Esa es la esencia de lo que es la autogestión, que nada es imposible”.

Pronto comenzaron estos dos a buscar alternativas que pudieran redundar en beneficios colectivos para los músicos independientes. En el caso de Diego, su primera experiencia fue con la Cooperativa de Músicos del Oeste, “que se desarrolla en el oeste del conurbano bonaerense. Cada uno de nosotros todavía creía que tenía un lugar asignado y que si hacíamos las cosas bien, teníamos acceso a ese lugar. Luego nos dimos cuenta de que el lugar no existía, que era una cuestión de marketing”. Por su parte, Cristian había pasado por la D.I.A. (Discográficas Independientes Argentinas). Entre ellas se ubicaba Besótico, el sello por el cual los miembros de El Otro Yo editaban su propio material. “Fue una experiencia donde había voluntad de parte de todos pero teníamos intereses diferentes. Creo que sirvió para lo que después paso también con la U.M.I., el tener claro que si no había un objetivo claro para juntarse, no tenía sentido”.

Las primeras reuniones de la Unión de Músicos Independientes (U.M.I.) contaron con la presencia de Gustavo Zavala (Tren Loco), Pablo Masciotra (Leviathan), Carlos Alonso (Uno x Uno), Osvaldo Padrevechi padre, María Rosa Rosolen (Llajtamanta), Ulises Butrón y Eduardo Balán (Culebrón Timbal). Lo primero que quedó en claro era que se iba a trabajar sobre convenios que dieran respuestas concretas a las problemáticas diarias de los integrantes de la asociación. “No nos juntábamos ni en contra de SADAIC, ni en contra de AADI, ni en contra de CAPIF. Sí a favor de los artistas. Así como nosotros con mucho esfuerzo habíamos logrado desarrollar un camino en pos de la libertad artística, estaba bueno que los que venían atrás no tuvieran que padecer todas esas dificultades”.

Cristian, por su parte, confiesa que “la autogestión es un hecho exitoso, porque hoy en día la frustración de decidir hacer música no era la misma que hace diez años atrás”. Ello se fue dando a través de la labor organizada de diversos grupos de trabajo que tácitamente contaban con un mutuo acuerdo: el de compartir todo. “Una de las misiones más importantes que cumple la U.M.I. es la de la democratización de la información, de los derechos que tenemos los músicos”.

En esos primeros meses, también surgió como necesidad el plasmar todo lo hablado en papel. El primer esbozo fue un boletín informativo de apenas cuatro carillas que nos ilustra esos primeros objetivos. Luego de ello vino la asociación con la revista El Biombo, en donde colaboró la docente de la U.B.A. Cecilia Flachsland. Y más tarde, la Unísono, que contó con varios diseños de tapa hechos por grandes dibujantes de nuestro suelo: Rocambole, Solano López, Fontanarrosa, Caloi, REP.

En el 2004, todo el escenario cambia. La tragedia de Cromagnon echa por la borda todas las previsiones que se tenían hasta el momento. Sin embargo, lo más duro fue el después, dado que “las legislaciones que siguieron se realizaron en base a un supuesto de que la música era peligrosa. Eso nosotros lo combatimos todo el tiempo”. Dos batallas fueron ganadas en este aspecto: la primera, el juicio entablado al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y la segunda, el fallo a favor de la U.M.I. por parte del INADI, alegando discriminación. “El rock tiene todavía un papel transformador, tiene para transmitir una serie de valores que cuestionan o rompen con lo establecido”.    

Una de las banderas levantada por la unión era la Ley del Disco. Sin embargo, esa primera reivindicación encontraría su fase superadora un tiempo después. Durante el gobierno de Néstor Kirchner, se da la irrupción de la Ley del Ejecutante Musical. Entre los puntos incluidos en ella se encontraba la imposición de un examen de idoneidad a todos los músicos y la obligación de abonar al SADEM (Sindicato de los Músicos), un importe mensual para poder tocar en vivo. La respuesta de los músicos autogestionados fue instantánea: luego de una asamblea en la que participaron alrededor de mil trescientas personas, los representantes de la U.M.I. logran reunirse con el entonces presidente para que finalmente se derogue el decreto.

Ese vacío que quedaba sin ocupar fue la excusa perfecta para plantear algo mayor: La Ley Nacional de la Música. Entre los puntos más destacables del proyecto, se encuentran el otorgamiento a los músicos de vales de producción y distribución; la creación de un circuito para que las bandas y solistas puedan presentarse en vivo; la creación de un Instituto Nacional de la Música. “Nunca se consideró al músico como alguien que tuviera que ver con el arte: tenía que ver con el mercado o con la actividad gubernamental. Lo que planteamos con el instituto es el Estado dándole herramientas a la sociedad para que ella, a través de sus artistas, realice una movida cultural”.

Otro suceso ocurrido el año pasado haría que la U.M.I. volviera a estar en el ojo del huracán: la discusión por la Ley de Medios. “Fuimos a plantear lo que faltaba. El borrador de la ley no decía nada de la protección a la música independiente, y para nosotros era fundamental que no fueran las corporaciones las que iban a manejar la difusión. Del 30% de música nacional, tenía que haber un porcentaje de música independiente. Nunca pensamos que íbamos a lograr el 50%, en el artículo 65”. Nada más lejano a los dichos del Grupo Clarín. “Hubo una historia muy previa a la ley, de diez años, con personas que han hecho de esto su forma de vida. Ojalá el trabajo de esta ley se replicara en el resto de las leyes”.

El compromiso parece ser la ley primera para Cristian. “Hay gente que toma conciencia de que es un momento en que hay que comprometerse con ideales; hay gente que se da cuenta de que la forma de cambiar las cosas que no nos gustan en esta sociedad es a través de la política. Después del descreimiento de los noventa, hoy en día hay cosas con las que estoy de acuerdo: con la asignación universal por hijo, con las computadoras que les van a dar a los pibes, con la Ley de Medios, con la Ley Nacional de la Música. Si yo en este momento miro para otro lado, no me estoy haciendo cargo. ¿Y qué implica? Trabajar y tener que dar explicaciones a veces. Yo pienso que las cosas se pueden cambiar. Y la U.M.I. es un ejemplo de eso. Si no, seríamos blandos. Y ser blando no es mi estilo”.

Gustavo Zavala

Grand Bourg es una localidad que albergó siempre a gran parte del pueblo trabajador del conurbano bonaerense. Por sus calles caminó y cargó equipos un joven Gustavo Zavala, primero siendo integrante de Apocalipsis y luego de Tren Loco. Si bien su idea siempre fue hacer todo de manera autogestionada, algo se interpondría en su camino. En este caso, el anhelo de independencia fue interrumpido por un hecho realmente fuera de lo común: Tren Loco resultó ganadora de la competencia de bandas Yamaha, gracias a lo cual tuvieron la oportunidad de presentarse ni más ni menos que en Japón. Y eso no era todo: tal fue la repercusión que obtuvieron a nivel nacional, que el sello Polygram les propuso lanzar su primer disco.

El gran escollo y comienzo del fin de la historia con la multinacional fue la cantidad de discos que se pretendían vender. Gustavo explica que “el contrato con la banda duró poco porque habíamos vendido cinco mil discos – que para nosotros era una barbaridad –, pero nos dijeron “acá si no vendes veinte mil no existís””. Si bien ese fue el cierre de un ciclo para la banda, brevemente se abrirían nuevas puertas que los llevarían a descubrir el oculto sabor de la independencia en el mundo de la música.

Ahora, ¿cómo se entrelaza toda esta carrera de lucha tenaz y solitaria con la situación de otros músicos? Tenemos que volver un poco atrás en el tiempo, hacia el año 99, para encontrar a Gustavo grabando el tercer disco de Tren Loco en el estudio...de Diego Boris. “Me comentó que nos teníamos que juntar y compartir información. Me preguntó si me copaba para ir a una reunión con otros cinco músicos. Me encantó el pensamiento esclarecido de Cristian Aldana y sobre todo, el de Boris. Yo digo que Boris es como San Martín: porque es muy inteligente, con cero interés propio. El tipo entrega toda su carrera musical al pensamiento de la UMI. Y Cristian Aldana es como un Mariano Moreno: un idealista, luchador, revolucionario en lo que hace”.

De la información que circulaba en esa primera instancia, nacerían luego los sucesivos convenios que iría logrando la U.M.I. desde el año 2000 hasta la fecha. Para Gustavo, esto significó “romper con la cultura del “no te metas”, de esa cosa egoísta de los noventa. Lo mejor que le pudo pasar a la música argentina es la U.M.I., porque dejamos esa cuestión egocéntrica para lograr, más allá del estilo musical o del público que uno tenga, unirnos todos con libertad de expresión”.

¿Adónde está el SADEM a todo esto? “Cuando nosotros estábamos con Polygram e íbamos a la televisión, ahí estaba el sindicato. Donde hay guita. Pero cuando yo estaba solo y me caía una razia a pesar de que teníamos todos los permisos municipales y nos suspendían los shows, nadie salía a defenderte. Si queríamos organizar algo, no teníamos ningún tipo de apoyo, nada. A nivel gremial, está muy burocratizado”. Como era de esperarse, la U.M.I. llenó, gracias a la lucha y el compromiso pleno, ese espacio que quedaba vacante, donde había muchos interrogantes pero pocas respuestas.

A partir de allí, el camino fue en pleno ascenso, como nos relata el bajista. ¿Habría sido posible todo este armado en otra coyuntura, con un gobierno de diferente signo político? “No, solamente con este gobierno: con Duhalde imposible, con Menem imposible, con De La Rua imposible. Lo que se critica es como se expresa Cristina, o como se expresa Kirchner, pero lo que están haciendo no... Me parece maravilloso que exista una Ley de Medios, en un país que hace veinticinco años que está en democracia, no puede ser que haya una ley hecha por la dictadura”.

Federico Gironelli

Su primera experiencia profesional junto a la música la tuvo allá por el 2004, tras su ingreso a la banda de Hard Rock Karkaman. Si bien en un principio su aporte a la agrupación fue bastante significativo, Federico aclara que “no compartía muchas cosas con ellos”. A pesar de que la idea de convertirse en músico solista ya venía rondando su cabeza desde hacía algún tiempo, no fue hasta su egreso del quinteto que pudo concretar su deseo. Allí es donde aparece la UMI. “Me asocié por una cuestión de que, mientras más bandas seamos, más fácil es generar un montón de cosas distintas”.

Finalmente, cruzó caminos con quienes luego serían sus compañeros en el proyecto que llevaría su nombre, “Federico Gironelli”: Andrés Doudtchitzky en guitarra, Santiago Zárate en bajo y Sebastián Medina en batería. “Sin Palabras” fue el nombre elegido para bautizar a la primera producción independiente que este pujante solista habría de concebir, basada en un heavy/rock instrumental. Pero la gran pregunta es ¿qué ventajas concretas tendría la UMI para ofrecerle a Federico, que no pudiera tener trabajando sólo? “Como músico, uno de los primeros beneficios fue el conocimiento de las herramientas de autogestión. Uno se pregunta, “¿cómo funciona SADAIC?”. Es algo un poco complicado, porque pasa que vos vas y no te explican nada”. 

Una de las situaciones problemáticas – la de lanzar discos con costos razonables, sin necesidad de firmar con un sello o productora – ya estaba resuelta. Faltaba otro de los puntos esenciales: los shows en vivo. La alternativa a ello es UMIRED, un espacio abierto a bandas de todos los estilos habidos y por haber: pop electrónico, pop rock, tecno rock, cantautores, folklore, funk, bossa nova, música latinoamericana, grunge, heavy metal, blues, rock, experimental, y la lista continúa. Fundado en el 2006, es un grupo de trabajo cuya función es la de generar espacios alternativos. Tres máximas son las que componen un programa que hoy en día alcanza a agrupaciones en lugares como el Gran Buenos Aires, Capital Federal y La Plata: no pagar para tocar, acuerdos justos con los lugares, y entradas accesibles para el público.

La estrategia de las fábricas recuperadas, en donde los trabajadores toman las riendas de la producción, aparece vinculada a los artistas de una forma muy peculiar. UMIRED se encarga de armar ciclos de presentaciones anuales: “Tenemos los primeros y segundos Martes de cada mes en The Cavern, el primer Sábado del mes en Parque Avellaneda, el último Viernes en el Centro Cultural del Sur, el segundo Jueves de cada mes en la Facultad de Psicología de la UBA, en Pilar el tercer Sábado de cada mes, en la IMPA el segundo Viernes de cada mes...”. Para quienes estas últimas siglas no le son familiares, es esencial aclarar que la IMPA es una metalúrgica recuperada. “Una de las ventajas de la UMIRED es que es otro tipo de circuito, diferente. Porque tocamos en días no convencionales, en lugares que son del Estado, tanto facultades como centros culturales. Más allá de la cuestión política y de quien esté en el poder, el Estado es del pueblo”.

Hasta ahora, la red está conformada por cincuenta y cinco agrupaciones de músicos, que en tres años y medio han llevado a cabo doscientos shows. “La gente se acuerda de la UMIRED más allá de las bandas que toquen. La UMIRED es más importante que las bandas”, aclara Federico. Porque “el esfuerzo colectivo, por más que sea chiquito, sirve más que el esfuerzo individual”.


Para saber más acerca de la UMI ingresá a: http://www.umiargentina.com/
 

COMENTARIOS (3)

Leer todos los comentarios
5AADcN91OB

That's not even 10 mietuns well spent!

high quality backlinks

WEOBy9 Awesome article post.Much thanks again. Cool.

lwaynvYALrH

This shows real expertise. Thanks for the awnser.

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.